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El fin del sistema político

  • Samuel Aguilar Solís

El fenómeno AMLO en México no debe resultar sorprendente ni a propios ni a extraños, y es que en el mundo, un cóctel de populismo, outsiders, antisistema y la crisis de los partidos po-líticos tradicionales se han convertido en un fenómeno global que se alimentan de una sociedad desencantada con los resul-tados que ha traído la democracia liberal. Una forma de go-bierno que se sobrevaloró en sus objetivos ya que se planteó para el mundo como la panacea desde la caída del muro de Berlín, prometiendo traer prosperidad, libertades e incluso fe-licidad.

Pero la democracia liberal encontró en sus detractores argu-mentos después de la última crisis financiera y económica glo-bal de 2008, la cual no sólo trajo desencanto, sino que explotó sus supuestas bondades llevando literalmente a la calle a los ciudadanos por la crisis de las personas imposibilitadas de pa-gar su vivienda, o que quedaron en el desempleo.

Sin embargo, la respuesta de los gobiernos ha sido parte de la explicación de la rabia social en no pocos sectores sociales, los cuales fueron testigos de cómo sus autoridades y repre-sentantes, aquellos elegidos democráticamente optaron por salvar a sus amigos, a la plutocracia, dando prioridad a los in-tereses financieros y no a las personas, sus hipotecas, sus empleos, etc.

Hoy la indignación social se vuelve exponencial por y en las redes sociales. Así, líderes carismáticos de todo el mundo han encontrado terreno fértil para ganar votos y adeptos por el har-tazgo social.

Del mismo modo, el discurso de polarización ha resultado exi-toso en casos de movimientos sociales, entendidos éstos co-mo acciones colectivas organizadas y que permanecen en el tiempo recurriendo a acciones a fin de impedir o de lograr cier-tos cambios en la sociedad.

El término de movimiento social surge en Europa en 1846 co-mo aspiración de sectores sociales para lograr influir en el Es-tado, y resulta interclasista, multipartidaria y abarca a varios segmentos de la sociedad.

Si bien los movimientos sociales surgen motivados por las de-sigualdades económicas y tienen su auge en la década de los 60´s como lógicas de participación ciudadana, hoy los movi-mientos se amplían y destacan los movimiento feminista (He for She por ejemplo), movimientos ambientalistas, movimien-tos obrero, pacifista o antimilitarista, antiglobalización (Okupa), entre otros.

Los movimientos sociales rara vez confluyen en un partido po-lítico, su labor es presionar al poder político mediante reivindi-caciones concretas o en crear alternativas, o en su caso llegar al poder como es el caso del movimiento En Marche! encabe-zado por Emmanuel Macron para llegar a la Presidencia de Francia. Pero también algunos movimientos han desembocado en organizaciones partidarias como Podemos en España, Mo-vimiento 5 estrellas en Italia o Syriza en Grecia por mencionar algunos.

En la propia alternativa al status quo encuentran su identidad y cohesión y en las nuevas plataformas sociales y el internet encuentran herramientas muy eficaces: velocidad, alcance y eficiencia.

Las diferencias entre movimientos sociales y partidos políticos resultan evidentes sobre todo en los partidos políticos tradicio-nales, los cuales arrastran burocracia, desprestigio, inmovilis-mo e incluso una ideología que le es ajena a los movimientos sociales, los cuales se mueven por causas.

Los movimientos sociales versus los partidos políticos tienen una débil estructura orgánica lo cual les permita agilidad, dis-curso temático o trasversal que les permite ser más adapta-bles, política no convencional o contenciosa y su orientación hacia el poder suele ser de conflicto, es decir, se comportan como una oposición en las demandas y temas que son su esencia.

La socialización de sus causas hacen visible sus demandas y es en donde ganan adeptos a sus causas.

¿Es el futuro de los partidos políticos convertirse en movi-mientos ciudadanos? ¿Qué futuro les espera a los partidos políticos?

¿Los movimientos sociales surgen por la crisis del modelo ca-pitalista o por la incapacidad de los gobernantes y sus inter-mediarios? ¿Los partidos son los responsables de llevar a per-sonas corruptas e incapaces al gobierno?

Quizá la respuesta vaya en ambos sentidos. Los partidos polí-ticos como intermediarios con la sociedad no solo como ma-quinarias del poder no han sido capaces de ser los interlocuto-res con la sociedad y la oferta que prestan a los ciudadanos resulta ser por decir lo menos, sumamente pobre y las diferen-cias ideológicas no han resultado en una diferencia en su ac-tuación frente a la ciudadanía. La “Mafia del Poder” en México y en el mundo es la que al final del día es la responsable por sus actos de llevar a la formación de alternativas que se amal-gaman por un liderazgo y que es capaz de ser la daga que apuñale al stablishment del cual la ciudadana se encuentra hastiada.

Es en este sentido que los partidos políticos y su forma parti-do que ha hecho evidente su colusión con el poder mas co-rruptor, con los poderes fácticos legales y no legales, alejado y enfrentado con la sociedad convalece y quizá ha llegado el tiempo de practicarle la eutanasia.

El sistema de partidos tal y como lo hemos conocido en Méxi-co que ha pasado de ser de un partido hegemónico a un sis-tema competido convalece y su eventual muerte traerá un cambio de régimen.

No resulta un adjetivo de mercadotecnia cuando al referirnos a la elección de 2018 hablamos de lo que está en juego. Una au-téntica batalla en la que la vida y la muerte del sistema político está en juego y la decisión de la ciudadanía puede ser mante-ner al paciente de manera artificial o darle fin al régimen que hasta hoy conocemos.

@aguilarsoliss