/ viernes 18 de septiembre de 2020

El descongelamiento por cambio climático ‘despertaría’ viejos virus mortales

Así lo aseguran expertos en medio ambiente

La lista de catástrofes naturales que llegarán en un futuro próximo si el cambio climático sigue avanzando parece no tener fin, porque el recalentamiento del planeta también liberaría numerosos virus, algunos de ellos mortíferos, que están atrapados en el hielo desde hace miles de años y para los que el ser humano no está preparado. Un dato que cobra especial relevancia en tiempos de pandemia.

Muchos de estos virus se encuentran hibernados en el permafrost, una capa del suelo permanentemente congelada, aunque no siempre está cubierta de hielo, que se extiende sobre todo a lo largo del ártico: Siberia, Alaska y Canadá.

“Debajo del permafrost hay toda una diversidad biológica que hace miles de años fue atrapada por el hielo. Existen virus que pueden aguantar en ese estado de hibernación unos 30 mil años. La amenaza es doble. Primero, porque no sabemos a lo que nos enfrentamos, aunque existen evidencias de que hay miles de virus congelados. Y en segundo lugar, no estamos preparados a nivel de inmunidad para enfrentar este tipo de virus, porque nuestro registro genético no tiene constancia de los mismos y podríamos ser muy vulnerables”, señala a EL UNIVERSAL Maxime Renaudin, fundador de la organización ecologista Tree-Nation.

Bajo la capa helada del permafrost aguantan dormidos virus conocidos y otros desconocidos; el porcentaje de estos últimos podría ser de 99%. “Probablemente la gran mayoría de esos virus no serían dañinos. Pero sólo hace falta que haya un pequeño porcentaje de virus letales para que supongan un gran problema para la humanidad. Esos patógenos mantendrían su potencial de contagio intacto desde el momento en que hibernan. Cuando se volvieran a activar, estarían como en el primer día”, advierte el experto.

El deshielo del permafrost, que ocupa aproximadamente entre 20% y 25% de la superficie de la tierra, no sólo generaría crisis sanitarias inéditas a nivel global. También aceleraría el cambio climático, puesto que en esas capas congeladas hay gases de efecto invernadero como el metano y el dióxido de carbono (CO2), que están encarcelados desde hace miles de años y que podrían aflorar debido a la descomposición de enormes cantidades de restos de animales y plantas atrapados desde el Pleistoceno. El espesor del permafrost puede alcanzar los 1.5 kilómetros. Informes de especialistas indican que entre 30% y 70% del permafrost puede fundirse antes del año 2100, dependiendo de la eficacia con la que la comunidad internacional responda al cambio climático.

“Se calcula que el permafrost contiene las reservas de metano más grandes del mundo y su liberación significaría multiplicar por cinco las emisiones de este gas que se producen actualmente. Llegados a ese punto, aunque detuviéramos todas las actividades humanas, no podríamos hacer nada para evitar la catástrofe. Sabemos que el permafrost se está descongelando; lo que desconocemos es la velocidad con la que lo hace y si tenemos suficiente tiempo para reaccionar”, asegura el responsable de la organización ecologista que promueve la reforestación para luchar contra el cambio climático.

El experto enfatiza que la urgencia por detener el cambio climático es porque existe un punto de no retorno a partir del cual cualquier respuesta será insuficiente, incluso aunque se detenga toda la actividad humana contaminante. Para ese entonces, la naturaleza habrá tomado el relevo.

En este contexto, los expertos advierten del aumento de la transmisión de enfermedades de origen animal (zoonosis), a causa de la deforestación y la invasión por parte del ser humano de ecosistemas que no le corresponden. El World Wildlife Fund (WWF), señala en un informe sobre Pérdida de naturaleza y pandemias que más del 70% de las patologías humanas en las últimas cuatro décadas han sido transmitidas por animales salvajes. La última de ellas, el Covid-19.

La lista de catástrofes naturales que llegarán en un futuro próximo si el cambio climático sigue avanzando parece no tener fin, porque el recalentamiento del planeta también liberaría numerosos virus, algunos de ellos mortíferos, que están atrapados en el hielo desde hace miles de años y para los que el ser humano no está preparado. Un dato que cobra especial relevancia en tiempos de pandemia.

Muchos de estos virus se encuentran hibernados en el permafrost, una capa del suelo permanentemente congelada, aunque no siempre está cubierta de hielo, que se extiende sobre todo a lo largo del ártico: Siberia, Alaska y Canadá.

“Debajo del permafrost hay toda una diversidad biológica que hace miles de años fue atrapada por el hielo. Existen virus que pueden aguantar en ese estado de hibernación unos 30 mil años. La amenaza es doble. Primero, porque no sabemos a lo que nos enfrentamos, aunque existen evidencias de que hay miles de virus congelados. Y en segundo lugar, no estamos preparados a nivel de inmunidad para enfrentar este tipo de virus, porque nuestro registro genético no tiene constancia de los mismos y podríamos ser muy vulnerables”, señala a EL UNIVERSAL Maxime Renaudin, fundador de la organización ecologista Tree-Nation.

Bajo la capa helada del permafrost aguantan dormidos virus conocidos y otros desconocidos; el porcentaje de estos últimos podría ser de 99%. “Probablemente la gran mayoría de esos virus no serían dañinos. Pero sólo hace falta que haya un pequeño porcentaje de virus letales para que supongan un gran problema para la humanidad. Esos patógenos mantendrían su potencial de contagio intacto desde el momento en que hibernan. Cuando se volvieran a activar, estarían como en el primer día”, advierte el experto.

El deshielo del permafrost, que ocupa aproximadamente entre 20% y 25% de la superficie de la tierra, no sólo generaría crisis sanitarias inéditas a nivel global. También aceleraría el cambio climático, puesto que en esas capas congeladas hay gases de efecto invernadero como el metano y el dióxido de carbono (CO2), que están encarcelados desde hace miles de años y que podrían aflorar debido a la descomposición de enormes cantidades de restos de animales y plantas atrapados desde el Pleistoceno. El espesor del permafrost puede alcanzar los 1.5 kilómetros. Informes de especialistas indican que entre 30% y 70% del permafrost puede fundirse antes del año 2100, dependiendo de la eficacia con la que la comunidad internacional responda al cambio climático.

“Se calcula que el permafrost contiene las reservas de metano más grandes del mundo y su liberación significaría multiplicar por cinco las emisiones de este gas que se producen actualmente. Llegados a ese punto, aunque detuviéramos todas las actividades humanas, no podríamos hacer nada para evitar la catástrofe. Sabemos que el permafrost se está descongelando; lo que desconocemos es la velocidad con la que lo hace y si tenemos suficiente tiempo para reaccionar”, asegura el responsable de la organización ecologista que promueve la reforestación para luchar contra el cambio climático.

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