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El TLC y la incertidumbre

  • Samuel Aguilar Solís

El tratado comercial de América del Norte que inició el primero de enero de 1994 y que sin duda ha sido benéfico para nuestro país y seguro también para nuestros socios comerciales y que fue una jugada estratégica al inicio de los años 90´s después de la caída del Muro de Berlín y que además se constituyó en el mercado más importante incluso por encima de la Unión Europea, ahora enfrenta el reto de su contemporización conforme a las nuevas realidades tecnológicas, económicas, pero también políticas, es por ello que desde la campaña de Trump y ya con su triunfo nos encontramos en un proceso de renegociación de sus contenidos y reglas comerciales.

El Gobierno de Trump alega que el TLC ha dañado la economía norteamericana y que es el instrumento que ha permitido a empresas encontrar oportunidades mejores en países como México y que lo que él se propone es regresar esas empresas a su país para generar allá empleos, para ello ha propuesto desde acabar con el TLCAN a lo que hoy ya es un logro: una reforma tributaria que reduce los impuestos a las empresas que sin duda es un atractivo para trasladar empresas a Estados Unidos de Norteamérica o cuando menos su domicilio fiscal; si no logra acabar con el TLC, por las presiones de los propios empresarios norteamericanos, está manteniendo una posición de dureza en la renegociación de dicho acuerdo comercial.

Sin embargo, no solo mantiene firmeza en sus propuestas de renegociación en caso de que el TLC sobreviva por las presiones de sus empresarios y de sus votantes, sino que además sabe que México está inmerso en un proceso electoral que al día de hoy no se sabe quien puede ganar la Presidencia de la República, ni tener la mayoría en el Senado, recordemos que de sobrevivir el TLC, en los términos que sea éste tiene que ser ratificado por el Senado mexicano obvio, también por el norteamericano y el Congreso Canadiense, y de los primeros serán modificados en su correlación de fuerzas con el resultado electoral del primero de julio para México, y en noviembre para los Estados Unidos; pero además los negociadores mexicanos acuden con una baja legitimidad son representantes de un Presidente que cuenta solo con el 26% de aceptación y estos elementos son claros puntos de debilidad en la mesa de negociación de forma tal que aquí es donde los intereses económicos-comerciales se entrelazan con las realidades políticas para generar un producto: incertidumbre.

Incertidumbre de que, según el Laboratorio de Análisis en Comercio, Economía y Negocios de la UNAM (LACEN), de terminarse el Tratado, del cual nuestra economía tiene atado cerca del 23% del PIB; se elevaría el dólar por encima de los 23 pesos, la inflación podría alcanzar un 8%, las exportaciones del 95% de nuestros productos pasara de un 0% de arancel a un 3%, y en algunos casos al 6.6% con picos de hasta 25%.

Solo el valor de la balanza comercial de México con los Estados Unidos alcanzó en 2018 la cifra de 344,419 millones de dólares, teniendo nuestro país un superávit de 65,683 millones de dólares, esa es la magnitud de lo que está en juego y por supuesto los miles de empleos que el TLC ha generado, por ello es importante estar atentos a la séptima ronda de negociaciones que habrá de celebrarse en la ciudad de México del 26 de febrero al 6 de marzo y obvio al desenlace electoral, mientras tanto la incertidumbre acompaña no solo los vaivenes de la paridad del peso, la expectativa de un crecimiento económico mediocre para el 2018de 2.28 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) y de una inflación que puede alcanzar los 5 puntos, pero lo más importante, que si las renegociaciones se alargan más allá del 1º de julio, el primer semestre será de claro estancamiento económico y la incertidumbre puede arrastrar a la economía mexicana, esto en caso de una renegociación aún y que no sea favorable para México, pero si al final del día el TLCAN se termina, entonces el escenario de LACEN es más que probable.