imagotipo

Navegando

  • Flor E. Rentería Medina

Un alcalde del milenio pasado

Definitivamente, cuando una administración inicia en cualquier orden de gobierno, existe un proceso natural de aprendizaje y ajuste, entendible en la misma dinámica de la entrega y recepción, donde los funcionarios entrantes reciben de los salientes la información y modos para trabajar acorde a los lineamientos actuales, a fin de que no se desperdicie el gran trabajo.

RECORDEMOS amigas y amigos lectores, que un ayuntamiento, por ejemplo, así cambie de titulares, continúa siendo una persona moral con su misma identidad, por lo que los compromisos realizados y las metas alcanzadas no deben perderse, sino en todo caso continuar y mejorarse.

Cuando Jorge Zermeño hizo campaña, hizo constantes alusiones al trabajo que realizó hace más de 20 años la primera vez que la ciudadanía le dio el voto; un trabajo que por el paso del tiempo y la inexistencia de los medios que hoy tenemos, es muy difícil de verificar. Zermeño hizo gala de haber sido el mejor alcalde de todos los tiempos, con muy pocas evidencias tangibles y eso sí, muchas promesas imposibles.

Si nos atenemos a la historia amigas y amigos, el método más simple de determinar que tanta aceptación tuvo la administración de Zermeño sería con las participaciones electorales inmediatas: Después de su administración municipal, la cual concluyo en 1998, su partido tuvo los peores resultados electorales del milenio pasado en Torreón.

Esto indudablemente puede ser interpretado de muchas formas, sin embargo no podemos negar la objetividad de las matemáticas ni el juicio de la ciudadanía: después de gobernar Torreón durante 3 años, las y los torreonenses decidieron negarle la continuidad a su proyecto.

20 años después, aprovechándose quizá de la falta de información o de evidencias de su primer gobierno, Jorge Zermeño logró hacerse del triunfo electoral, un triunfo que disfrutó el pero que ha padecido gran parte de la ciudad, y en estos dos meses la lista de sinsabores ya se va acumulando:

a) La elaboración a coste del erario de una magna verbena popular el día de su toma de protesta.
b) La contratación de personal sin experiencia.
c) El caso de Rosario Jiménez, saltillense que trabajó 15 días en SIMAS y cobró 90 mil pesos de liquidación, por cierto, militante del PAN.
d) Su constante acoso a los más de mil trabajadores del Ayuntamiento, llegando al caso de despidos injustificados.
e) La renta de patrullas a un valor 3 veces superior al costo de lista, y en renta.
f) El lamentable incremento de la inseguridad en la ciudad.
g) El caos vial sin precedentes en el Maratón Lala, dando una imagen internacional pésima.
h) El acoso insultante a la comunidad LGBT.

Esta lista tiene solo datos concretos que cualquiera puede verificar en una consulta por internet o de los periódicos de mayor circulación, y apenas llevamos dos meses de la supuesta mejor administración de Torreón del milenio pasado.

Torreón, lamentablemente lo único cierto de la oración anterior, es que efectivamente nos gobierna gente con prácticas del milenio pasado, que creen que el hostigamiento, los contratos en lo oscurito, el compadrazgo y la intolerancia pueden seguirse usando sin consecuencias: no es así, y el Torreón de hoy no va a permitir que siga pasando esto.