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Política: éxitos y fracasos

  • Salvador Hernández Vélez

En el libro Fuego y cenizas, Michael Ignatieff, cuenta la historia de por qué les dijo que sí a los hombres de negro que lo invitaron a participar en la política electoral de su natal Canadá. El autor nos dice que tratará de explicar cómo es posible que una persona por demás razonable ponga su vida del revés persiguiendo un sueño o, por decirlo de un modo menos piadoso, que una persona como él, un distinguido intelectual, escritor, periodista y académico deje su biblioteca y su cátedra de Harvard para sucumbir completamente a la arrogancia e integrarse a un proyecto político de alto nivel. Lo anterior me llevó a la pregunta ¿por qué Lucho Salinas, José Ángel Pérez y Armando Guadiana dejan sus empresas y se integran a una contienda por la gubernatura de nuestro estado?
Ignatieff escribe que pagó un precio por lo que aprendió: persiguió el fuego del poder y contempló, cómo la esperanza quedaba reducida a cenizas. A pesar de ello sostiene que en su libro le rinde tributo a la política y a los políticos. Que en su paso por la política electoral de Canadá, acrecentó su respeto por los políticos como clase y con una fortalecida fe en el buen juicio de los ciudadanos. El intelectual, transformado en político, se convenció que lo primero que debes saber, cuando entras en política, es por qué lo haces. Agrega que la candidez no está muy bien recompensada en el mundo de la política. Ignatieff retrata muy bien a los que participan en política solo con ocurrencias. Que cuando uno anda de candidato siempre dice que quiere cambiar las cosas. Pero los ciudadanos sospechan que el cambio que deseas hace referencia a tu propia vida y no a la suya. Recomienda que debes adquirir una cierta vocación de servicio si deseas sobrevivir.
Dice que aprendió que “la política pone a prueba tu capacidad de conocerte más que cualquier otra profesión que yo conozca. Lo que he aprendido es que la pregunta de por qué quieres ser un político significa en realidad por quién quieres serlo”. Se pregunta: ¿por qué uno debe entrar en política? Asegura que no se debe empezar una carrera política para homenajear a tus padres. Lo mejor de la democracia es que debes ganártelo todo, voto tras voto.
Nos comparte que en la política, como combate, se vale todo, y lo que cuenta no es demostrar tu buena fe, sino ganar la pelea. Los que luchan para un cargo representativo, deben entender que la democracia es un plebiscito diario. Con el cual evalúas en todo momento cómo te mira la gente en la calle, cómo te saludan cuando les estrechas la mano. Te vuelves dependiente de las miradas de reconocimientos, de los gestos de desaprobación de los ciudadanos cuando estás ahí en la calle. Por otra parte nos comparte su experiencia en campaña política: “El hombre que toma el folleto que le ofreces a través de la ventanilla de su coche, para cerrarla al instante y seguir su camino, te está diciendo que no votará jamás por ti o la mujer que se seca las manos en su delantal cuando te abre la puerta de su casa, pero se queda a escuchar tus palabras puede que acabe votándote”.
Remarca que una vez que has entrado en política, siempre estás bajo los focos. Nunca te saltes una cola, nunca te muestres impaciente con un conductor. Nunca pierdas los nervios. Nunca te olvides de sonreír cuando alguien se acerca a hacerse una foto contigo o a pedirte un autógrafo. Durante todo ese tiempo no tienes vida privada. La política es algo corpóreo, porque la confianza es corpórea. La política es algo muy físico. Tus manos tocan, chocan y aprietan, y tus ojos están siempre buscando el contacto. La gente aceptará que no puedas solucionar sus problemas si le prestas toda tu atención, mirándola a los ojos, nunca mirando por encima de su hombro a la siguiente persona en la fila.
La mayoría de los electores saben que su voto individual no cambiará mucho el resultado final, pero aun así salen a votar porque creen que es importante tomar parte en la democracia. Nos advierte que hay un elemento impredecible –voluntad, coraje y azar– que puede decidir el resultado de la elección. Y nos alerta a estar siempre sabidos que la vida política puede terminar en cualquier momento, así que debes asegurarte de tener una vida con anterioridad y estar preparado para seguir con una nueva vida después. Fuego y cenizas, de Michael Ignatieff tiene muchas más enseñanzas.
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