/ viernes 29 de enero de 2021

Luis XIV, llamado el Rey Sol, monarca francés absolutista y extravagante

Luis XIV, soberano de Francia durante 72 años, fue conocido como el Rey Sol, y es señalado por los historiadores como el máximo exponente de la monarquía absoluta, por su régimen centralizado.

A él se le adjudica la frase “El Estado soy yo”, si bien parece ser que esa cita es atribuida a la propaganda de sus detractores y particularmente a quienes se oponían a su absolutismo, que posteriormente adoptaron los principales reinos europeos de aquella época.

Nació en Saint Germain en Laye, Francia, en 1638; sus padres, fueron Luis XIII “El Justo” y Ana de Austria. Fue proclamado rey cuando tenía cinco años de edad, y en la regencia de su madre, nombró como Primer Ministro al cardenal Mazarino, en tanto llegaba la edad del monarca para poder ser coronado, lo cual ocurrió en 1654.

En 1659, el Primer Ministro firmó los Tratados de los Pirineos y con ello concertó el matrimonio del monarca con la Infanta María Teresa de España; dos años más tarde, al morir el cardenal Mazerino, el rey asumió plenamente el poder, proponiéndose a tomar las riendas del gobierno sin nadie más de por medio.

Luis XIV supo primero acallar y después conquistar las voces que desaprobaban su reinado, incluso lográndolo con el apoyo de su pueblo. Se proclamó representante de la voluntad de Dios, y como tal, impuso su voluntad, no sólo dentro del gobierno francés sino en todos los ámbitos de la vida nacional.

Por lo anterior, llevó a cabo una total reorganización en la economía, y la reforma del ejército, con el cual consiguió numerosas victorias en diferentes batallas; hizo de Francia la primera potencia cultural europea y se erigió en el protagonista absoluto de la vida social francesa.

Preocupado por su imagen, al verse en un espejo del palacio real, se percató de su baja estatura. Luis XIV no sólo siguió las tendencias de la moda, sino que dada su influencia impuso algunas de sus costumbres en el vestir, tales como el uso de enormes pelucas de pelo natural, las mangas de sus camisas adornadas de finos encajes venecianos y sus famosos zapatos de tacón alto.

Su calzado era de corte único, trabajadas por su zapatero personal, Nicholas Lestage, artesano francés que recibía instrucciones precisas para elaborar piezas refinadas, adornadas con vistosos lazos de color, brocados y con piedras preciosas incrustadas; suelas de color rojo, tacones con una pequeña curvatura y con bordados de plata. En síntesis todo un derroche de imaginación y sofisticación.

Hasta tal punto era fanático el Rey Sol de sus zapatos, que prohibió llevar el exclusivo modelo al resto de la corte, y para hacer constatar su supremacía, decretó que el que desobedeciera su mandato sobre este particular, sería reo de culpa con pena de muerte.

Luis XIV era fatuo y orgulloso, pues estaba convencido de que era el más grande rey del mundo y que esa condición se la debía a la voluntad del Ser Supremo, lo cual en parte no era extraño esto último, pues todos los monarcas de su tiempo daban por hecho que ser rey era un designio divino y que todos los hombres debían reconocerlo y acatarlo.

Hizo redactar un minucioso y complicado ceremonial para normar la conducta de los alrededor de 10,000 cortesanos, cada uno con una función; por ejemplo, uno era para sostener la camisa mientras se vestía, otro la peluca, etc., y si observaba que alguno mostraba disgusto o mala voluntad por la vida de la corte, era castigado según lo disponía en cada caso.

Mantuvo su palacio en Louvre y luego la trasladó a Versalles, que era originalmente una casa de campo de su padre, pero que la convirtió en una suntuosa residencia, con innumerables habitaciones y salones. Impulsó el desarrollo de las artes y las letras; creo las academias de las Ciencias, de Bellas Artes y de Música; mandó construir el Hospicio de los Inválidos, destinado a alojar a los soldados mutilados en la guerra.

En cuanto a lo religioso, su gobierno trató de imponer el catolicismo y no vaciló en emplear la violencia contra los protestantes o bien de otras creencias. En lo político, sus mayores esfuerzos fueron encaminados a la expansión y la conquista de nuevos territorios, y en su larga sucesión de guerras acabó por perder la amistad con la mayoría de las potencias europeas, además de agotar económicamente su país por el alto costo del ejército, que al final de cuentas recaía en impuestos a toda la población.

Luis XIV era un hombre ilustrado e irresistible a sus decisiones por su autoridad, pero particularmente a no pocas de las mujeres de la corte y por ello conquistó a muchas de ellas, y pesar de todo sólo contrajo matrimonio en dos ocasiones en su reinado; con la infanta María Teresa, hija del rey de España, Felipe IV, y con madame Maintenon, quien lo convenció que contuviera la inmoralidad imperante en la corte.

El Rey Sol murió a la edad de 77 años, y sus restos descansan aún en la Basílica de Saint Denis, en París. Su mandato fue tan longevo que ni sus hijos, ni sus nietos, pudieron llegar a suplirlo, por lo que fue su bisnieto, Luis XV, el que asumió el trono.


(*) Compilador de historia.

Retrato del Rey Sol realizado en 1701 por Hyacinthe Rigaud,

Luis XIV, soberano de Francia durante 72 años, fue conocido como el Rey Sol, y es señalado por los historiadores como el máximo exponente de la monarquía absoluta, por su régimen centralizado.

A él se le adjudica la frase “El Estado soy yo”, si bien parece ser que esa cita es atribuida a la propaganda de sus detractores y particularmente a quienes se oponían a su absolutismo, que posteriormente adoptaron los principales reinos europeos de aquella época.

Nació en Saint Germain en Laye, Francia, en 1638; sus padres, fueron Luis XIII “El Justo” y Ana de Austria. Fue proclamado rey cuando tenía cinco años de edad, y en la regencia de su madre, nombró como Primer Ministro al cardenal Mazarino, en tanto llegaba la edad del monarca para poder ser coronado, lo cual ocurrió en 1654.

En 1659, el Primer Ministro firmó los Tratados de los Pirineos y con ello concertó el matrimonio del monarca con la Infanta María Teresa de España; dos años más tarde, al morir el cardenal Mazerino, el rey asumió plenamente el poder, proponiéndose a tomar las riendas del gobierno sin nadie más de por medio.

Luis XIV supo primero acallar y después conquistar las voces que desaprobaban su reinado, incluso lográndolo con el apoyo de su pueblo. Se proclamó representante de la voluntad de Dios, y como tal, impuso su voluntad, no sólo dentro del gobierno francés sino en todos los ámbitos de la vida nacional.

Por lo anterior, llevó a cabo una total reorganización en la economía, y la reforma del ejército, con el cual consiguió numerosas victorias en diferentes batallas; hizo de Francia la primera potencia cultural europea y se erigió en el protagonista absoluto de la vida social francesa.

Preocupado por su imagen, al verse en un espejo del palacio real, se percató de su baja estatura. Luis XIV no sólo siguió las tendencias de la moda, sino que dada su influencia impuso algunas de sus costumbres en el vestir, tales como el uso de enormes pelucas de pelo natural, las mangas de sus camisas adornadas de finos encajes venecianos y sus famosos zapatos de tacón alto.

Su calzado era de corte único, trabajadas por su zapatero personal, Nicholas Lestage, artesano francés que recibía instrucciones precisas para elaborar piezas refinadas, adornadas con vistosos lazos de color, brocados y con piedras preciosas incrustadas; suelas de color rojo, tacones con una pequeña curvatura y con bordados de plata. En síntesis todo un derroche de imaginación y sofisticación.

Hasta tal punto era fanático el Rey Sol de sus zapatos, que prohibió llevar el exclusivo modelo al resto de la corte, y para hacer constatar su supremacía, decretó que el que desobedeciera su mandato sobre este particular, sería reo de culpa con pena de muerte.

Luis XIV era fatuo y orgulloso, pues estaba convencido de que era el más grande rey del mundo y que esa condición se la debía a la voluntad del Ser Supremo, lo cual en parte no era extraño esto último, pues todos los monarcas de su tiempo daban por hecho que ser rey era un designio divino y que todos los hombres debían reconocerlo y acatarlo.

Hizo redactar un minucioso y complicado ceremonial para normar la conducta de los alrededor de 10,000 cortesanos, cada uno con una función; por ejemplo, uno era para sostener la camisa mientras se vestía, otro la peluca, etc., y si observaba que alguno mostraba disgusto o mala voluntad por la vida de la corte, era castigado según lo disponía en cada caso.

Mantuvo su palacio en Louvre y luego la trasladó a Versalles, que era originalmente una casa de campo de su padre, pero que la convirtió en una suntuosa residencia, con innumerables habitaciones y salones. Impulsó el desarrollo de las artes y las letras; creo las academias de las Ciencias, de Bellas Artes y de Música; mandó construir el Hospicio de los Inválidos, destinado a alojar a los soldados mutilados en la guerra.

En cuanto a lo religioso, su gobierno trató de imponer el catolicismo y no vaciló en emplear la violencia contra los protestantes o bien de otras creencias. En lo político, sus mayores esfuerzos fueron encaminados a la expansión y la conquista de nuevos territorios, y en su larga sucesión de guerras acabó por perder la amistad con la mayoría de las potencias europeas, además de agotar económicamente su país por el alto costo del ejército, que al final de cuentas recaía en impuestos a toda la población.

Luis XIV era un hombre ilustrado e irresistible a sus decisiones por su autoridad, pero particularmente a no pocas de las mujeres de la corte y por ello conquistó a muchas de ellas, y pesar de todo sólo contrajo matrimonio en dos ocasiones en su reinado; con la infanta María Teresa, hija del rey de España, Felipe IV, y con madame Maintenon, quien lo convenció que contuviera la inmoralidad imperante en la corte.

El Rey Sol murió a la edad de 77 años, y sus restos descansan aún en la Basílica de Saint Denis, en París. Su mandato fue tan longevo que ni sus hijos, ni sus nietos, pudieron llegar a suplirlo, por lo que fue su bisnieto, Luis XV, el que asumió el trono.


(*) Compilador de historia.

Retrato del Rey Sol realizado en 1701 por Hyacinthe Rigaud,

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