/ lunes 22 de marzo de 2021

Ansiedad y depresión, lo que la pandemia nos dejó

Los expertos indican que los padres de familia han sido afectados también por el estrés en el contexto de la prolongada pandemia

Tras el reporte del primer caso de Covid-19 en el mundo, el 17 de noviembre de 2019 en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, China, la ciencia médica se dio a la tarea de investigar todo sobre el virus que ha contagiado hasta el momento a más de 118 millones de personas en el mundo.

Estas investigaciones se centraron principalmente en la creación de la o las vacunas que permitan detener el avance del Covid-19, la enfermedad ocasionada por el mencionado virus, que obligó a las autoridades a declarar el confinamiento más grande y desesperante de todos los tiempos.

La ansiedad y la depresión son aspectos que han sido incluidos en este tipo de estudios, sobre todo por las nuevas realidades a las que los seres humanos han tenido que adaptarse en la mayoría de las naciones del mundo.

Algunas de las situaciones que generan ansiedad es la sobreinformación mediática sobre el virus, el abandono de las viejas rutinas, la preocupación que producen las fake news, el distanciamiento físico de los amigos de siempre, el enfrentar lo desconocido, las nuevas formas de convivencia con la familia, entre otras situaciones.

Las afectaciones como consecuencia de las restricciones sociales y del prolongado confinamiento por la pandemia, alcanzan también a los menores de edad. Al respecto, Laura Aquino Topete, pedagoga por el Centro Profesional Universitario REBSAMEN EGLOFF A.C., refiere que algunos de los motivos que generan ansiedad en los menores es el no tener acceso al equipo necesario para poder tomar sus clases a distancia, aunado a lidiar con el manejo de la tecnología, estar ausente a la convivencia de su salón de clases, sus compañeros y profesores, lo que les genera tensión al no poder concretar sus actividades escolares.

Laura Aquino Topete, pedagoga por el Centro Profesional Universitario REBSAMEN EGLOFF A.C. / Foto: Cortesía

Debido al incremento de clases virtuales, niños de entre 6 a 10 años, son quienes tienen una mayor probabilidad de desarrollar dichos trastornos. Estas edades se consideran una etapa de adaptación y, por tal motivo, se necesita del acompañamiento de un profesor que les sirva de guía para disminuir los niveles de ansiedad entre la población infantil.

La pedagoga señala también que la ansiedad y la depresión se pueden llegar a confundir con tristeza, sin embargo, va más allá de un sentimiento. Se presenta de varias formas, diferente entre niños y adultos, “los niños tienden a alejarse de (actividades familiares, de sus clases en línea), prefiriendo estar solos en un rincón, muestran diferentes movimientos corporales, buscan la manera de llamar la atención, se distraen fácilmente, no ponen atención en lo que se le dice e incluso llegan a padecer culpa. Como padres, lo anterior son signos de alerta, que nos indican que nuestro hijo o hija puede padecer ansiedad o depresión, mientras que en los adultos es más difícil darse cuenta, ya que estos ponen barreras para evitarlo, los niños son más expresivos” indicó.

Un estudio reciente del Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf (UKE), uno de los hospitales más grandes de Hamburgo, revela que debido a la pandemia uno de cada tres niños sufre ansiedad o manifiesta síntomas psicóticos, como dolores de cabeza o estómago.

No todos los niños presentan las anteriores manifestaciones de estrés. Algunos caen solo en un estado de preocupación y mal humor. Esto depende mucho de la edad y del ambiente en el que se desenvuelven, afirman los expertos. Sobre el tema La pedagoga Laura Aquino agrega que existen psicólogos, terapeutas e incluso homeópatas que pueden ayudar aunado a diversas técnicas, y que aunque existen medicamentos para tratar la depresión y ansiedad en los niños, no es muy recomendable usarlos, ya que los hace dependientes a una temprana edad, además de causarles efectos secundarios cómo fatiga y dificultades para dormir.

“Tengamos conciencia tanto como docentes y como padres de familia y realicemos las tareas que nos corresponden a cada uno, y pongamos de nuestra parte, el confinamiento nos tomó como sorpresa a todos, esta pandemia ya vimos que va a durar tiempo, sin embargo, unirnos y poner de nuestra parte y sobre todo no dejar a nuestros niños solos, porque a veces se nos olvidan y se generan este tipo de situaciones” concluyó Aquino Topete.

Los expertos indican que los padres de familia han sido afectados también por el estrés en el contexto de la prolongada pandemia. Hania Nered Mena Ibarra, coordinadora del gabinete psicopedagógico de la Universidad Samann de Jalisco, campus Guadalajara, señala que uno de los aspectos que ha podido observar con mayor repetición es el estrés que genera la falta de control en la crianza de los hijos, quienes “han dejado de respetar las reglas y límites establecidos por los padres; por ende, suele ser ya de por sí una situación compleja para los adultos de casa”.

Hania Nered Mena Ibarra, coordinadora del gabinete psicopedagógico de la Universidad Samann de Jalisco, campus Guadalajara. / Foto: Cortesía

Desde su óptica, otra de las situaciones que produce estrés en la pareja es que ésta, en algunos casos, ha experimentado un distanciamiento, “logrando una situación con características disfuncionales, pues en el contexto actual los hijos pueden observar los problemas matrimoniales”, lamenta Mena Ibarra, cuya propuesta es “que todos nos abramos a recibir orientación e información de un profesional, pensando en la construcción armónica y saludable de nuestra familia y sociedad”

La situación obliga a las autoridades y sociedad en general a poner la debida atención a los resultados psicológicos adversos, que se derivan del aprendizaje a distancia que llevan a cabo las instituciones de educación con el propósito de evitar la propagación del mortal virus.

Al respecto, la docente universitaria considera que las instituciones y autoridades deben fomentar la salud mental, “tratando de eliminar los estigmas que se tienen sobre la terapia psicológica, además de vincularse con los psicólogos de nuestro país para canalizar a las personas hacia un proceso psicológico”, concluye.

Con este mismo propósito se recurrió al home office, que ha contribuido a incrementar la ansiedad y depresión, esto debido a que los trabajadores, sin dejar de ser productivos laboralmente, viven sometidos a mucho estrés, además de soportar la carga emocional que representa el sentirse solos. Esta nueva realidad es un enemigo latente que, de prolongarse la pandemia, las consecuencias de sumar trastornos en las personas irán en crecimiento. Estamos viviendo en la era de la ansiedad, conviviendo con el miedo y la incertidumbre, sometidos a una mayor presión por parte de las empresas, en un entorno laboral que dista mucho de ser el adecuado.

Algunos estudios han revelado que el teletrabajo provoca niveles más altos de estrés. En España, el equipo de Talent Analytics del Instituto de Ingeniería del Conocimiento (IIC) realizó una encuesta a más de 400 teletrabajadores de empresas españolas sobre su experiencia laboral en el marco de la pandemia. El resultado: un 80% de los encuestados dijeron estar satisfechos con la gestión y medidas tomadas en cuanto a protección, flexibilidad, bienestar del trabajador y comunicación, pero el 50% dijo estar preocupados por mantener su trabajo, mientras que el 75 % piensa en la forma en que los cambios afectarán a la empresa y, desde luego, a su economía personal.

Otro sector que se ha visto afectado por dichos trastornos son los trabajadores de primera línea de COVID-19, debido a las largas jornadas de trabajo, la falta de sueño y el temor a contraer el virus, situación que ha provocado en muchos de ellos altos niveles de ansiedad, mientras que el aislamiento y el estar en contacto directo con la muerte al ver partir a sus colegas, les ha traído depresión como consecuencia.

En los primeros meses de la pandemia, los profesionales de la salud fueron víctimas de discriminación por el pensamiento equivocado de quienes pensaban que la cercanía de un médico o enfermera representaba una amenaza para la salud. Estos actos de exclusión ocasionaron que muchos sintieran miedo al viajar en autobús, al caminar por las calles de la ciudad o al permanecer en las paradas de transporte público.

Incrementar programas que combatan la pobreza, podría ayudar a reducir efectos de depresión y ansiedad, por lo que una inversión en salud mental de manera urgente, en donde exista apoyo financiero para quienes viven en pobreza es imprescindible, ya que la falta de empleo y las limitantes condiciones de vida generan preocupación e incertidumbre que empeoran la salud mental, señaló un Estudio realizado por Harvard University y el Massachusetts Institute of technology (MIT).

El 13 de enero del año en curso, se celebró el Día Mundial de la Lucha Contra la Depresión; en el marco de esta celebración, el Instituto Jalisciense de Salud Mental (SALME) publicó en su portal web los siguientes datos sobre este trastorno mental frecuente:


· Afecta a más de 300 millones de personas en el mundo

· Es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial general de morbilidad.

· Afecta más a la mujer que al hombre.

· En el peor de los casos, la depresión puede llevar al suicidio.

La buena noticia es que, de acuerdo con el SALME y otras instituciones, existen remedios eficaces para la depresión moderada y grave: “Los profesionales sanitarios pueden ofrecer tratamientos psicológicos, como la activación conductual, la terapia cognitiva conductual y la psicoterapia interpersonal, o medicamentos antidepresivos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y los antidepresivos tricíclicos”, explica Francisco Villa en la página del Instituto Jalisciense de Salud Mental.

Tras el reporte del primer caso de Covid-19 en el mundo, el 17 de noviembre de 2019 en la ciudad de Wuhan, provincia de Hubei, China, la ciencia médica se dio a la tarea de investigar todo sobre el virus que ha contagiado hasta el momento a más de 118 millones de personas en el mundo.

Estas investigaciones se centraron principalmente en la creación de la o las vacunas que permitan detener el avance del Covid-19, la enfermedad ocasionada por el mencionado virus, que obligó a las autoridades a declarar el confinamiento más grande y desesperante de todos los tiempos.

La ansiedad y la depresión son aspectos que han sido incluidos en este tipo de estudios, sobre todo por las nuevas realidades a las que los seres humanos han tenido que adaptarse en la mayoría de las naciones del mundo.

Algunas de las situaciones que generan ansiedad es la sobreinformación mediática sobre el virus, el abandono de las viejas rutinas, la preocupación que producen las fake news, el distanciamiento físico de los amigos de siempre, el enfrentar lo desconocido, las nuevas formas de convivencia con la familia, entre otras situaciones.

Las afectaciones como consecuencia de las restricciones sociales y del prolongado confinamiento por la pandemia, alcanzan también a los menores de edad. Al respecto, Laura Aquino Topete, pedagoga por el Centro Profesional Universitario REBSAMEN EGLOFF A.C., refiere que algunos de los motivos que generan ansiedad en los menores es el no tener acceso al equipo necesario para poder tomar sus clases a distancia, aunado a lidiar con el manejo de la tecnología, estar ausente a la convivencia de su salón de clases, sus compañeros y profesores, lo que les genera tensión al no poder concretar sus actividades escolares.

Laura Aquino Topete, pedagoga por el Centro Profesional Universitario REBSAMEN EGLOFF A.C. / Foto: Cortesía

Debido al incremento de clases virtuales, niños de entre 6 a 10 años, son quienes tienen una mayor probabilidad de desarrollar dichos trastornos. Estas edades se consideran una etapa de adaptación y, por tal motivo, se necesita del acompañamiento de un profesor que les sirva de guía para disminuir los niveles de ansiedad entre la población infantil.

La pedagoga señala también que la ansiedad y la depresión se pueden llegar a confundir con tristeza, sin embargo, va más allá de un sentimiento. Se presenta de varias formas, diferente entre niños y adultos, “los niños tienden a alejarse de (actividades familiares, de sus clases en línea), prefiriendo estar solos en un rincón, muestran diferentes movimientos corporales, buscan la manera de llamar la atención, se distraen fácilmente, no ponen atención en lo que se le dice e incluso llegan a padecer culpa. Como padres, lo anterior son signos de alerta, que nos indican que nuestro hijo o hija puede padecer ansiedad o depresión, mientras que en los adultos es más difícil darse cuenta, ya que estos ponen barreras para evitarlo, los niños son más expresivos” indicó.

Un estudio reciente del Centro Médico Universitario de Hamburgo-Eppendorf (UKE), uno de los hospitales más grandes de Hamburgo, revela que debido a la pandemia uno de cada tres niños sufre ansiedad o manifiesta síntomas psicóticos, como dolores de cabeza o estómago.

No todos los niños presentan las anteriores manifestaciones de estrés. Algunos caen solo en un estado de preocupación y mal humor. Esto depende mucho de la edad y del ambiente en el que se desenvuelven, afirman los expertos. Sobre el tema La pedagoga Laura Aquino agrega que existen psicólogos, terapeutas e incluso homeópatas que pueden ayudar aunado a diversas técnicas, y que aunque existen medicamentos para tratar la depresión y ansiedad en los niños, no es muy recomendable usarlos, ya que los hace dependientes a una temprana edad, además de causarles efectos secundarios cómo fatiga y dificultades para dormir.

“Tengamos conciencia tanto como docentes y como padres de familia y realicemos las tareas que nos corresponden a cada uno, y pongamos de nuestra parte, el confinamiento nos tomó como sorpresa a todos, esta pandemia ya vimos que va a durar tiempo, sin embargo, unirnos y poner de nuestra parte y sobre todo no dejar a nuestros niños solos, porque a veces se nos olvidan y se generan este tipo de situaciones” concluyó Aquino Topete.

Los expertos indican que los padres de familia han sido afectados también por el estrés en el contexto de la prolongada pandemia. Hania Nered Mena Ibarra, coordinadora del gabinete psicopedagógico de la Universidad Samann de Jalisco, campus Guadalajara, señala que uno de los aspectos que ha podido observar con mayor repetición es el estrés que genera la falta de control en la crianza de los hijos, quienes “han dejado de respetar las reglas y límites establecidos por los padres; por ende, suele ser ya de por sí una situación compleja para los adultos de casa”.

Hania Nered Mena Ibarra, coordinadora del gabinete psicopedagógico de la Universidad Samann de Jalisco, campus Guadalajara. / Foto: Cortesía

Desde su óptica, otra de las situaciones que produce estrés en la pareja es que ésta, en algunos casos, ha experimentado un distanciamiento, “logrando una situación con características disfuncionales, pues en el contexto actual los hijos pueden observar los problemas matrimoniales”, lamenta Mena Ibarra, cuya propuesta es “que todos nos abramos a recibir orientación e información de un profesional, pensando en la construcción armónica y saludable de nuestra familia y sociedad”

La situación obliga a las autoridades y sociedad en general a poner la debida atención a los resultados psicológicos adversos, que se derivan del aprendizaje a distancia que llevan a cabo las instituciones de educación con el propósito de evitar la propagación del mortal virus.

Al respecto, la docente universitaria considera que las instituciones y autoridades deben fomentar la salud mental, “tratando de eliminar los estigmas que se tienen sobre la terapia psicológica, además de vincularse con los psicólogos de nuestro país para canalizar a las personas hacia un proceso psicológico”, concluye.

Con este mismo propósito se recurrió al home office, que ha contribuido a incrementar la ansiedad y depresión, esto debido a que los trabajadores, sin dejar de ser productivos laboralmente, viven sometidos a mucho estrés, además de soportar la carga emocional que representa el sentirse solos. Esta nueva realidad es un enemigo latente que, de prolongarse la pandemia, las consecuencias de sumar trastornos en las personas irán en crecimiento. Estamos viviendo en la era de la ansiedad, conviviendo con el miedo y la incertidumbre, sometidos a una mayor presión por parte de las empresas, en un entorno laboral que dista mucho de ser el adecuado.

Algunos estudios han revelado que el teletrabajo provoca niveles más altos de estrés. En España, el equipo de Talent Analytics del Instituto de Ingeniería del Conocimiento (IIC) realizó una encuesta a más de 400 teletrabajadores de empresas españolas sobre su experiencia laboral en el marco de la pandemia. El resultado: un 80% de los encuestados dijeron estar satisfechos con la gestión y medidas tomadas en cuanto a protección, flexibilidad, bienestar del trabajador y comunicación, pero el 50% dijo estar preocupados por mantener su trabajo, mientras que el 75 % piensa en la forma en que los cambios afectarán a la empresa y, desde luego, a su economía personal.

Otro sector que se ha visto afectado por dichos trastornos son los trabajadores de primera línea de COVID-19, debido a las largas jornadas de trabajo, la falta de sueño y el temor a contraer el virus, situación que ha provocado en muchos de ellos altos niveles de ansiedad, mientras que el aislamiento y el estar en contacto directo con la muerte al ver partir a sus colegas, les ha traído depresión como consecuencia.

En los primeros meses de la pandemia, los profesionales de la salud fueron víctimas de discriminación por el pensamiento equivocado de quienes pensaban que la cercanía de un médico o enfermera representaba una amenaza para la salud. Estos actos de exclusión ocasionaron que muchos sintieran miedo al viajar en autobús, al caminar por las calles de la ciudad o al permanecer en las paradas de transporte público.

Incrementar programas que combatan la pobreza, podría ayudar a reducir efectos de depresión y ansiedad, por lo que una inversión en salud mental de manera urgente, en donde exista apoyo financiero para quienes viven en pobreza es imprescindible, ya que la falta de empleo y las limitantes condiciones de vida generan preocupación e incertidumbre que empeoran la salud mental, señaló un Estudio realizado por Harvard University y el Massachusetts Institute of technology (MIT).

El 13 de enero del año en curso, se celebró el Día Mundial de la Lucha Contra la Depresión; en el marco de esta celebración, el Instituto Jalisciense de Salud Mental (SALME) publicó en su portal web los siguientes datos sobre este trastorno mental frecuente:


· Afecta a más de 300 millones de personas en el mundo

· Es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial general de morbilidad.

· Afecta más a la mujer que al hombre.

· En el peor de los casos, la depresión puede llevar al suicidio.

La buena noticia es que, de acuerdo con el SALME y otras instituciones, existen remedios eficaces para la depresión moderada y grave: “Los profesionales sanitarios pueden ofrecer tratamientos psicológicos, como la activación conductual, la terapia cognitiva conductual y la psicoterapia interpersonal, o medicamentos antidepresivos, como los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y los antidepresivos tricíclicos”, explica Francisco Villa en la página del Instituto Jalisciense de Salud Mental.

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