/ lunes 14 de octubre de 2019

Se gana la vida a bordo de una patineta

Perdió las piernas, pero no las ganas de vivir

Torreón, Coahuila. - Caminaba una tarde de regreso a su casa en la colonia Miguel de la Madrid de la vecina ciudad de Gómez Palacio, Durango, contento después de haber asistido como invitado a la celebración de un bautismo, cuando fue sorprendido por un veloz tren que lo arrolló para dejarlo casi muerto, y sin piernas.

Ricardo Salas Hernández recuerda que fue hace 11 años cuando, mientras avanzaba sobre las vías férreas, escuchaba con audífonos la música de su reproductor portátil a todo volumen, lo que le impidió percatarse de que el tren se aproximaba a toda velocidad, así que irremediablemente terminó por embestirlo en forma brutal para cambiar radicalmente su cuerpo y su vida.

Vinieron luego para él tiempos por demás difíciles, en los que mucho le costó recuperarse tanto física como anímicamente, y aunque estuvo a punto de derrotarse, el amor por sus hijas lo hizo levantarse para luchar por ellas y por él mismo.

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Su nueva condición física como discapacitado, como era de esperarse, le impidió encontrar un empleo, y como de cualquier manera tenía que llevar el sustento a su hogar, terminó pidiendo la ayuda solidaria de los automovilistas al apostarse para ello en distintos cruceros viales tanto de Gómez Palacio como Torreón, actividad que inicialmente la realizó a bordo de una silla de ruedas, que aunque le era de mucha ayuda no le permitía el ágil desplazamiento que él pretendía para poder abordar a un mayor número de conductores cada vez que el cambio en la luz del semáforo se lo permitía.

Sin solución demanda de techumbre en la primaria Francisco G. Bocanegra

Ricardo, quien aún vive en la popular colonia Miguel de la Madrid, narra que su peregrinar por las ciudades laguneras lo llevó un día a encontrarse con un hombre que como él había perdido las piernas y que sin embargo se movilizaba con mucha facilidad a bordo de una ordinaria patineta, ejemplo que de inmediato se decidió a seguir.

“Han pasado ya casi nueve años desde que me bajé de la silla de ruedas para subirme a la patineta, y desde entonces las cosas se me facilitaron un poco más”, comenta Salas Hernández mientras aguarda el momento propicio para volver a lanzarse sobre el asfalto para navegar con toda destreza y rapidez entre los automóviles que al transitar sobre el bulevar Independencia hacen alto en la confluencia con la calzada Abastos cuando la luz del semáforo así lo exige.

No niega que siente miedo cada vez que tiene que realizar estas maniobras, pues bien sabe que en ello puede estarse jugando la vida, así que siempre lo hace encomendándose a la protección de Dios, consciente de que esta es la única actividad que puede desempeñar para poder conseguir diariamente un poco más de 200 pesos para apoyar el sustento de tres de sus cuatro hijas que aún viven con él, de las cuales la menor estudia la secundaria y otra en una escuela preparatoria. De su esposa prefiere no hablar, pues lamenta que en medio de la dolorosa situación que le tocó vivir, lejos de apoyarlo terminó por abandonarlo.

Me bajé de la silla de ruedas para subirme a la patineta, y desde entonces las cosas se me facilitaron un poco más

Ricardo Salas Hernández, Discapacitado

EL DATO

Es común ver a Ricardo a bordo de su patineta en la confluencia de Bulevar Independencia y Calzada Abastos

NUMERALIA

9 años han pasado desde que adoptó la patineta como su principal medio de desplazamiento

Torreón, Coahuila. - Caminaba una tarde de regreso a su casa en la colonia Miguel de la Madrid de la vecina ciudad de Gómez Palacio, Durango, contento después de haber asistido como invitado a la celebración de un bautismo, cuando fue sorprendido por un veloz tren que lo arrolló para dejarlo casi muerto, y sin piernas.

Ricardo Salas Hernández recuerda que fue hace 11 años cuando, mientras avanzaba sobre las vías férreas, escuchaba con audífonos la música de su reproductor portátil a todo volumen, lo que le impidió percatarse de que el tren se aproximaba a toda velocidad, así que irremediablemente terminó por embestirlo en forma brutal para cambiar radicalmente su cuerpo y su vida.

Vinieron luego para él tiempos por demás difíciles, en los que mucho le costó recuperarse tanto física como anímicamente, y aunque estuvo a punto de derrotarse, el amor por sus hijas lo hizo levantarse para luchar por ellas y por él mismo.

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Su nueva condición física como discapacitado, como era de esperarse, le impidió encontrar un empleo, y como de cualquier manera tenía que llevar el sustento a su hogar, terminó pidiendo la ayuda solidaria de los automovilistas al apostarse para ello en distintos cruceros viales tanto de Gómez Palacio como Torreón, actividad que inicialmente la realizó a bordo de una silla de ruedas, que aunque le era de mucha ayuda no le permitía el ágil desplazamiento que él pretendía para poder abordar a un mayor número de conductores cada vez que el cambio en la luz del semáforo se lo permitía.

Sin solución demanda de techumbre en la primaria Francisco G. Bocanegra

Ricardo, quien aún vive en la popular colonia Miguel de la Madrid, narra que su peregrinar por las ciudades laguneras lo llevó un día a encontrarse con un hombre que como él había perdido las piernas y que sin embargo se movilizaba con mucha facilidad a bordo de una ordinaria patineta, ejemplo que de inmediato se decidió a seguir.

“Han pasado ya casi nueve años desde que me bajé de la silla de ruedas para subirme a la patineta, y desde entonces las cosas se me facilitaron un poco más”, comenta Salas Hernández mientras aguarda el momento propicio para volver a lanzarse sobre el asfalto para navegar con toda destreza y rapidez entre los automóviles que al transitar sobre el bulevar Independencia hacen alto en la confluencia con la calzada Abastos cuando la luz del semáforo así lo exige.

No niega que siente miedo cada vez que tiene que realizar estas maniobras, pues bien sabe que en ello puede estarse jugando la vida, así que siempre lo hace encomendándose a la protección de Dios, consciente de que esta es la única actividad que puede desempeñar para poder conseguir diariamente un poco más de 200 pesos para apoyar el sustento de tres de sus cuatro hijas que aún viven con él, de las cuales la menor estudia la secundaria y otra en una escuela preparatoria. De su esposa prefiere no hablar, pues lamenta que en medio de la dolorosa situación que le tocó vivir, lejos de apoyarlo terminó por abandonarlo.

Me bajé de la silla de ruedas para subirme a la patineta, y desde entonces las cosas se me facilitaron un poco más

Ricardo Salas Hernández, Discapacitado

EL DATO

Es común ver a Ricardo a bordo de su patineta en la confluencia de Bulevar Independencia y Calzada Abastos

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