/ sábado 3 de agosto de 2019

El reconocimiento, es el mejor aplauso

Lo que va en decadencia es el cuerpo no el payaso: Farolito

Gómez Palacio, Durango. - El oficio de payasito, el cual alguna vez rompió fronteras y barreras para seducir al público con su sano humor y chistes blancos, pareciera extinguirse, por la competencia actual, luego que hoy en día, los superhéroes son la delicia de la mayoría de los niños en una fiesta, sin embargo, continúa el desafío para conservar esta tradición.

La vida "va en picada" para otros, porque está actividad acusa decadencia, pero para quienes fueron precursores, aunque amarga, afrontan esta madurez, otros nuevos, no se resignan a perderla y es la lucha que divide opiniones.

Muchos más, saben que la experiencia de los años no les ha robado la vehemencia para hablar de su arte y por ello, siguen empecinado en aparecer en el escenario.

Te recomendamos:

Bien, ahora hablaremos de “Farolito-Lagunero”, quien, desde pequeño, indeciso buscó otros horizontes, pero quien finalmente aterrizó en este circo para demostrar su arte.

"El reconocimiento es el mejor aplauso que me ha dado la vida y por ello siempre presto estoy a crear y diseñar nuevos modelos de diversión, porque sé que también la alegría puede transformar lo imaginario".

Me sumerjo en el público y aplaudo con pasión todo lo que le rodea, porque es la fórmula de un payaso para caer bien, triunfar y repetir, expresó el gomezpalatino.

Dijo que quizá la personificación se va perdiendo con las nuevas generaciones, porque sólo basta maquillarse y salir a la calle, acudir a una fiesta, sin crear un personaje de fantasía, en los cuales incluso los niños, pierden el gusto de retratarse con él.

La Virgen de Guadalupe siempre me acompaña

"Se ha perdido el humorismo sano y el infantilismo, porque acuden a chistes ofensivos no para hacer reír al festejado, sino a la familia y esto se convierte en un show para grandes y obvio que se pierde la esencia" observó.

Los zapatones, que cuestan de 800 hasta 4 mil pesos y el traje que oscila en 3 mil pesos son los elementos principales para parecer lo que son, “porque el que medio se maquilla y dice leperadas, es el que cae mal, es como si entrara la Facultad de Medicina y en media hora saliera con título honorífico”, aseguró.

Farolito admite respetar a quienes buscan ser payasos del montón, pero en ocasiones sale contraproducente, pues, por ejemplo, afirmó, algunos han contratado a quienes se suben al camión, pero a la hora de pagar, tienen que desembolsar de 4 a 5 mil pesos, a pesar de que su preparación sea ínfima.

"Esto por supuesto que afecta a quienes somos profesionales, pero también tengo que aceptar que el contratante ya no me pagará lo que cobraba diez años atrás, ni utilizando un buen vestuario o un buen perfume, que también es elemental en la profesión u oficio de payaso".

Nuestro entrevistado inició en 1976, preparándose en la Agencia de Magos y Payasos, encabezada por Ángel Cervantes (qepd) la cual funcionaba en Gómez Palacio, es originario de la colonia Santa Rosa pero hoy radica en Ciudad Lerdo.

Estudió también teatro y arte dramático en el IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social) y fue Alejandro Hernández quien le dio esta formación para lograr mejores expectativas, "es por ello que tuvimos buenos payasos en la Laguna, incluso, yo busqué las carpas, pero sin mucha fortuna".

Farolito alternó alguna vez con Tribilín, Burbujita, Pildorita, "a quienes nos decían piñateros para luego convertirnos en payasos sociales. Después conocí a Frijolito, Carasucia, a Totoy, a Tortolín de Gómez Palacio y a Pastelito, de Ciudad Lerdo, todos magníficos y con repertorio rico en diversión, desgraciadamente algunos ya murieron".

Lo ideal es mantener esa alegría familiar, realizar bromas sanas porque me pagan por hacerlos reír con mi talento y no para hacer bufa, como estilan algunos de los llamados creadores del arte urbano, exagerados y groseros, añadió.

"Hay nuevas generaciones como Cheché, Titín, Melón, entre otros, pero uno de los mejores se llama Vitauva, quien merece todos mis respetos, primero por el extraordinario arte para hacer reír y luego porque es un señor de respeto, además que no actuaba si olvidaba su nariz o zapatones y finalmente porque gracias a él, tuve la oportunidad de desenvolverme en la televisión porque en 1980 llegué a su programa".

“Y para convertirte en un buen payaso en Torreón hay excelentes tiendas, por ejemplo, la que se ubica por el Boulevard Revolución entre la Galeana, en donde además encuentra botargas, trajes sastres, zapatones, nariz, gorros e implementos de magia”, explicó.

Este payasito pasó 9 años en la colonia Santa Rosa de Gómez Palacio y después se fue a vivir al "Parralito" por la calle Morelos entre Galeana y Josefa Ortiz de Domínguez y fue ahí donde nació el deseo de convertirse en payaso, pese a que sus padres y hermanos se lo reprobaban.

Fue en 1979 cuando adquirió su nombre cuando actuaba en un parque y algunos preguntaban, "¿cómo se llama ese payaso?"... Y yo observando un poste donde colgaba un farol roto, dije... Farolito, y aquí me tienen, precisó.

Recordó que este nombre ya existía en uno de los payasos de talla grande del Circo Hermanos Vázquez, "y claro que yo esperaba una demanda por suplantación, sin embargo, me armé de valor y tras disculparme personalmente, recibí a cambio del verdadero Farolito, un... no te preocupes, no pasa nada y desde entonces, mi nombre está registrado en la Anda (Asociación Nacional de Actores).

Farolito sigue agradecido con el otrora presidente municipal, Braulio Fernández Aguirre, tras proyectarlo en decenas de colonias en las famosas “Serenatas Populares” "y de ahí a tomar vuelo porque llegaron las contrataciones de empresas, comercios y farmacias para fiestas o promoción de sus productos, observó.

"Pero no me arrepiento y sigo en la brecha, hoy comprometido junto con otros colegas en reunir fondos en presentaciones en Lerdo, Gómez Palacio y Torreón y a la vez vendiendo hamburguesas en favor del buen Vitauva, quien hoy más que nunca necesita de nosotros y de su público y más porque tiene a su pequeña nietecita quien desafortunadamente perdió una piernita, esa es nuestra encomienda".

¿Qué decir por último?

Qué lo que va en decadencia es el cuerpo, no el payaso, así de simple.

Farolito quiere seguir vigente y por ellos les recuerda a los padres de familia que su número de teléfono es el 8712183310.

Gómez Palacio, Durango. - El oficio de payasito, el cual alguna vez rompió fronteras y barreras para seducir al público con su sano humor y chistes blancos, pareciera extinguirse, por la competencia actual, luego que hoy en día, los superhéroes son la delicia de la mayoría de los niños en una fiesta, sin embargo, continúa el desafío para conservar esta tradición.

La vida "va en picada" para otros, porque está actividad acusa decadencia, pero para quienes fueron precursores, aunque amarga, afrontan esta madurez, otros nuevos, no se resignan a perderla y es la lucha que divide opiniones.

Muchos más, saben que la experiencia de los años no les ha robado la vehemencia para hablar de su arte y por ello, siguen empecinado en aparecer en el escenario.

Te recomendamos:

Bien, ahora hablaremos de “Farolito-Lagunero”, quien, desde pequeño, indeciso buscó otros horizontes, pero quien finalmente aterrizó en este circo para demostrar su arte.

"El reconocimiento es el mejor aplauso que me ha dado la vida y por ello siempre presto estoy a crear y diseñar nuevos modelos de diversión, porque sé que también la alegría puede transformar lo imaginario".

Me sumerjo en el público y aplaudo con pasión todo lo que le rodea, porque es la fórmula de un payaso para caer bien, triunfar y repetir, expresó el gomezpalatino.

Dijo que quizá la personificación se va perdiendo con las nuevas generaciones, porque sólo basta maquillarse y salir a la calle, acudir a una fiesta, sin crear un personaje de fantasía, en los cuales incluso los niños, pierden el gusto de retratarse con él.

La Virgen de Guadalupe siempre me acompaña

"Se ha perdido el humorismo sano y el infantilismo, porque acuden a chistes ofensivos no para hacer reír al festejado, sino a la familia y esto se convierte en un show para grandes y obvio que se pierde la esencia" observó.

Los zapatones, que cuestan de 800 hasta 4 mil pesos y el traje que oscila en 3 mil pesos son los elementos principales para parecer lo que son, “porque el que medio se maquilla y dice leperadas, es el que cae mal, es como si entrara la Facultad de Medicina y en media hora saliera con título honorífico”, aseguró.

Farolito admite respetar a quienes buscan ser payasos del montón, pero en ocasiones sale contraproducente, pues, por ejemplo, afirmó, algunos han contratado a quienes se suben al camión, pero a la hora de pagar, tienen que desembolsar de 4 a 5 mil pesos, a pesar de que su preparación sea ínfima.

"Esto por supuesto que afecta a quienes somos profesionales, pero también tengo que aceptar que el contratante ya no me pagará lo que cobraba diez años atrás, ni utilizando un buen vestuario o un buen perfume, que también es elemental en la profesión u oficio de payaso".

Nuestro entrevistado inició en 1976, preparándose en la Agencia de Magos y Payasos, encabezada por Ángel Cervantes (qepd) la cual funcionaba en Gómez Palacio, es originario de la colonia Santa Rosa pero hoy radica en Ciudad Lerdo.

Estudió también teatro y arte dramático en el IMSS (Instituto Mexicano del Seguro Social) y fue Alejandro Hernández quien le dio esta formación para lograr mejores expectativas, "es por ello que tuvimos buenos payasos en la Laguna, incluso, yo busqué las carpas, pero sin mucha fortuna".

Farolito alternó alguna vez con Tribilín, Burbujita, Pildorita, "a quienes nos decían piñateros para luego convertirnos en payasos sociales. Después conocí a Frijolito, Carasucia, a Totoy, a Tortolín de Gómez Palacio y a Pastelito, de Ciudad Lerdo, todos magníficos y con repertorio rico en diversión, desgraciadamente algunos ya murieron".

Lo ideal es mantener esa alegría familiar, realizar bromas sanas porque me pagan por hacerlos reír con mi talento y no para hacer bufa, como estilan algunos de los llamados creadores del arte urbano, exagerados y groseros, añadió.

"Hay nuevas generaciones como Cheché, Titín, Melón, entre otros, pero uno de los mejores se llama Vitauva, quien merece todos mis respetos, primero por el extraordinario arte para hacer reír y luego porque es un señor de respeto, además que no actuaba si olvidaba su nariz o zapatones y finalmente porque gracias a él, tuve la oportunidad de desenvolverme en la televisión porque en 1980 llegué a su programa".

“Y para convertirte en un buen payaso en Torreón hay excelentes tiendas, por ejemplo, la que se ubica por el Boulevard Revolución entre la Galeana, en donde además encuentra botargas, trajes sastres, zapatones, nariz, gorros e implementos de magia”, explicó.

Este payasito pasó 9 años en la colonia Santa Rosa de Gómez Palacio y después se fue a vivir al "Parralito" por la calle Morelos entre Galeana y Josefa Ortiz de Domínguez y fue ahí donde nació el deseo de convertirse en payaso, pese a que sus padres y hermanos se lo reprobaban.

Fue en 1979 cuando adquirió su nombre cuando actuaba en un parque y algunos preguntaban, "¿cómo se llama ese payaso?"... Y yo observando un poste donde colgaba un farol roto, dije... Farolito, y aquí me tienen, precisó.

Recordó que este nombre ya existía en uno de los payasos de talla grande del Circo Hermanos Vázquez, "y claro que yo esperaba una demanda por suplantación, sin embargo, me armé de valor y tras disculparme personalmente, recibí a cambio del verdadero Farolito, un... no te preocupes, no pasa nada y desde entonces, mi nombre está registrado en la Anda (Asociación Nacional de Actores).

Farolito sigue agradecido con el otrora presidente municipal, Braulio Fernández Aguirre, tras proyectarlo en decenas de colonias en las famosas “Serenatas Populares” "y de ahí a tomar vuelo porque llegaron las contrataciones de empresas, comercios y farmacias para fiestas o promoción de sus productos, observó.

"Pero no me arrepiento y sigo en la brecha, hoy comprometido junto con otros colegas en reunir fondos en presentaciones en Lerdo, Gómez Palacio y Torreón y a la vez vendiendo hamburguesas en favor del buen Vitauva, quien hoy más que nunca necesita de nosotros y de su público y más porque tiene a su pequeña nietecita quien desafortunadamente perdió una piernita, esa es nuestra encomienda".

¿Qué decir por último?

Qué lo que va en decadencia es el cuerpo, no el payaso, así de simple.

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