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+ Relación institucional

  • RUN RUN

+ Sin colores ni banderas
+ Torreón consentido
+ De críticos a criticados
+ Funcionarios públicos

EL GOBERNADOR Miguel Ángel Riquelme Solís y el alcalde de Torreón, Jorge Zermeño Infante, se vieron ayer las caras con motivo del inicio de los trabajos de la rehabilitación integral del bulevar Independencia en su segunda etapa. Ambos mostraron madurez política, se reconocieron como autoridades y coincidieron en trabajar en equipo por el bien de Torreón. Sin que sean miembros del mismo Club de Toby, el de los halagos mutuos, Riquelme y Zermeño hablaron con altura y cortesía política propias de sus investiduras, el uno respetando al otro. En los primeros días de gobierno de uno y otro, Miguel y Jorge han tenido declaraciones de respeto y han sostenido que ambos trabajarán por el bien de Torreón. Porque el horno no está para bollos, porque no se pueden dar el lujo de pelear y porque las elecciones del 4 de junio del 2017 ya terminaron, Riquelme y Zermeño han establecido una relación institucional que, se espera, se traduzca en beneficio para los torreonenses. Si bien este tipo de relaciones institucionales deben considerarse algo normal en los países democráticos, hay quienes las critican sin razón alguna. Los fanáticos políticos que nunca faltan, los “ultras” o los que se sienten más papistas que el Papa, cuestionan de un lado y otro que los gobernantes de diferentes partidos políticos establezcan la relación institucional que no significa otra cosa más que eso. En los primeros días del gobierno de Riquelme, hubo simpatizantes panistas o zermeñistas que criticaban a Jorge Zermeño por “acercarse” al nuevo gobernador o porque consideraban que “pronto” se había arrodillado ante el mandatario estatal, lo cual es totalmente absurdo. En esos primeros días algunos todavía señalaban la “ilegitimidad” de Riquelme cuando la legitimidad se la dieron los casi 30 mil votos con los que ganó la elección de gobernador y las resoluciones del Tribunal Electoral del Estado de Coahuila y la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Las posturas de Riquelme y Zermeño son apropiadas al establecer las relaciones institucionales y las condiciones para pasarse peleando un día sí y otro también. Por lo pronto, Riquelme y Zermeño tendrán que verse continuamente las caras a lo largo del año que durará la mini-alcaldía y quién sabe si los siguientes tres años en los que Jorge buscará mantenerse en la alcaldía. Por ahora, la relación institucional entre Riquelme y Zermeño es muy diferente a la que en su momento tuvieron Humberto Moreira Valdés y José Ángel Pérez Hernández, cuyas diferencias las llevaron a los medios de comunicación pero también a los tribunales. Veremos…

DEL SIN colores ni banderas hablaron públicamente Miguel Riquelme y Jorge Zermeño. Zermeño manifestó que a la gente le interesa es que a Coahuila y a Torreón les vaya bien y que las autoridades tienen la obligación de gobernar para todos y sin ninguna distinción. Destacó que los ciudadanos esperan que los impuestos que pagan se les devuelvan en obras y servicios porque “los problemas no tienen colores ni banderas”. Jorge Zermeño reconoció la buena disposición de Riquelme para dialogar en el análisis de los problemas y dijo confiar en que el Gobierno del Estado no tendrá municipios consentidos…

MIGUEL Riquelme le dijo a Zermeño: “No dudes que (Torreón) será uno de mis municipios consentidos de Coahuila”. Señaló que superado el anterior proceso electoral, se ha iniciado una nueva historia con un gobierno estatal a hacer causa común con Torreón y el resto de los municipios para impulsar juntos acciones en materia de obras, seguridad, crecimiento económico y desarrollo social. La declaración de Riquelme le viene bien a Torreón luego de que fuera criticado en redes sociales por haber dicho que Saltillo (que contribuyó de manera importante para ganar la gubernatura) sería su municipio consentido. El dicho de Riquelme fue al calor de la contienda electoral. Ahora lo que se espera es que, en efecto, le vaya bien a Torreón y a los demás municipios de Coahuila…

ELÍAS Agüero, Aldo Villarreal Murra y Carlos Castañón Cuadros, criticaron todo de las administraciones estatal y municipal del PRI. Los tres, los mismos tres que se manifestaron en contra del retiro del monumento emblemático de Torreón, el conocido como “Torreoncito”, han pasado de ser críticos a criticados. Eran críticos cuando Elías era del colectivo “Moreleando”, Aldo era el presidente del Colegio de Arquitectos de la Comarca Lagunera y Carlos en calidad de historiador, politólogo y columnista. Son criticados ahora que Elías es el titular del Instituto Municipal de Cultura (IMC) y Aldo es el director de Ordenamiento Territorial y Urbanismo. Los tres criticaron, uno más que otro, las obras en el Paseo Morelos, la Línea Verde, el Complejo Cultural y Deportivo La Jabonera, el Teleférico Torreón- Cristo de las Noas o el Metrobús. Los tres son criticados ahora que se han convertido en funcionarios públicos. Una de las principales críticas es que los tres se presentaban ante los ciudadanos como “activistas”, como representantes de (un sector) de la sociedad o hasta como defensores de la comunidad, y ahora aparecen como funcionarios públicos. Elías, Aldo y Carlos, así como los diversos funcionarios públicos, estarán ahora bajo la lupa ciudadana…

ESTO NOS lleva a señalar que Elías, Aldo y Carlos, como otros integrantes del equipo de colaboradores de Jorge Zermeño Infante, han cambiado su estatus y al ser funcionarios públicos estarán bajo el escrutinio de los ciudadanos. Porque son funcionarios públicos, están obligados a cumplir y hacer cumplir con las leyes y están obligados a dar el ejemplo. Y es que, por ejemplo, Aldo Villarreal ha sido cuestionado en medios por traer placas de circulación de otro Estado y vencidas, pero él lo considera un asunto particular. En el caso de Elías se le han hecho fuertes críticas por su supuesta adicción, su vida de antrero y su afición al graffiti. La realidad de las cosas es que Aldo y Elías están completamente equivocados porque ya no son el presidente del Colegio de Arquitectos de la Comarca Lagunera o dirigente del colectivo “Moreleando”, porque ya no son “activistas”, críticos o defensores de la comunidad, ahora son funcionarios públicos a los que se les paga con los impuestos de los ciudadanos. Si Elías, Aldo, Carlos y otros funcionarios municipales no quieren que les digan nada, están en su derecho pero tendrían que irse a su casita donde nadie los moleste…