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El proceso electoral en Chiapas, un achigual

  • Isabel Arvide
  • en México

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UXTLA GUTIÉRREZ, Chis.- Es un achigual me definen lo que está sucediendo. Y, frente a mi expresión perpleja, explican: En las zonas campesinas-indígenas de Chiapas se acostumbra reunir en una cubeta las sobras de la comida, principalmente tortillas, y le ponen agua.

A eso se le llama achigual, es una mezcla que utilizan para dar de comer a los cerdos.

Lo cierto
o es que, en Chiapas, siempre, una línea recta no une dos puntos. E intentar entenderlo es un ejercicio muy complicado, incluso para los locales. Aquí la palabra asombro tiene tantos sinónimos como el vocablo “inverosímil” utilizado como calificativo.

¿Qué podríamos aseverar sobre la cotidianidad de balazos, los más recientes, no incluidos en los boletines oficiales, en un evento en Bochil antes de que llegase el gobernador? ¿Cómo entender que todos los sucesos políticos que leemos en la capital del país no han sucedido y, tal vez nunca sucedan en Chiapas?

¿Por qué es importante el proceso electoral de esta entidad federativa? Porque tiene un padrón electoral de 3 millones 485 mil personas, según cifras de septiembre de 2017, más las que se acumularon hasta el pasado febrero. Porque sus votos “cautivos” han sido fiel de la balanza en varias elecciones. Porque existe la costumbre de casillas donde votan los muertos. Por las comunidades alejadas donde las boletas electorales están en manos de unos cuantos, con beneplácito de unos muchos acostumbrados a no tomar decisiones.

Son muchos votos a favor de cualquiera de los candidatos presidenciales.

Un millón de votos, dicen que puede ofrecer el gobernador. ¿Serán para Andrés Manuel, para Anaya, para Meade? No se sabe. En la elección pasada, después del impulso del triunfo de Manuel Velasco, ganó Enrique Peña Nieto, pero no por mucho margen de diferencia con López Obrador.

Con el agregado de que en esta ocasión se elegirá, también, gobernador. Y es, justamente, en esto donde la fantasía política toma el lugar de la realidad. Donde la confusión es un elemento decisivo. ¿Por qué?

En parte, por la idiosincrasia local. Otra porque el gobernador tiene más poder que otros, pese a que su popularidad haya disminuido.

Aquí, en Chiapas, el Partido Verde existe. Y, también, dos partidos locales que parecerían equipo de futbol, son franquicias, dicen en la calle, que pertenecen al gobernador que hizo fuerte localmente al partido Verde. Partidos “pequeños”, el Chiapas Unido

y el Mover a Chiapas

que, juntos, sumaron poco más de 360 mil votos.

Cifra nada despreciable.

En estas semanas, estos partidos han “emigrado” varias veces de sede. Y lo más reciente, no se sabe la semana próxima, es la versión de que irán en la boleta electoral con el Frente, o sea con Anaya, o sea con la oposición del Verde, o sea con otros partidos distintos de aquel a que pertenece Manuel Velasco Coello.

Afirman, convencidos, que la verdad detrás de esta “movilidad” de “sus partidos” es porque, el gobernador está jugando con Dios y con el Diablo.


¿Se puede? ¿Se vale?

En la Ciudad de México ha habido reculamientos de posiciones, dentro del Partido Verde Ecologista, igual de interesantes.

Primero advirtieron, oficialmente, su separación en Chiapas del PRI… y después, atentos a lo que dijo Jesús Sesma, figura de extrema importancia: “Creo que la soberbia y los egos los debemos dejar aparte y trabajar por proyectos”. Agregó que su partido está “más allá” que una persona.

¿Se refería al ego de Manuel Velasco?

Obvio que no. Hablaba de Eduardo Ramírez Aguilar, que se reconoce localmente como el verdadero candidato de Velasco Coello.

El punto de quiebre, si vamos a la lógica política, sería la designación priista de Roberto Albores Gleason como candidato oficial al gobierno. Las broncas con Eduardo Ramírez Aguilar hicieron que el PRI anunciara que enviaba a Luis Miranda con urgencia… lo que resultó una mentira, porque me aseguraron varios entrevistados que nunca llegó a Chiapas.

Al ungimiento de Albores Gleason, el agraviado Ramírez Aguilar anunció que renunciarían al Verde diputados locales y todos los presidentes municipales. A la fecha él es el único que insiste en su imaginaria “renuncia” a ese partido. No obstante, formalmente, sigue siendo su dirigente.

Y dueño de los seis millones mensuales en “prerrogativas”. Un renunciado que no lo es.

Ante lo que Jesús Sesma expresó que le “deseaba suerte” y aseveró que en su partido “hemos pasado por muchos personajes que han abandonado estas siglas y yo podría decir que más que perder, hemos ganado”.

¿Se trata de un conflicto partidista, de que no supieron negociar a tiempo con quien no sería el candidato a gobernador?

Hay muchas más capas complejas en este proceso electoral. No es tan simple como una equivocación en la elección del candidato que provoca la salida de otro aspirante, y su probable participación en la boleta electoral bajo otras siglas.

MUDANZAS DE PARTIDOS


En Chiapas los partidos han estado “viajando” de oficinas con una facilidad tremenda.

Así, al iniciar la tercera semana de febrero, el domingo 18 por la noche, de la nada, el Partido Verde avisó ante el Instituto Estatal de Participación Ciudadana que iría a la elección al lado de los partidos del Frente… o sea el PAN y el PRD más Movimiento Ciudadano.

Con el candidato presidencial Ricardo Anaya, para que se entienda mejor.

El representante del Partido Verde ante el Instituto Electoral de Chiapas, Mauricio Mendoza Castañeda, hizo oficial esta “alianza”, incluyendo a los dos partidos locales cuya paternidad se atribuye a Velasco Coello. Esto provocó una inmediata respuesta del Verde nacional, por voz de su nuevo dirigente, Carlos Puente Salas, asegurando que era “poco probable” que su partido participase en una elección para gobernador en una candidatura diferente a la federal… aunque abrió la puerta para “ir solos”.

Lo que llevó a que, días después, se anunciara que el Verde se queda al lado del PRI. O sea, con Roberto Albores… y los dos partidos locales, los 360 mil votos, todavía no deciden.

Por eso resulta lógico que, localmente, afirmen que Velasco juega con Dios y con el Diablo . Que se trata de una carambola de tres bandas

y que, al final, muy cerca de la elección, pondrá toda su fuerza hacía uno de los contendientes. A estas alturas, principios de marzo, falta saber quién será el candidato del Frente. Y, obvio, si en esa opción participarán los partidos locales.

¿Le tocará el turno, para perder, una vez más, a José Antonio Aguilar Bodegas?

¿Cumplirá su promesa de contender para gobernador bajo cualquier sigla partidaria Eduardo Ramírez Aguilar?

¿Bajo esa óptica, quién puede ganar la elección? ¿Van a cuartos, o a tercios?

Y todo esto mientras, casualidad casi mágica, el Tribunal Electoral está fuera de servicio… porque su sede tuvo “problemas” estructurales. Y no se sabe cuándo puede abrir, de nuevo sus puertas.

LAS VERDADERAS ENCUESTAS

Para la próxima elección de gobernador en el estado, dicen, quienes las han visto, que las encuestas fidedignas, que están en el escritorio de Velasco Coello, ponen en primer lugar a Roberto Albores, luego a Fernando Castellanos que no es protagonista público del proceso electoral en segundo, al panista Paco Rojas en tercer sitio, y empatados en el cuarto lugar al candidato de Morena, Rutilio Escandón, que por cierto publica tener el 32% de las preferencias, así como Eduardo Ramírez.

Al final, quinto lugar, estaría José Antonio Aguilar Bodegas, un viejo político priista que hoy aspira a ser candidato del Frente.

Cuando uno pregunta a funcionarios públicos locales por quién van a votar, en automático, como lección bien aprendida responden que por el candidato del gobernador.

Es decir, en Chiapas no valen siglas partidistas, para algún sector por lo menos, sino la preferencia, el apoyo, la organización del gobernador. Y la pregunta es si esta operabilidad está en manos del Verde o en el escritorio de Manuel.

¿El Verde contra el PRI? ¿El partido Verde contra el partido con quien está aliado? ¿O el gobernador contra el PRI, el presidente Peña, José Antonio Meade, Aurelio Nuño y demás?

Quienes lo conocen, no aceptó entrevista para este reportaje, aseguran que estará con el PRI… cuando decida que es el mejor momento.

Todo indica, además, que la vinculación política nacional de Velasco Coello era con el anterior secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Que, por asuntos de los maestros, hubo confrontaciones fuertes con Aurelio Nuño. Y que por temas presupuestales se distanció del líder del Verde apodado el Niño Verde”.

¿Puede ser Roberto Albores el candidato del gobernador? Habrá que preguntárselo, lo cierto es que llegó con la fuerza de Nuño, de Meade, de Videgaray, de Ochoa Reza. Es decir, del “centro del poder”.

¿Puede ganar un candidato que no es el verdadero sucesor de un gobernador fuerte? Depende de quiénes participen.

En las pasadas elecciones, intermedias, el PRD y el PAN obtuvieron, cada uno de ellos, solamente dos diputaciones locales. Lo que equivale a tener el 5% de presencia. Y juntos únicamente llegan al 10%.

Por su parte, el Partido Chiapas Unido tiene cuatro diputaciones. Y el Partido Mover a Chiapas obtuvo tres escaños. Juntos tienen casi el doble que el PAN y el PRD. El PVEM, con la fuerza de Velasco Coello a su lado, obtuvo la mayoría del Congreso con 16 diputaciones y el PRI, por su parte, llegó hasta 10.

¿Se mantendrán estos porcentajes? Es obvio, todo coincide en esto, que ningún partido repetirá la hazaña de Manuel Velasco que, verdaderamente, arrasó en la elección para gobernador con un millón 343 mil votos, seguido por María Elena Orantes, del PRD, PT y Movimiento Ciudadano con 348 mil votos.

Entonces el padrón electoral apenas rebasaba los dos millones. O sea que Velasco tuvo más del 68% de la votación.

Eso no se repetirá. Ni siquiera Velasco podría volver a obtener tantos votos.

El próximo gobernador de Chiapas necesita 800 mil votos, poco más del 30%.

Todo indica que quien puede lograrlos, con su propia estructura, es Roberto Gleason.

La pregunta es si podría obtenerlos yendo contra el candidato del gobernador o si se convertirá en éste, si llegará al final de la mano de Velasco Coello.

¿Y la elección presidencial?

UNA ELECCIÓN TERSA

La respuesta del líder del PRI, Julián Nazar, documenta mi asombro: “Vivimos una elección tersa”. Insiste en que las dos pasadas fueron mucho más complicadas y que al final, dentro de pocos días, todo estará en orden. Más en orden pues.

Todo menos su candidatura como senador. Que perdió en el centro del país por negociaciones cupulares.

Dice que en 2006 y en 2012 la bronca estuvo entre priistas, que recordemos que con la candidatura de Velasco hubo impugnaciones ante el PRI nacional, que en ese entonces su partido tenía 550 mil votos… por eso hoy hablan de “acuerdos”.

Luego, sin necesidad, defiende a Roberto Albores al que califica como un candidato “natural”. Insiste: “Al final nos vamos a juntar todos”.

Y me adelanta que los candidatos al Senado, posición del Verde, de la cúpula nacional de ese partido, serán Eduardo Ramírez Aguilar y la recién “corrida” de su posición como delegada de Progresa, Zazil de León… O en caso de que puedan ser dos hombres los candidatos, la posición sería para Fernando Castellanos.

Lo dice, obvio, ya resignado a su destino.

Como buen priista disciplinado. Su epílogo es todavía mejor: “Yo estoy disfrutando”.

Por eso, vuelvo a aceptar, los chiapanecos califican este proceso electoral como un achigual.

LOS VOTOS OFRECIDOS

Dicen que Manuel Velasco Coello ha ofrecido un millón de votos al candidato presidencial.

No dicen a cuál.

La pregunta es si, realmente, los tiene.

Recordemos que, en la campaña de Carlos Salinas de Gortari, el general Absalón Castellanos Domínguez, consiguió que Chiapas fuese el estado con mayor cantidad de votos para el PRI. Cientos de casillas zapato, otras donde votaron hasta los muertos.

¿Son esos tiempos? ¿Es que nada ha cambiado?

Ese millón de votos que, a cómo están las cosas, podría decidir el futuro del país.

¿Existe?

¿Podría ganar la elección presidencial en Chiapas el candidato del PAN? No parece ser la apuesta. ¿El PRI, con José Antonio Meade, triunfará con los verdaderos “verdes” a su lado, habrá un voto parejo, para Albores en el PRI como gobernador y para él como primer mandatario?… son incógnitas.

En cambio, López Obrador se fortalece más cada día, al menos en el imaginario popular. Como en el resto del país, lleva muchos puntos de ventaja en todas las encuestas. Es cada día más popular, sin inserciones pagadas.

¿Está Manuel Velasco del lado de Andrés Manuel? Se maneja como una posibilidad creíble. No sólo por la estrecha relación del abuelo del gobernador, de apellido Coello, el papá de su mamá, con el candidato de Morena sino por la presencia de su hermano, chiapaneco, Pío López Obrador.

Con él habría una relación muy cercana del gobernador. Casi tan fraternal como con el candidato a gobernador, Rutilio Escandón, hombre de suerte que ha sido senador, diputado y magistrado, sin haber participado en alguna elección. Son sus cuates antes que adversarios políticos.

¿Podría Manuel Velasco convertirse en el verdadero interlocutor de Peña Nieto con López Obrador, antes o después de la elección? Es una posibilidad.

Lo cierto es que habrá mucha dificultad para reunir ese mentado millón de votos para el candidato presidencial si antes no hay definición en su candidato para el gobierno estatal. En Chiapas no existe el voto diferenciado, “no somos Suiza” me dicen.

Por lo que la población mayoritaria, campesinos e indígenas, habrán de votar por partidos, por colores, sea verde o sea rojo. No por personas. Así ha sido por muchas elecciones.

Las boletas electorales de la entidad serán muy complicadas: En la de Presidente habrá 11 cuadritos a cruzar, en la de senadores 19, en la de diputados federales serán 10, en la de gobernador 12, en la de diputados locales 12 y en la de alcaldes serán 11.

Muchas más casillas, cuadritos, espacios, dibujos, siglas que en un juego de lotería.

Estará difícil “aleccionar” por quién votar, y seguramente habrá muchas boletas anuladas.

Son muchos protagonistas.

¿Cuántos de estos candidatos, independientemente de sus siglas partidarias, pertenecerán a la cuadra del actual gobernador?

Esa es la pregunta. Y, también, la apuesta que justifica el juego, de oscuras confusiones, en que está inmerso uno de los políticos más jóvenes del país, tal vez el único de su generación de gobernadores que no enfrenta acusaciones penales.

¿GANARÁ ROBERTO ALBORES?

La clase política, la de antes de la llegada del Verde al poder, apuesta por el triunfo de Albores Gleason. Le piden paciencia, que no compre pleitos, que espere a que el gobernador acomode sus fichas y establezca algo semejante a un pacto con él.

Que espere, pues. Que sea paciente, paciente, paciente.

El próximo 23 de marzo tendrán que registrarse los candidatos a gobernador y antes del 28 los demás candidatos.

¿Qué quieren los chiapanecos para el próximo sexenio? Lo mismo que hace seis, doce, dieciocho, muchos años: Menos miseria. Un poco de esperanza.

Y menos miseria, un poco de esperanza fue lo que hubo en Casa de Gobierno cuando Roberto Albores Guillén era gobernador…

¿Y LOS QUE SE EQUIVOQUEN?

Los que se equivoquen, los que no logren ver a través de este mar de confusiones, los que desoigan la voz del poder que viene de Casa de Gobierno, los que no estén invitados a las carambolas de varias bandas, los que se hayan ido con la finta, los que no sepan cargar las cubetas de achigual, los que no sepan leer los signos ocultos de este proceso electoral, se van a dar cuenta de su error cuando estén brincando el tope de Cárdenas…

El tope de Cárdenas, para los que no sean chiapanecos, es la última parada en la carretera antes del penal del Amate.

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