/ lunes 6 de abril de 2020

¡Una vida efímera!, de camionero a indigente

“El coronavirus me lo paso por el arco del triunfo”

Gómez Palacio, Durango. - El modo de vivir errático de Julián Muro, originario de Durango, pero con residencia por muchos años en las esquinas del centro de Gómez Palacio donde duerme, lo marca como una persona vulnerable por los prejuicios que pesan sobre los indigentes que son criminalizados por su condición de calle y que, obviamente, constituyen un problema social.

Lo encontramos en la esquina de Centenario y Morelos, fuera de un Oxxo, frente a la plaza principal, donde sentado y ante la carencia de una morada, desesperado buscaba a sus clientes potenciales, que sin embargo, nunca encontró, luego que las cantinas cercanas (aledañas al mercado) fueron cerradas por la emergencia sanitaria y obvio, sus amigos, los ebrios consuetudinarios que sí se quedaron en casa, ya no volverían a pasar, al menos por un mes.

A su lado, un cartón y una cobija vieja y rota donde duerme; a su izquierda un refresco y un plato desechable con residuos de gordas de harina de papas y frijoles, que afirma, él mismo compró para almorzar.

El penetrable olor a orines y suciedad, fue la línea que marcó la distancia y división de quienes pasaban y de otros que obligadamente llegaban a ese negocio a comprar, no obstante, con miedo y a distancia, pero con mayor sensibilidad, unos pocos le lanzaron monedas y hasta un billete de 50 pesos, porque en verdad Julián da lástima.

-¿Qué hace aquí? ¿qué no sabe que debe irse a cada por el Coronavirus?

"Ese me lo paso por el arco del triunfo, balbuceaba detrás de un marcado olor a alcohol, para luego afirmar que de acuerdo a un amigo, "a los pobres no nos da y menos a mí, porque estoy curado en alcohol y porque... ¡soy buena madera! ".

Más tarde preguntó que si ya habían abierto El "Despachito", lugar donde venden vinos (ubicado en Victoria e Independencia), "porque ando bien crudo... necesito mi helicóptero (botella de plástico con mezcal)".

-Pero si no tienes dinero, ¿cómo le haces?

"Gano 100 o 120 pesos diarios y mi huachicol cuesta 25 lanitas (pesos) y también me queda para mi cenita".

Esta persona que vive en la calle desde hace un año, parece haber olvidado su pasado, porque de su familia recuerda poco y cabizbajo por unos segundos, vacilante volvió, afirmando que al parecer fue casado, "pero creo nunca tuve hijos ¿o usted cómo ve?, pero creo que me casé en Durango de donde soy...¿O no?".

Narra suspirando por segundos: "fui camionero al iniciar primero como ayudante y el viaje más largo que me aventé fue a Veracruz desde Durango, pero de regreso me quedé en Monterrey, donde me arrecholé con el vicio y las viejas y fue donde perdí".

Asume haber nacido en 1965 en Durango capital, pero por su condición de calle parece de 70, qué decir de su vestimenta rota y quizá con cuatro o cinco meses sin lavarse, al fin indigente pero también humano, que aún sin obligaciones, tiene derechos emanados de la Constitución.

Afirma que su refugio lo tiene por la Mina y 16 de Septiembre en Gómez Palacio, pero lo cierto que sólo se trata de amigos ocasionales que se le acercan sólo para "pistear" como él lo llama, pero una vez terminado el mezcal, retorna sin dinero a su lugar acostumbrado para dormir pese a que la policía busca evitárselo.

Sostuvo que alguna vez ingresó a doble AA (grupo de alcohólicos), "pero no pude estar más porque ya soy un perdido y porque no tengo a quien pedirle permiso... oiga y porque nadie se preocupa por mi", me señaló riéndose buscando una moneda.

En síntesis, a lo que deseamos llegar, es que a pesar de la emergencia sanitaria que nos amenaza, hay personas que ignoran al respecto, puede ser por ignorancia, falta de información o por la nula ayuda que se le da esta clase de grupos vulnerables.

La vida de este personaje, es frágil y compleja, sin embargo, tiene como su casa la calle para toda la vida, apartado de la arrogancia de muchos.

El, no tiene incapacidad física, sólo mental, pero en las banquetas ha construido su propia cultura, una manera de sobrevivir y, a pesar de la evidencial miseria por la que pasa, signos del deterioro quizá espiritual, hasta el momento nadie ha hecho algo para sacarlo de la indigencia y la exclusión social.

Claro que este es un problema común que se dá en las grandes ciudades, y claro, en Gómez Palacio que no es la excepción, en donde de igual manera son culpables el alcoholismo y la drogadicción y cierto, muchos "caraquean", pero nadie hace nada, llámensen gobiernos o las instituciones altruistas que nacieron para brindar ayuda a este tipo de gente.

La indigencia es preocupante, es un fenómeno que degrada y que afecta las dimensiones de la población, esa que paciente sólo busca su propia movilidad social, porque en México, de acuerdo a expertos hay ausencia ciudadana para atender esta problemática, aun cuando conocen las causas y sus consecuencias.

Hoy que el Covid-19 abrió el corazón de muchos, es tiempo de que volteen atrás, pero muchos seguimos con los brazos cruzados, ¿o al menos que los pordioseros sean inmunes al virus?

En México hay miles de ellos, significado del desempleo, disfunción familiar o quizá por la falta de formación académica, deambulando por calles y plazas durmiendo o pidiendo una caridad.

Se dice que entre 10 limosneros existe una mujer buscando también sobrevivir y son las que mayormente piden por causas de una discapacidad física.

En el pasado y de bonanza, la fuente principal provenía de instituciones públicas y de las religiosas, hoy en día, la necesidad de fortalecer las políticas para proteger las garantías individuales de quienes viven en situación de calle, ha quedado atrás.

Obviamente, ellos no votan y por ello, se siguen vulnerando sus derechos y por su condición, sufren de retiros forzosos y amenazas para que abandonen la vía pública.

Así está hoy México, pero hay que recordar que todo pueblo tiene el gobierno que se merece.

Gómez Palacio, Durango. - El modo de vivir errático de Julián Muro, originario de Durango, pero con residencia por muchos años en las esquinas del centro de Gómez Palacio donde duerme, lo marca como una persona vulnerable por los prejuicios que pesan sobre los indigentes que son criminalizados por su condición de calle y que, obviamente, constituyen un problema social.

Lo encontramos en la esquina de Centenario y Morelos, fuera de un Oxxo, frente a la plaza principal, donde sentado y ante la carencia de una morada, desesperado buscaba a sus clientes potenciales, que sin embargo, nunca encontró, luego que las cantinas cercanas (aledañas al mercado) fueron cerradas por la emergencia sanitaria y obvio, sus amigos, los ebrios consuetudinarios que sí se quedaron en casa, ya no volverían a pasar, al menos por un mes.

A su lado, un cartón y una cobija vieja y rota donde duerme; a su izquierda un refresco y un plato desechable con residuos de gordas de harina de papas y frijoles, que afirma, él mismo compró para almorzar.

El penetrable olor a orines y suciedad, fue la línea que marcó la distancia y división de quienes pasaban y de otros que obligadamente llegaban a ese negocio a comprar, no obstante, con miedo y a distancia, pero con mayor sensibilidad, unos pocos le lanzaron monedas y hasta un billete de 50 pesos, porque en verdad Julián da lástima.

-¿Qué hace aquí? ¿qué no sabe que debe irse a cada por el Coronavirus?

"Ese me lo paso por el arco del triunfo, balbuceaba detrás de un marcado olor a alcohol, para luego afirmar que de acuerdo a un amigo, "a los pobres no nos da y menos a mí, porque estoy curado en alcohol y porque... ¡soy buena madera! ".

Más tarde preguntó que si ya habían abierto El "Despachito", lugar donde venden vinos (ubicado en Victoria e Independencia), "porque ando bien crudo... necesito mi helicóptero (botella de plástico con mezcal)".

-Pero si no tienes dinero, ¿cómo le haces?

"Gano 100 o 120 pesos diarios y mi huachicol cuesta 25 lanitas (pesos) y también me queda para mi cenita".

Esta persona que vive en la calle desde hace un año, parece haber olvidado su pasado, porque de su familia recuerda poco y cabizbajo por unos segundos, vacilante volvió, afirmando que al parecer fue casado, "pero creo nunca tuve hijos ¿o usted cómo ve?, pero creo que me casé en Durango de donde soy...¿O no?".

Narra suspirando por segundos: "fui camionero al iniciar primero como ayudante y el viaje más largo que me aventé fue a Veracruz desde Durango, pero de regreso me quedé en Monterrey, donde me arrecholé con el vicio y las viejas y fue donde perdí".

Asume haber nacido en 1965 en Durango capital, pero por su condición de calle parece de 70, qué decir de su vestimenta rota y quizá con cuatro o cinco meses sin lavarse, al fin indigente pero también humano, que aún sin obligaciones, tiene derechos emanados de la Constitución.

Afirma que su refugio lo tiene por la Mina y 16 de Septiembre en Gómez Palacio, pero lo cierto que sólo se trata de amigos ocasionales que se le acercan sólo para "pistear" como él lo llama, pero una vez terminado el mezcal, retorna sin dinero a su lugar acostumbrado para dormir pese a que la policía busca evitárselo.

Sostuvo que alguna vez ingresó a doble AA (grupo de alcohólicos), "pero no pude estar más porque ya soy un perdido y porque no tengo a quien pedirle permiso... oiga y porque nadie se preocupa por mi", me señaló riéndose buscando una moneda.

En síntesis, a lo que deseamos llegar, es que a pesar de la emergencia sanitaria que nos amenaza, hay personas que ignoran al respecto, puede ser por ignorancia, falta de información o por la nula ayuda que se le da esta clase de grupos vulnerables.

La vida de este personaje, es frágil y compleja, sin embargo, tiene como su casa la calle para toda la vida, apartado de la arrogancia de muchos.

El, no tiene incapacidad física, sólo mental, pero en las banquetas ha construido su propia cultura, una manera de sobrevivir y, a pesar de la evidencial miseria por la que pasa, signos del deterioro quizá espiritual, hasta el momento nadie ha hecho algo para sacarlo de la indigencia y la exclusión social.

Claro que este es un problema común que se dá en las grandes ciudades, y claro, en Gómez Palacio que no es la excepción, en donde de igual manera son culpables el alcoholismo y la drogadicción y cierto, muchos "caraquean", pero nadie hace nada, llámensen gobiernos o las instituciones altruistas que nacieron para brindar ayuda a este tipo de gente.

La indigencia es preocupante, es un fenómeno que degrada y que afecta las dimensiones de la población, esa que paciente sólo busca su propia movilidad social, porque en México, de acuerdo a expertos hay ausencia ciudadana para atender esta problemática, aun cuando conocen las causas y sus consecuencias.

Hoy que el Covid-19 abrió el corazón de muchos, es tiempo de que volteen atrás, pero muchos seguimos con los brazos cruzados, ¿o al menos que los pordioseros sean inmunes al virus?

En México hay miles de ellos, significado del desempleo, disfunción familiar o quizá por la falta de formación académica, deambulando por calles y plazas durmiendo o pidiendo una caridad.

Se dice que entre 10 limosneros existe una mujer buscando también sobrevivir y son las que mayormente piden por causas de una discapacidad física.

En el pasado y de bonanza, la fuente principal provenía de instituciones públicas y de las religiosas, hoy en día, la necesidad de fortalecer las políticas para proteger las garantías individuales de quienes viven en situación de calle, ha quedado atrás.

Obviamente, ellos no votan y por ello, se siguen vulnerando sus derechos y por su condición, sufren de retiros forzosos y amenazas para que abandonen la vía pública.

Así está hoy México, pero hay que recordar que todo pueblo tiene el gobierno que se merece.

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