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Padre, no lo olvides, el vuelo de los años es más placentero

  • César Acosta Amaya
  • en Local

Gómez Palacio, Durango.- No solo basta tener el poder de autoridad y la responsabilidad económica para ser un buen padre, porque nuestros hijos requieren de cariño y ternura para involucrarnos en su crecimiento y sus emociones, lo material, es secundario.

Hoy es Día del Padre, excelente fecha para hacer un recuento de quien ha cumplido como tal, porque ser padre es la única profesión en la que primero se otorga el título y luego se cursa la carrera, aunque tener un reconocimiento no es tan importante cuando se tiene el amor de los hijos, a quienes debemos dejarles como legado un poco de tiempo cada día, que es lo que también piden.

Padre, papá, jefe o bien el vocablo traducido al inglés es father, dad o daddy, engloban las palabras o expresiones de nuestros hijos para entablar plática con nosotros, pero hay quienes desafortunadamente se dirigen también como señor; pero hay más osados, cuando nos dicen ¡qué onda ruco!, cuando la juventud se lleva en el alma.

Pero lo cierto es que la riqueza es grande aún entre los pobres, el ser hijo de un buen padre y es lo que vale, porque la educación y el ejemplo también se mama.

Muchos más sobresaliendo pese a sus capacidades diferentes.

Muchos más sobresaliendo pese a sus capacidades diferentes.

Hay que decirles a nuestros padres (para quienes aún gozan de la dicha de tenerlo), que son amalgama perfecta de la experiencia y de esa juventud que dejaron atrás para convertirse en hombres responsables.

Decirles que curtieron muchas arrugas en su oficio o profesión y que hoy hace desbordar el sentimiento y una catarata inagotable de palabras tristes cuando los vemos afligidos o postrados en la cama, cuando por nosotros hasta la vida daban en momentos de enfermedad.

También recordarles que no deben olvidar que el vuelo de los años es más placentero y que la juventud solo llega por contagio, hoy, sus canas significan paciencia y que atrás quedaron los tiempos de juego hermosos, pero que en los de hoy solo les tenemos admiración y respeto.

“Padre, los años como llegan pasan, pero tú los conservaste, no los dejaste ir, ¿sabes por qué?, por el amor que le tienes a tu familia y por el rol de responsabilidad económica que supiste compartirnos y que ahora te devuelve creces, tras disfrutar a tus nietos, a los que tú llamas maravillosos, que son sangre de tu sangre”.

Algunos olvidados en la calle.

Algunos olvidados en la calle.

Un buen padre es quien junto con su familia abrazó la vida, con quien compartió penas, éxitos y quien a cambio recibirá un apoyo digno por su esfuerzo, por sus años de entrega y desvelos, y quienes hoy, por sus ciclos cumplidos, lo invitan a descansar.

En contraparte, hay hijos crecidos bajo modelos de odio y rencor, por la pobreza extrema y cuyos padres pululan en las calles buscando qué comer o dormir en una banca de la plaza.

Hace poco me encontré a un señor de cuando menos 70 años, (en Centenario y Victoria), esculcando en los botes de la basura, pero cuando supo que buscaba entrevistarlo con motivo del Día del Padre, palabras más palabras menos me dijo:
“Hágase a un lado ca…ón, no me gusta gente a un lado, ando por gusto aquí, porque deba saberlo, tengo 5 hijas que son maestras… y con carros todas y buenas casas, así que váyase a otro lado”.

Me quedé pensando si sería verdad lo que me dijo. En fin. Pero así hay muchos, aunque otros a pesar de sus discapacidades diversas, luchan por un sustento diario y para sus hijos y aquí vale preguntar, “¿por qué es así la vida tan inequitativa en las clases sociales? Claro, porque vivimos en el México irreal y de fantasía y porque la película sigue sin terminarse, mucho menos cerrarse las pantallas de la corrupción. Esa es la respuesta.

La incapacidad no es obstáculo para luchar.

La incapacidad no es obstáculo para luchar.

Pero bien, recordemos que ser padre es quien lo que comenzó como proyecto, lo llevó a buen puerto, así que desde estos momentos debe quedarse sentado cómodamente en su sillón viendo televisión, quizá dando respuestas cortas sobre el acontecer diario, porque simplemente llegó la hora de estar en casa, sin que esto signifique que carezca de ideas claras y es como debemos verlo, en sus cinco sentidos.

Mi reconocimiento a quienes en la calle sobreviven y a quienes sin esperanza buscan un aliento y eso es llamarse ¡Padre! porque buscan que sus hijos no mueran de hambre.

Yo, en lo particular, recuerdo con respeto a mi padre, porque alguna vez lo vi llorando y solo me abrazó, sin saber yo las penas que guardaba en su mente.

Pero me alegré cuando regresó porque lo vi sonreír y nos invitó a descansar a esperar un nuevo día.

Había calma, lo notaba en su rostro, pero a escondidas de nosotros (mis cinco hermanos aún pequeños) a hurtadillas en la cocina platicaba con nuestra madre para encontrar una solución juntos, porque no había otros ingresos más que los de él.
Cierto, había adeudos, renta y pagos qué hacer.

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Eso no cambió porque mis hermanos le pedían que abrazara en el patio la luna, que creían inalcanzable, pero él lo hacía, porque simplemente vivíamos en un mundo bello y de fantasía, eso nos alentaba a salir adelante.

Ayer fui pequeño, hoy, tengo sueños diferentes, pero en mi mente aún lo sigo viendo sonreír, al fin veracruzano.

Fue un padre sin distinciones, de carácter fuerte, ejemplo de familia y fue un regalo hermoso de Dios para todos y aún guardamos ese sentimiento indescriptible.

Mis felicitaciones para todos los padres y un recuerdo para el que hoy expectante espera el regalo de sus hijos o bien porque se pone triste porque no llegaron.

Para todos, mi admiración y más para quienes a su avanzada edad, siguen en el trajinar de la vida.

Esta reflexión en recuerdo de mi padre Gregorio Acosta Córdova (q.e.p.d.) con respeto.