/ domingo 13 de diciembre de 2020

Sociedad de consumo

Se ha ido el Buen Fin, pero las celebraciones decembrinas están a la puerta. Se aproxima Navidad, y la gente se dispone a gastar y regalar hasta lo que no tiene. Así será este año a pesar de la pandemia y de los innegables problemas económicos actuales.

Por enésima vez, el consumismo con sus tentáculos de la publicidad nos atrapará en las celebraciones navideñas, y hará lo propio en las fiestas que se llevan a cabo con motivo del año nuevo.

Antes de gastar de manera inconsciente, hay que tomar muy en cuenta que el Covid-19 ha afectado no sólo la salud de la humanidad, sino también la salud de la economía mundial.

De acuerdo con estimaciones serias del Banco Mundial, la organización multinacional especializada en finanzas y asistencia, en el año 2018 alrededor de 736 millones de personas estaban en pobreza extrema.

Ese año, los seres humanos ni siquiera imaginábamos el surgimiento de una pandemia como la que vivimos desde el mes de marzo de este año. De entonces a la fecha, como consecuencia de la suspensión de actividades en varias empresas, millones de personas han perdido sus empleos, lo mismo en la República Mexicana que en las grandes potencias económicas del mundo.

A pesar de nuestros grandes problemas, tenemos que admitir que somos una sociedad de consumo, que no se conforma con los buenos deseos y las expresiones de felicitación propios de estos días. Así lo demostró la gente durante el pasado Buen Fin, en el transcurso del cual volvieron a comprarse productos innecesarios, y en donde la fuerza del “marketing” volvió a predominar.

Insisto en lo que he venido diciendo: somos una sociedad afanada en comprar cosas, presentes y regalos con el propósito de compartirlos con los amigos y familiares, personas especiales de acuerdo a nuestros afectos y sentimientos, a quienes podríamos regalar cosas más valiosas que las que se compran con dinero.

La costumbre de tener muchas cosas y de recibir cada vez más, es algo característico de la sociedad que nos ha tocado vivir, cuyo objetivo más importante es: tener más para disfrutar más.

¡Es realmente sorprendente cómo se gasta dinero en estas épocas! Se gasta más, mucho más de lo que se debería.

Pese a nuestras limitaciones económicas, somos muy dados a deslumbrar a las personas que nos rodean, pensando que –tanto en esta época del año como en las demás-, lo único que vale la pena es tener, poseer, disfrutar, ganar, etcétera.

Así las cosas, las ocasiones bonitas del año las hemos convertido en oportunidades para derrochar lo que tanto nos cuesta ganar, dejándonos seducir por las estrategias de mercadotecnia, tan de moda en nuestros días.

Previo a la Navidad volveremos a ver el inquieto transitar de los ansiosos buscadores de gangas y novedades que, al término de las fiestas navideñas y de fin de año, acabarán con fuertes síndromes depresivos, ansiedad, angustia, estrés y fatiga, consecuencia de haber dilapidado el patrimonio personal sin control ni perspectiva.

Pensemos no sólo en el impacto económico, sino también en el psicológico, acerca del cual han hablado los expertos del tema, quienes han señalado que, al principio de cada año, cuando enfrentamos la llamada cuesta de enero, un importante número de personas que consultan a los psicólogos, presentan un cuadro depresivo, así como ansiedad, estrés y otras patologías.

Esto podría evitarse dando amor y respeto a los demás, sin dejarnos arrastrar por los ejemplos consumistas de las personas que, en un abrir y cerrar de ojos, malgastan sus ahorros y aguinaldos en cosas superfluas e innecesarias. Quien actúa así es incapaz de darle la debida importancia a las cosas realmente valiosas de la vida. Tampoco puede dársela a los difíciles tiempos que, por causa del Covid-19, se avecinan, esto de acuerdo con los vaticinios de los expertos en economía y finanzas, de acuerdo con los cuales varias economías del mundo resultarán seriamente afectadas por la crisis del coronavirus.

Ante estas predicciones, lo mejor es que tomemos la sabia decisión de protegernos de las campañas publicitarias de las empresas que, con una clara inducción al consumo, ponen ante nuestros ojos una impresionante variedad de cosas, la mayoría de ellas superfluas, insustanciales y artificiales.


Twitter: @armayacastro

Se ha ido el Buen Fin, pero las celebraciones decembrinas están a la puerta. Se aproxima Navidad, y la gente se dispone a gastar y regalar hasta lo que no tiene. Así será este año a pesar de la pandemia y de los innegables problemas económicos actuales.

Por enésima vez, el consumismo con sus tentáculos de la publicidad nos atrapará en las celebraciones navideñas, y hará lo propio en las fiestas que se llevan a cabo con motivo del año nuevo.

Antes de gastar de manera inconsciente, hay que tomar muy en cuenta que el Covid-19 ha afectado no sólo la salud de la humanidad, sino también la salud de la economía mundial.

De acuerdo con estimaciones serias del Banco Mundial, la organización multinacional especializada en finanzas y asistencia, en el año 2018 alrededor de 736 millones de personas estaban en pobreza extrema.

Ese año, los seres humanos ni siquiera imaginábamos el surgimiento de una pandemia como la que vivimos desde el mes de marzo de este año. De entonces a la fecha, como consecuencia de la suspensión de actividades en varias empresas, millones de personas han perdido sus empleos, lo mismo en la República Mexicana que en las grandes potencias económicas del mundo.

A pesar de nuestros grandes problemas, tenemos que admitir que somos una sociedad de consumo, que no se conforma con los buenos deseos y las expresiones de felicitación propios de estos días. Así lo demostró la gente durante el pasado Buen Fin, en el transcurso del cual volvieron a comprarse productos innecesarios, y en donde la fuerza del “marketing” volvió a predominar.

Insisto en lo que he venido diciendo: somos una sociedad afanada en comprar cosas, presentes y regalos con el propósito de compartirlos con los amigos y familiares, personas especiales de acuerdo a nuestros afectos y sentimientos, a quienes podríamos regalar cosas más valiosas que las que se compran con dinero.

La costumbre de tener muchas cosas y de recibir cada vez más, es algo característico de la sociedad que nos ha tocado vivir, cuyo objetivo más importante es: tener más para disfrutar más.

¡Es realmente sorprendente cómo se gasta dinero en estas épocas! Se gasta más, mucho más de lo que se debería.

Pese a nuestras limitaciones económicas, somos muy dados a deslumbrar a las personas que nos rodean, pensando que –tanto en esta época del año como en las demás-, lo único que vale la pena es tener, poseer, disfrutar, ganar, etcétera.

Así las cosas, las ocasiones bonitas del año las hemos convertido en oportunidades para derrochar lo que tanto nos cuesta ganar, dejándonos seducir por las estrategias de mercadotecnia, tan de moda en nuestros días.

Previo a la Navidad volveremos a ver el inquieto transitar de los ansiosos buscadores de gangas y novedades que, al término de las fiestas navideñas y de fin de año, acabarán con fuertes síndromes depresivos, ansiedad, angustia, estrés y fatiga, consecuencia de haber dilapidado el patrimonio personal sin control ni perspectiva.

Pensemos no sólo en el impacto económico, sino también en el psicológico, acerca del cual han hablado los expertos del tema, quienes han señalado que, al principio de cada año, cuando enfrentamos la llamada cuesta de enero, un importante número de personas que consultan a los psicólogos, presentan un cuadro depresivo, así como ansiedad, estrés y otras patologías.

Esto podría evitarse dando amor y respeto a los demás, sin dejarnos arrastrar por los ejemplos consumistas de las personas que, en un abrir y cerrar de ojos, malgastan sus ahorros y aguinaldos en cosas superfluas e innecesarias. Quien actúa así es incapaz de darle la debida importancia a las cosas realmente valiosas de la vida. Tampoco puede dársela a los difíciles tiempos que, por causa del Covid-19, se avecinan, esto de acuerdo con los vaticinios de los expertos en economía y finanzas, de acuerdo con los cuales varias economías del mundo resultarán seriamente afectadas por la crisis del coronavirus.

Ante estas predicciones, lo mejor es que tomemos la sabia decisión de protegernos de las campañas publicitarias de las empresas que, con una clara inducción al consumo, ponen ante nuestros ojos una impresionante variedad de cosas, la mayoría de ellas superfluas, insustanciales y artificiales.


Twitter: @armayacastro

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