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  • Flor E. Rentería Medina

El valor de ayudar

Amigas y amigos, escribo esta columna en la esperanza que las afectaciones que han tenido por las lluvias hayan sido las menores posibles. Durante estos días, he recorrido algunas de las colonias más afectadas de la ciudad, y he podido constatar que este año los daños han sido aún peor que en otros.

Quienes hemos vivido en esta ciudad, pero, sobre todo, quienes la amamos de verdad, sabemos que en muchas partes de Torreón solo es necesario un poco de lluvia para causar grandes molestias a vecinos; esto no es ni de hoy, ni de ayer, sino que es un problema que prácticamente hemos tenido toda nuestra joven historia como ciudad.

Hay que decirlo abiertamente: Torreón no fue hecho pensado en lluvias. No es una ciudad donde llueva constantemente, por lo que las inversiones públicas nunca se han enfocado en tener un drenaje pluvial de nivel, sino uno apenas funcional.

Las razones para nuestras inundaciones sobran: la planeación de la ciudad, los asentamientos urbanos irregulares, la deforestación, el mal drenaje, el pavimento, la basura que tiramos, en fin. Podemos tener discusiones eternas tratando de encontrar culpables, cuando debemos de entender que, en este momento, solo tenemos dos realidades absolutas e incuestionables:

A) Que la naturaleza ha sido, es, y siempre será absolutamente impredecible. Dejemos de decir que los torreonenses vencimos al desierto, o que domamos la adversidad. Los desastres naturales pueden ocurrir en cualquier momento, y nosotros debemos de estar preparados para cuando ocurran. Nuestra ciudad es una ciudad altamente industrializada, con aeropuerto, comercio dinámico y gran movimiento urbanizado; que una ciudad como la nuestra se paralice cada que llueve demuestra que hemos dejado las prioridades de lado, y que tenemos que empezar a tomarnos más en serio, cuando menos, el problema de las lluvias intensas.

B) Que el ser humano siempre debe de ser la prioridad de toda ciudad. En estos momentos, de nada nos sirve preguntarnos por culpables ni buscar razonamientos. Mucha gente perdió todo lo que tenía, tuvo que abandonar sus casas y resguardarse en los albergues municipales. Muchos otros quedaron incomunicados y quedaron recluidos en sus hogares, ante el embate del clima. Pensemos en esta gente que hoy nos necesita más que nunca, y demostremos esa solidaridad lagunera y esa entrega que nos caracteriza, ahora, por nuestros vecinos.

Amigas y amigos, por último, hay que entender que esto de llamarles “lluvias atípicas”, simplemente ya está rebasado. Mínimo una vez al año, tenemos una lluvia como éstas, que causa cierres de escuelas, de centros de trabajo y daños materiales cuantiosos. Efectivamente, en unos días dejaremos de preocuparnos por las lluvias cuando menos unos meses, pero no debemos permitir que este tema pase al olvido. Se necesitan muchas manos para superar el problema hoy, pero se necesitan muchas más para que no se vuelva a repetir.

Hoy, lo único atípico son las excusas. Todos los órdenes de gobierno están obligados a hacer su parte para superar este problema. Torreón nos necesita a todos; vayan al centro de acopio de su preferencia, y apoyemos a nuestras hermanas y hermanos laguneros. Hoy por ellos, mañana por nosotros.