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  • Flor E. Rentería Medina

Estacionamientos de altura

El rol de México como un jugador en la economía mundial se ha disparado en los últimos años, lo cual ha traído muchas nuevas inversiones a nuestro país.

Acorde a datos del International Council of Shopping Centers, al 2015, México tenía casi 600 centros comerciales de gran tamaño, convirtiéndose así en el país de América Latina con más comercios de este tipo, y todos ellos con un tamaño promedio de 28 mil metros cuadrados de área rentable.

Según este organismo internacional, las proyecciones a los próximos 7 años son que México continúe como el líder indisputable en la construcción de “malls”, alcanzando hasta los 760, compitiendo con países europeos y consolidándose como una nación donde su población cuenta con una economía dinámica, capaz de generar empleo y productividad.

Tan solo como un parámetro cultural, los Estados Unidos, que tienen una población dos veces y media más grande que la nuestra, cuenta con mil centros comerciales, por lo que queda patente el importante valor que tienen estos complejos para que las y los mexicanos tengan acceso a los productos y servicios que necesitan.

El apogeo de estos centros comerciales ha venido acompañado, desgraciadamente, del uso de estacionamientos de pago, los cuales son, estrictamente hablando, una aplicación del contrato de depósito previsto en el Código Civil Federal, sin embargo, las condiciones específicas de este modelo de negocios se ha convertido en un fuerte gasto para los consumidores mexicanos.

Acorde a la empresa de análisis financiero Signum Research, los estacionamientos de pago generan márgenes de ganancia de hasta el 80%, esto debido a los muy reducidos gastos de operación, lo que los convierte en un negocio aún más rentable que ni el mismo petróleo, y que en algunos centros comerciales, pueden llegar a ascender hasta los 110 pesos por hora, siendo éste indudablemente un costo excesivo.

Amigas y amigos lectores, hace unos días aquí en La Laguna nos sorprendimos con que un centro comercial de la ciudad, que por su ubicación no tiene estacionamiento público cercano, aumentó su precio sin previo aviso; nos queda claro que el estacionamiento de cobro es un comercio válido y legítimo, sin embargo, la falta de una regulación oficial ha propiciado abusos que es necesario detener.

Los estacionamientos en centros comerciales cada vez son más caros, cambian sus precios sin previo aviso, y si bien deberían los comercios de poder proveer lugares de estacionamiento para sus consumidores, no podemos negar el legítimo derecho a constituir esto como un negocio, pero lo que sí podemos hacer, es regular para que el servicio sea uno de calidad, y no uno de abuso.

Es por lo anterior, que como diputada federal, presentaré en estos días una iniciativa para añadir un nuevo capítulo al Código Civil Federal para regular el depósito en los estacionamientos de centros comerciales, a fin de establecer, cuando menos, reglas base que permitan una relación más justa con las y los consumidores mexicanos.

Para puntualizar estas reglas, se propone que en el contrato de depósito en los estacionamientos de centros comerciales, todos los cajones de estacionamiento estén numerados y se asignen conforme se entra al estacionamiento, a fin de garantizar al usuario su acceso rápido al estacionamiento; hoy más que nunca el tiempo es un recurso muy valioso, y es una auténtica falta de respeto que se cobre el estacionamiento cuando muchas veces ni siquiera hay lugares disponibles, y el usuario se vea forzado a perder grandes lapsos de tiempo en encontrar algo por lo que se supone va a pagar.

Junto con esto, la propuesta contempla que se garantice un tiempo de tolerancia no menor a 15 minutos, así como la creación de tarifas escalonadas que contemplen cuando menos lapsos más económicos de una, tres y seis horas de estancia antes de cobrarse un día completo.

Además, se obliga al depositario, es decir, al estacionamiento, a garantizar la debida vigilancia del estacionamiento, y a responder por los daños causados por robo de su vehículo, además de notificar públicamente en partes visibles del centro comercial cuando menos con un mes de anticipación cuando el precio de sus servicios vaya a tener una variación.

Existe un dicho popular estimado lector, que dice que en ocasiones “sale más caro el caldo que las albóndigas”, y sin duda aplica muy bien aquí, donde en muchos casos nos sale más caro el estacionamiento que lo que vamos a adquirir. No podemos negar el derecho a cobrar el estacionamiento, pero sí podemos exigir que el servicio sea uno digno, a la altura de lo que cobran.