/ lunes 6 de mayo de 2019

Nacimiento del Apóstol Naasón Joaquín García

El año 1969 estuvo marcado por grandes acontecimientos tecnológicos y astronómicos, muchos de los cuales vinieron a transformar la manera en que los seres humanos vivimos y nos comunicamos.

Ese año tuvo lugar la primera transmisión de ARPANET, precursora de la actual red de Internet, y uno de los grandes hitos en la historia del desarrollo tecnológico de la humanidad.

Formada en un principio por unas 60 mil computadoras, surge como un proyecto experimental de carácter militar de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa, mejor conocida por su acrónimo DARPA, proveniente de su nombre original en inglés: Defense Advanced Research Projects Agency.

Con el correr de los años, ARPANET se convirtió en la base de una red de comunicación global y horizontal de miles de redes, “de la que se han apropiado individuos y grupos de todo el mundo para toda clase de propósitos…”, afirma Manuel Castells en su libro La era de la información: economía, sociedad y cultura.

Otro acontecimiento de relevancia ocurrido ese año, específicamente el 21 de julio de 1969, fue el alunizaje del Apolo XI. Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins llegaron en la fecha antes mencionada a la Luna, y los telespectadores de todo el mundo contemplaron admirados la forma en que el hombre pisó por vez primera la superficie lunar, marcando su huella sobre ésta. Para muchos, este suceso representó el comienzo de la conquista del espacio sideral.

El plan de Dios, diseñado con perfección desde antes de la fundación del mundo, dispuso para ese año un acontecimiento con un aporte mucho mejor que la conquista de la luna y que la invención del Internet. Los apóstoles nacen por voluntad de Dios para un propósito eminentemente espiritual, el cual contribuye a que los hombres conquisten algo mejor que la luna o que cualquier planeta del espacio exterior: el reino de los cielos. Su aporte comunicacional es más efectivo que el Internet, una tecnología que puede comunicar a los seres humanos entre sí, pero que es incapaz de comunicar a las almas con Dios, algo que el ministerio apostólico logra con creces y de manera eficaz.

Este feliz suceso tuvo lugar en la ciudad de Guadalajara, capital del estado de Jalisco, el miércoles 7 de mayo de 1969, cuando el apóstol Samuel Joaquín Flores estaba próximo a cumplir 5 años de apostolado, intervalo en el cual se había dedicado sin tregua a la predicación del evangelio.

Por ser simiente del hombre que por elección de Dios ejercía en ese tiempo el gobierno espiritual de la Iglesia La Luz del Mundo, su nacimiento fue de regocijo para la totalidad de los fieles y colaboradores del apóstol Samuel Joaquín.

Sin embargo, en ese tiempo todos ellos ignoraban que, 45 años después, aquel recién nacido se convertiría en el consuelo del pueblo, una vez que Dios manifestara al corazón de los suyos el por qué y para qué había nacido su apóstol Naasón Joaquín.

La mayoría pasó desapercibida la trascendencia de su nacimiento, acaecido hace casi 50 años. Tampoco su padre sabía que su pequeño había sido escogido por Dios para una obra de salvación, semejante a la que él desempeñó en su tiempo por mandato de Dios.

Con el nacimiento del apóstol Naasón Joaquín, Dios se aseguró que su Iglesia quedara bajo buen resguardo una vez que la misión espiritual del apóstol Samuel Joaquín llegara a su fin. Cuando esto ocurrió en la ciudad de Guadalajara, el 8 de diciembre de 2014, el creador no necesitó improvisar absolutamente nada, pues todo lo tenía resuelto desde antes de la creación del tiempo, del espacio y la materia.

Luego de su glorioso llamamiento al apostolado, acaecido en la fecha antes mencionada, Dios comenzó a manifestar su elección a los ordenados para vida eterna, lo mismo en México que en todo el mundo. De esta manera, el Altísimo preparó todo para la manifestación a la Iglesia de la elección de su enviado, una obra que Dios realizó con perfección, y mediante la cual los fieles de la Iglesia comenzaron a entender lo que antes no entendían: que el nacimiento de este hombre de Dios debe ser motivo de gozo y alegría.

A partir de entonces, la Iglesia supo que, en la nueva era, el apóstol Naasón Joaquín García sería lo que en su tiempo fueron los apóstoles Aarón y Samuel Joaquín: el centro de todas las cosas por causa de su elección, que es la joya cuyo resplandor anuncia la venida de Cristo, y que hace que la atención de Dios se centre en su ungido, lo mismo que la atención de su pueblo.

El año 1969 estuvo marcado por grandes acontecimientos tecnológicos y astronómicos, muchos de los cuales vinieron a transformar la manera en que los seres humanos vivimos y nos comunicamos.

Ese año tuvo lugar la primera transmisión de ARPANET, precursora de la actual red de Internet, y uno de los grandes hitos en la historia del desarrollo tecnológico de la humanidad.

Formada en un principio por unas 60 mil computadoras, surge como un proyecto experimental de carácter militar de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa, mejor conocida por su acrónimo DARPA, proveniente de su nombre original en inglés: Defense Advanced Research Projects Agency.

Con el correr de los años, ARPANET se convirtió en la base de una red de comunicación global y horizontal de miles de redes, “de la que se han apropiado individuos y grupos de todo el mundo para toda clase de propósitos…”, afirma Manuel Castells en su libro La era de la información: economía, sociedad y cultura.

Otro acontecimiento de relevancia ocurrido ese año, específicamente el 21 de julio de 1969, fue el alunizaje del Apolo XI. Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins llegaron en la fecha antes mencionada a la Luna, y los telespectadores de todo el mundo contemplaron admirados la forma en que el hombre pisó por vez primera la superficie lunar, marcando su huella sobre ésta. Para muchos, este suceso representó el comienzo de la conquista del espacio sideral.

El plan de Dios, diseñado con perfección desde antes de la fundación del mundo, dispuso para ese año un acontecimiento con un aporte mucho mejor que la conquista de la luna y que la invención del Internet. Los apóstoles nacen por voluntad de Dios para un propósito eminentemente espiritual, el cual contribuye a que los hombres conquisten algo mejor que la luna o que cualquier planeta del espacio exterior: el reino de los cielos. Su aporte comunicacional es más efectivo que el Internet, una tecnología que puede comunicar a los seres humanos entre sí, pero que es incapaz de comunicar a las almas con Dios, algo que el ministerio apostólico logra con creces y de manera eficaz.

Este feliz suceso tuvo lugar en la ciudad de Guadalajara, capital del estado de Jalisco, el miércoles 7 de mayo de 1969, cuando el apóstol Samuel Joaquín Flores estaba próximo a cumplir 5 años de apostolado, intervalo en el cual se había dedicado sin tregua a la predicación del evangelio.

Por ser simiente del hombre que por elección de Dios ejercía en ese tiempo el gobierno espiritual de la Iglesia La Luz del Mundo, su nacimiento fue de regocijo para la totalidad de los fieles y colaboradores del apóstol Samuel Joaquín.

Sin embargo, en ese tiempo todos ellos ignoraban que, 45 años después, aquel recién nacido se convertiría en el consuelo del pueblo, una vez que Dios manifestara al corazón de los suyos el por qué y para qué había nacido su apóstol Naasón Joaquín.

La mayoría pasó desapercibida la trascendencia de su nacimiento, acaecido hace casi 50 años. Tampoco su padre sabía que su pequeño había sido escogido por Dios para una obra de salvación, semejante a la que él desempeñó en su tiempo por mandato de Dios.

Con el nacimiento del apóstol Naasón Joaquín, Dios se aseguró que su Iglesia quedara bajo buen resguardo una vez que la misión espiritual del apóstol Samuel Joaquín llegara a su fin. Cuando esto ocurrió en la ciudad de Guadalajara, el 8 de diciembre de 2014, el creador no necesitó improvisar absolutamente nada, pues todo lo tenía resuelto desde antes de la creación del tiempo, del espacio y la materia.

Luego de su glorioso llamamiento al apostolado, acaecido en la fecha antes mencionada, Dios comenzó a manifestar su elección a los ordenados para vida eterna, lo mismo en México que en todo el mundo. De esta manera, el Altísimo preparó todo para la manifestación a la Iglesia de la elección de su enviado, una obra que Dios realizó con perfección, y mediante la cual los fieles de la Iglesia comenzaron a entender lo que antes no entendían: que el nacimiento de este hombre de Dios debe ser motivo de gozo y alegría.

A partir de entonces, la Iglesia supo que, en la nueva era, el apóstol Naasón Joaquín García sería lo que en su tiempo fueron los apóstoles Aarón y Samuel Joaquín: el centro de todas las cosas por causa de su elección, que es la joya cuyo resplandor anuncia la venida de Cristo, y que hace que la atención de Dios se centre en su ungido, lo mismo que la atención de su pueblo.

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