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  • Flor E. Rentería Medina

7 reflexiones del primero de julio

Amigas y amigos, llego el momento de iniciar un nuevo capítulo en la historia. El PRI se ha transformado ya 3 veces en su vida: primero, cuando de movimiento armado evolucionó en uno cohesionador para formar el PNR, después cuando se convirtió en el PRM, y por último, cuando decidió ser el arquitecto del México del Siglo XXI, que evolucionó al PRI, reconociendo su legado revolucionario, pero entendiendo que la necesidad imperante era construir una vida de Institucionalidad.

Hoy, ante el resultado electoral más duro de nuestra historia, hay que entender que, solo evolucionando, PERO EVOLUCIONANDO DE VERDAD, podremos volver a construir un vínculo de confianza con la ciudadanía.

El primero de julio, la ciudadanía emitió su veredicto. Todo aquel que crea tener la respuesta absoluta, fracasó. Toda estrategia que se reputaba infalible se vio rebasada. A nivel nacional, los 32 Estados nos dijeron que lo que estábamos haciendo era insuficiente o, en algunos casos, reprobable.

No escatimemos, amigas y amigos, la voluntad popular. No vengamos a creer que este resultado es exclusivamente por los meses de campaña electoral. No es así. En Saltillo nos dieron ejemplo clave. Ante el TSUNAMI, Saltillo no solo sobrevivió, sino que arrasamos en las preferencias electorales. Ante ese escenario, nos quedan conclusiones duras, pero ineludibles:

PRIMERO: La estructura del Partido es una gran estructura. Es un equipo de hombres y mujeres que se ponen a hombros una auténtica faena imposible. En reconocimiento a su labor, no es poca cosa decir que el PRI sin su estructura, no sería nada; pero también es necesario reconocer que el PRI, con solamente su estructura, está condenado. La estructura siempre será la punta de lanza del partido, pero hoy, con esa generosidad que debe caracterizar a la política, deben saber que hoy es necesario coexistir con los sectores, con las organizaciones, y con los liderazgos civiles, económicos, políticos y sociales que esperan ver a nuestro partido como una congregación de esfuerzos, no como exclusión.

SEGUNDO: El PRI, y sus candidaturas, no son un cheque en blanco. De nada nos sirve monopolizar al partido y convertirlo en un club de privilegios. La ciudadanía, debemos entenderlo bien, está por encima de nuestro partido y de cualquier otro, y si ve en nuestro partido algo inalcanzable, simplemente buscará otra salida para la participación política.

TERCERO: Que, en este nuevo entorno electoral, no hay nada garantizado. Si queremos ganar, tenemos que ser el mejor partido, hacer la mejor campaña, tener a la mejor militancia y al mejor candidato. Solo siendo los mejores en TODO, podemos buscar resultados distintos a los que tuvimos.

CUARTO: Que la función pública y los cargos de gobierno no son un merecimiento, ni un premio. Son una responsabilidad gigante. Debemos asumir que somos representantes del Gobernador y del Partido, que todo lo que hagamos bien, si nos va bien se nos reconocerá, pero todo lo que hagamos mal, ténganlo por seguro, se nos acentuará y divulgará.

QUINTO: Que la gente manda. No podemos dar por buenos los triunfos y por malos los fracasos. En todo momento, en toda elección, es la gente la que vota y la que gana. Si la gente vende su voto, es porque no fuimos suficientemente buenos para convencerlos. Si la gente se deja llevar por una moda, es porque fue más trascendente la moda que las propuestas.

SEXTO: Que hoy nada, absolutamente nada, debe de ser considerado intocable. El partido está obligado a repensar sus principios, sus valores, hasta sus próceres. En el PRI nunca hemos tenido miedo a actualizarnos. Que el pasado sea guía y no ancla, puesto que el destino es y será siempre, responderle a la gente. A la gente no le importa si las cosas son de derecha o de izquierda. No le importa si son de Gómez Morín o de Colosio. A la gente le importa que sus gobernantes cumplan sus compromisos, y eso debe de ser nuestro motor de lucha.

SEPTIMO: Que debemos de aceptar la crítica y promover la autocrítica. Ser responsables en lo interno y también en lo externo. La ciudadanía hoy reclama como nunca el fin de la corrupción, y si ignoramos ese reclamo social, difícilmente volveremos a figurar en las preferencias electorales.

Los partidos no deben de imponerse a la gente; los partidos se deben a la gente, y no nada más a su militancia, sino también a sus simpatizantes e inclusive a quienes difieran de sus posturas. Solo escuchando a nuestros correligionarios y a nuestros detractores, entendiendo que es válido tener diferencias, podremos consolidarnos nuevamente como el mejor partido de México.