/ viernes 30 de abril de 2021

Ni el cáncer ni la pandemia apagan a Jorge Ernesto

A pesar del cáncer de huesos que lo tiene en su última etapa de vida y aislado para no contagiarse de Covid-19, el niño inyecta alegría a quienes lo conocen

Gómez Palacio, Durango.- Jorge Ernesto Zamora Rivera se aferra de tal manera a la vida, que se ha convertido en un verdadero ejemplo para toda una comunidad a sus 13 años de edad.

Ni una pierna amputada y ni el cáncer de huesos en su etapa terminal que padece y que día con día apaga su vida, han logrado borrarle la sonrisa que le caracteriza, porque él asegura que sanará y que todo estará bien.

Tampoco la pandemia originada por el Covid-19 y que contagió a gran parte de su familia ha apagado la energía positiva que irradia.

El aislamiento que vive Jorge Ernesto en su cuarto desde hace meses no le quitan las ganas de sanar y volver a las calles a jugar con sus amigos.

Para su familia, el niño es un guerrero y ejemplo de vida que ha tocado los corazones de toda una comunidad.

Su mamá, Ana Velia Rivera Muñoz, no sabe de dónde saca tanta fortaleza, “la cual le reparte a toda la familia y nos inyecta alegría”.

Aunque “ha sido un proceso muy difícil para él y para mí, porque al escuchar cáncer sólo piensas en lo peor”, les ha enseñado el significado de vivir con entusiasmo a pesar de las más duras adversidades.

Cambió su vida

A la edad de 11 años cambió de forma abrupta la vida de Jorge Ernesto. Dolores de huesos, cabeza y fatiga lo llevaron a chequeos médicos y análisis, que semanas después le revelarían que estaba enfermo de Osteosarcoma, el cáncer de huesos que mata a ocho de cada 10 personas que lo padecen y que poco a poco va debilitándolos al grado de dejarlos frágiles.

Y eso fue lo que le pasó a Jorge Ernesto. Durante una fiesta estaba brincando y en una de las caídas sintió que le “tronó” la pierna izquierda.

A pesar de que se le brindó la atención casi inmediata, los médicos no pudieron hacer nada por ayudarlo debido a que la rodilla estalló y el hueso se convirtió en cientas de pequeñas astillas que comenzaron a infectar de cáncer la pierna y la sangre, los médicos decidieron amputar de emergencia.

“Hace dos años que le detectaron el cáncer, estuvo un año en tratamiento y le fue tan bien que logró tocar la campana en la clínica 71 del IMSS al estar sano”, relata Alma Velia.

Estuvo un año bien, bajo vigilancia médica con citas mensuales y de pronto llegó una noticia inesperada: el cáncer había regresado.

“Él era muy intrépido, se aventaba desde las alturas, jugaba futbol con los vecinos y le gustaba mucho ser portero; convivía con los niños de la colonia, iba a la tienda y trataba de hacer una vida normal aun y sin una de sus piernas”.

Es un niño muy alegre y positivo. “Él nos da la fuerza que a nosotros nos faltaba y él nos la inyectaba todos los días”.

Cuando le amputaron la pierna “pensé que se iba a deprimir e ir para bajo, pero fue al contrario, creció más, comenzó a valorar las cosas y a ver la vida de otra forma. A pensar en cómo hacer las cosas con su discapacidad”.

Para Alma Velia, Jorge Ernesto “es un angelote, un guerrero, porque uno con una cortadita y un dolor de cabeza ya se quiere volver uno loca, pero él no, él pese al dolor que enfrenta, él sigue y tiene muchas ganas de vivir. Quiere que lo siga llevando al hospital porque él quiere estar bien, desafortunadamente ya no se puede” porque le han dicho que le quedan pocos días de vida.

“El tiempo que le quede entre nosotros lo haremos feliz y lo disfrutaremos”.

Nunca está triste

Margarita Muñoz Martínez, abuelita materna de Jorge Ernesto, lo describe como un niño muy alegre, que les inyecta alegría. Es un niño que nunca ha estado triste y no ha renegado cuando le amputaron su pierna.

“Al aplicarle su primera quimioterapia nosotros estábamos muy triste porque se nos puso muy grave, y al entrar a verlo él nos inyectaba mucho ánimo y ganas de seguir adelante”.

Nunca lo “vimos llorando o renegando de por qué había enfermado, sino hasta ahora comenzó a cuestionar a Dios el porqué lo castiga así, si él no es un niño malo, que nunca se ha portado mal con su mamá, y dice que ‘por qué él’. Y entendemos que es el dolor que él siente”.

Margarita padece cáncer de tiroides y entiende el sentir y el dolor de su nieto.

“De la esperanza de vida que le daban los médicos al niño de entre 10 y 15 años, de pronto se redujo a meses, y ahora a semanas o días”, detalló.

Jorge Ernesto recibió las primeras ocho quimioterapias hace dos años, y estuvo un año bajo observación, pero en la última cita, hace unas semanas, le hicieron una resonancia y estudios por el mal semblante que llevaba el niño.

Los resultados dejaron frías a Alma Velia y a Margarita, pues hallaron que su sistema inmune estaba muy debilitado y que el cáncer había invadido todo su cuerpo; ya no había nada que hacer.

“Nos recomendaron que sacáramos al niño de la clínica para que pase sus últimos días rodeados de su familia, porque allá iba a estar solo”, dijo mientras lloraba.

Para Margarita, la muerte del abuelito del niño por cirrosis hace dos meses lo entristeció de tal forma que le dio “para abajo”.

Además, “me enfermé de Covid-19 y luego enfermó mi hija (mamá de Jorge Ernesto), lo que nos hizo estar separadas y alejadas del niño durante semanas” para que no se contagiara.

Han pasado vivencias muy duras desde hace dos años, pero con el ejemplo que les da su nieto, tienen las ganas y fuerzas de seguir.

Alma Delia no sólo está perdiendo a su hijo, sino que en este proceso desde que enfermó, también se quedó desempleada y enfrenta una mala situación financiera.

Y “ahora los gastos de los pañales y las necesidades de él me las veo muy duras”, pero si no fuera por los apoyos que le brindan algunos familiares y el papá del niño, “no sabría qué hacer”.

Se apaga la estrella

Camila tiene 2 años de edad y es hermana de Jorge Ernesto. Se le queda viendo y desde hace semanas observa que su luz se apaga.

Jorge Ernesto bromea con ella y la quiere mucho.

Él sólo desea sanar y volver a tener una vida normal. Sueña con se futbolista y ser reconocido como el mejor portero. Su equipo favorito son las Chivas del Guadalajara.

“Ya no quiero tener esto que tengo y deseo que Dios me dé la fuerza para levantarme de la cama y salir a jugar”, dice el pequeño, quien asegura que ya está cansado del cuerpo por estar siempre acostado y “casi no me puedo sentar porque se me cansan mucho las manos. Ha sido doloroso”.

Al cuestionarlo que de dónde saca las sonrisas y la alegría que irradia, dijo que “no lo sabe, solo se da”.

Es un niño con mucha energía y aunque está postrado en la cama, siempre bromea y lanza frases de que nadie debe darse por vencido.

Le pide a Dios que “me quite esta enfermedad. Al principio el cáncer estuvo fuerte, pero me acostumbré a andar en muletas y a vivir de forma normal, ir a la tienda, por los frijoles, pero se me entumeció el pie y ya no lo pude mover”.

Envió un mensaje a todos los niños y niñas: “Échenle ganas y ante todo una sonrisa, sea malo o sea bueno lo que estén viviendo”.

La enfermedad también lo alejó de las clases en línea hace cuatro o cinco meses debido a que está muy débil y ya no puede ni sostener el celular.

Le gusta las matemáticas y las artes. Hace dibujos y para él eso es arte, por eso su gusto. Se compara con las salamandras, que al cortarles sus extremidades les vuelven a salir.

“Aunque te quiten algo, te sigue saliendo y no sé como decirlo, pero tienes que vivir y seguir”.

El próximo 17 de julio cumple 14 años y su anhelo es celebrarlo.

La OEM cumple su sueño

La Organización Editorial Mexicana (OEM) hizo el llamado a la ciudadanía para cumplir unos de los sueños de Jorge Ernesto, de llenar una de las paredes de su cuarto de gorras.

La historia llamó a excampeones mundiales de boxeo, beisbolistas, deportistas y ciudadanos de varias entidades de México y Estados Unidos, que se volcaron para que el niño se lleve ese gran recuerdo.

No sólo se llenó una pared, sino que todo el cuarto quedó repleto de gorras.

Le quedan pocos días de vida y aun así “no se le quitan las ganas de vivir; él no sabe que tiene los días contados y eso nos llena de dolor, tristeza e impotencia. Vemos cómo se aferra y lucha por vivir; es un ejemplo para todos de lo que es ser un guerrero a pesar de ser un niño”, relataron Alama Velia y Margarita.

Gómez Palacio, Durango.- Jorge Ernesto Zamora Rivera se aferra de tal manera a la vida, que se ha convertido en un verdadero ejemplo para toda una comunidad a sus 13 años de edad.

Ni una pierna amputada y ni el cáncer de huesos en su etapa terminal que padece y que día con día apaga su vida, han logrado borrarle la sonrisa que le caracteriza, porque él asegura que sanará y que todo estará bien.

Tampoco la pandemia originada por el Covid-19 y que contagió a gran parte de su familia ha apagado la energía positiva que irradia.

El aislamiento que vive Jorge Ernesto en su cuarto desde hace meses no le quitan las ganas de sanar y volver a las calles a jugar con sus amigos.

Para su familia, el niño es un guerrero y ejemplo de vida que ha tocado los corazones de toda una comunidad.

Su mamá, Ana Velia Rivera Muñoz, no sabe de dónde saca tanta fortaleza, “la cual le reparte a toda la familia y nos inyecta alegría”.

Aunque “ha sido un proceso muy difícil para él y para mí, porque al escuchar cáncer sólo piensas en lo peor”, les ha enseñado el significado de vivir con entusiasmo a pesar de las más duras adversidades.

Cambió su vida

A la edad de 11 años cambió de forma abrupta la vida de Jorge Ernesto. Dolores de huesos, cabeza y fatiga lo llevaron a chequeos médicos y análisis, que semanas después le revelarían que estaba enfermo de Osteosarcoma, el cáncer de huesos que mata a ocho de cada 10 personas que lo padecen y que poco a poco va debilitándolos al grado de dejarlos frágiles.

Y eso fue lo que le pasó a Jorge Ernesto. Durante una fiesta estaba brincando y en una de las caídas sintió que le “tronó” la pierna izquierda.

A pesar de que se le brindó la atención casi inmediata, los médicos no pudieron hacer nada por ayudarlo debido a que la rodilla estalló y el hueso se convirtió en cientas de pequeñas astillas que comenzaron a infectar de cáncer la pierna y la sangre, los médicos decidieron amputar de emergencia.

“Hace dos años que le detectaron el cáncer, estuvo un año en tratamiento y le fue tan bien que logró tocar la campana en la clínica 71 del IMSS al estar sano”, relata Alma Velia.

Estuvo un año bien, bajo vigilancia médica con citas mensuales y de pronto llegó una noticia inesperada: el cáncer había regresado.

“Él era muy intrépido, se aventaba desde las alturas, jugaba futbol con los vecinos y le gustaba mucho ser portero; convivía con los niños de la colonia, iba a la tienda y trataba de hacer una vida normal aun y sin una de sus piernas”.

Es un niño muy alegre y positivo. “Él nos da la fuerza que a nosotros nos faltaba y él nos la inyectaba todos los días”.

Cuando le amputaron la pierna “pensé que se iba a deprimir e ir para bajo, pero fue al contrario, creció más, comenzó a valorar las cosas y a ver la vida de otra forma. A pensar en cómo hacer las cosas con su discapacidad”.

Para Alma Velia, Jorge Ernesto “es un angelote, un guerrero, porque uno con una cortadita y un dolor de cabeza ya se quiere volver uno loca, pero él no, él pese al dolor que enfrenta, él sigue y tiene muchas ganas de vivir. Quiere que lo siga llevando al hospital porque él quiere estar bien, desafortunadamente ya no se puede” porque le han dicho que le quedan pocos días de vida.

“El tiempo que le quede entre nosotros lo haremos feliz y lo disfrutaremos”.

Nunca está triste

Margarita Muñoz Martínez, abuelita materna de Jorge Ernesto, lo describe como un niño muy alegre, que les inyecta alegría. Es un niño que nunca ha estado triste y no ha renegado cuando le amputaron su pierna.

“Al aplicarle su primera quimioterapia nosotros estábamos muy triste porque se nos puso muy grave, y al entrar a verlo él nos inyectaba mucho ánimo y ganas de seguir adelante”.

Nunca lo “vimos llorando o renegando de por qué había enfermado, sino hasta ahora comenzó a cuestionar a Dios el porqué lo castiga así, si él no es un niño malo, que nunca se ha portado mal con su mamá, y dice que ‘por qué él’. Y entendemos que es el dolor que él siente”.

Margarita padece cáncer de tiroides y entiende el sentir y el dolor de su nieto.

“De la esperanza de vida que le daban los médicos al niño de entre 10 y 15 años, de pronto se redujo a meses, y ahora a semanas o días”, detalló.

Jorge Ernesto recibió las primeras ocho quimioterapias hace dos años, y estuvo un año bajo observación, pero en la última cita, hace unas semanas, le hicieron una resonancia y estudios por el mal semblante que llevaba el niño.

Los resultados dejaron frías a Alma Velia y a Margarita, pues hallaron que su sistema inmune estaba muy debilitado y que el cáncer había invadido todo su cuerpo; ya no había nada que hacer.

“Nos recomendaron que sacáramos al niño de la clínica para que pase sus últimos días rodeados de su familia, porque allá iba a estar solo”, dijo mientras lloraba.

Para Margarita, la muerte del abuelito del niño por cirrosis hace dos meses lo entristeció de tal forma que le dio “para abajo”.

Además, “me enfermé de Covid-19 y luego enfermó mi hija (mamá de Jorge Ernesto), lo que nos hizo estar separadas y alejadas del niño durante semanas” para que no se contagiara.

Han pasado vivencias muy duras desde hace dos años, pero con el ejemplo que les da su nieto, tienen las ganas y fuerzas de seguir.

Alma Delia no sólo está perdiendo a su hijo, sino que en este proceso desde que enfermó, también se quedó desempleada y enfrenta una mala situación financiera.

Y “ahora los gastos de los pañales y las necesidades de él me las veo muy duras”, pero si no fuera por los apoyos que le brindan algunos familiares y el papá del niño, “no sabría qué hacer”.

Se apaga la estrella

Camila tiene 2 años de edad y es hermana de Jorge Ernesto. Se le queda viendo y desde hace semanas observa que su luz se apaga.

Jorge Ernesto bromea con ella y la quiere mucho.

Él sólo desea sanar y volver a tener una vida normal. Sueña con se futbolista y ser reconocido como el mejor portero. Su equipo favorito son las Chivas del Guadalajara.

“Ya no quiero tener esto que tengo y deseo que Dios me dé la fuerza para levantarme de la cama y salir a jugar”, dice el pequeño, quien asegura que ya está cansado del cuerpo por estar siempre acostado y “casi no me puedo sentar porque se me cansan mucho las manos. Ha sido doloroso”.

Al cuestionarlo que de dónde saca las sonrisas y la alegría que irradia, dijo que “no lo sabe, solo se da”.

Es un niño con mucha energía y aunque está postrado en la cama, siempre bromea y lanza frases de que nadie debe darse por vencido.

Le pide a Dios que “me quite esta enfermedad. Al principio el cáncer estuvo fuerte, pero me acostumbré a andar en muletas y a vivir de forma normal, ir a la tienda, por los frijoles, pero se me entumeció el pie y ya no lo pude mover”.

Envió un mensaje a todos los niños y niñas: “Échenle ganas y ante todo una sonrisa, sea malo o sea bueno lo que estén viviendo”.

La enfermedad también lo alejó de las clases en línea hace cuatro o cinco meses debido a que está muy débil y ya no puede ni sostener el celular.

Le gusta las matemáticas y las artes. Hace dibujos y para él eso es arte, por eso su gusto. Se compara con las salamandras, que al cortarles sus extremidades les vuelven a salir.

“Aunque te quiten algo, te sigue saliendo y no sé como decirlo, pero tienes que vivir y seguir”.

El próximo 17 de julio cumple 14 años y su anhelo es celebrarlo.

La OEM cumple su sueño

La Organización Editorial Mexicana (OEM) hizo el llamado a la ciudadanía para cumplir unos de los sueños de Jorge Ernesto, de llenar una de las paredes de su cuarto de gorras.

La historia llamó a excampeones mundiales de boxeo, beisbolistas, deportistas y ciudadanos de varias entidades de México y Estados Unidos, que se volcaron para que el niño se lleve ese gran recuerdo.

No sólo se llenó una pared, sino que todo el cuarto quedó repleto de gorras.

Le quedan pocos días de vida y aun así “no se le quitan las ganas de vivir; él no sabe que tiene los días contados y eso nos llena de dolor, tristeza e impotencia. Vemos cómo se aferra y lucha por vivir; es un ejemplo para todos de lo que es ser un guerrero a pesar de ser un niño”, relataron Alama Velia y Margarita.

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