/ miércoles 24 de junio de 2020

La salud del militar

Hace unos días llamó la atención la prisa con la que algunos medios de comunicación reportaron el “fallecimiento” por Covid-19, del comandante de la 17 zona militar en Quéretaro. Parecía como si urgiera que el primer mando territorial del Ejército que fue internado de emergencia con un cuadro clínico de pronóstico reservado fuera declarado muerto aunque sus sentidos vitales y su pulso mostraran lo contrario.

El vacío informativo que caracteriza a la SecretarÍa de la Defensa Nacional cada vez que sucede un hecho que repercute en el manejo interno de situaciones de crisis, como sucede con los focos de contagio por coronavirus en diversos cuarteles y bases militares del país, dio margen a la especulación, que no paró hasta que los allegados del paciente y la dependencia desmintieran el supuesto fallecimiento.

De forma oficial, a principio de la semana pasada se informó de la muerte del general de brigada Daniel Elpidio Nicolás Camacho, exactamente un año después de que tomó el mando de la zona militar de Querétaro.

Su caso confirmó lo que en este espacio se adelantó hace tiempo sobre la ausencia de una estrategia sanitaria para proteger a las unidades operativas del Ejército en territorio nacional. Y, sobre todo, la falta de preparación técnica entre los mandos militares en torno a la gravedad del Covid-19.

Si el caso del puesto de control en la carretera Hermosillo-Nogales, en la zona conocida como Querobabi, donde se viralizaron las imágenes de soldados infectados por Covid-19 agonizando en camastros, exhibieron la falta de preparación de los mandos superiores para reaccionar a tiempo y evitar una cadena de contagios, el crecimiento del número de casos en los diferentes niveles del escalafón mostró la falta de una estrategia integral que unificara criterios.

Al menos media decena de altos mandos militares han resultado positivos a la prueba de Covid-19. Algunos de ellos ya han sido dados de alta como sucedió hace unas semanas con el comandante de la octava zona militar en Reynosa, el general Carlos Arturo Pancardo Escudero; otros se encuentran bajo observación médica como el general César Augusto Bonilla Orozco, comandante de la 37 zona militar en Santa Lucía. Y algunos más se han contagiado comisionados en la Guardia Nacional.


Desde siempre la salud del militar ha sido lo primero que se evalúa cada año cuando se acercan las fechas de las promociones. En el caso de los generales se vigila con cierta periodicidad por la importancia que representan en el Ejército, no por nada entre los viejos militares como hacía el general Marcelino García Barragán, ex secretario de la Defensa Nacional, la primera recomendación a un subordinado era “cuida tu salud”.

La pandemia por Covid-19 ha contrastado la efectividad de los protocolos sanitarios del Ejército y la Marina, donde de nuevo la Armada de México ha demostrado estar mejor organizada en sus diferentes niveles.

Se trata no sólo de una mejor organización de los marinos, sino de una comunicación efectiva al interior y mayor coordinacion al exterior. Quizá por ello los cabecillas del crimen le temen mas hoy día a una operación de la Marina que a un despliegue del Ejército

@velediaz424

Hace unos días llamó la atención la prisa con la que algunos medios de comunicación reportaron el “fallecimiento” por Covid-19, del comandante de la 17 zona militar en Quéretaro. Parecía como si urgiera que el primer mando territorial del Ejército que fue internado de emergencia con un cuadro clínico de pronóstico reservado fuera declarado muerto aunque sus sentidos vitales y su pulso mostraran lo contrario.

El vacío informativo que caracteriza a la SecretarÍa de la Defensa Nacional cada vez que sucede un hecho que repercute en el manejo interno de situaciones de crisis, como sucede con los focos de contagio por coronavirus en diversos cuarteles y bases militares del país, dio margen a la especulación, que no paró hasta que los allegados del paciente y la dependencia desmintieran el supuesto fallecimiento.

De forma oficial, a principio de la semana pasada se informó de la muerte del general de brigada Daniel Elpidio Nicolás Camacho, exactamente un año después de que tomó el mando de la zona militar de Querétaro.

Su caso confirmó lo que en este espacio se adelantó hace tiempo sobre la ausencia de una estrategia sanitaria para proteger a las unidades operativas del Ejército en territorio nacional. Y, sobre todo, la falta de preparación técnica entre los mandos militares en torno a la gravedad del Covid-19.

Si el caso del puesto de control en la carretera Hermosillo-Nogales, en la zona conocida como Querobabi, donde se viralizaron las imágenes de soldados infectados por Covid-19 agonizando en camastros, exhibieron la falta de preparación de los mandos superiores para reaccionar a tiempo y evitar una cadena de contagios, el crecimiento del número de casos en los diferentes niveles del escalafón mostró la falta de una estrategia integral que unificara criterios.

Al menos media decena de altos mandos militares han resultado positivos a la prueba de Covid-19. Algunos de ellos ya han sido dados de alta como sucedió hace unas semanas con el comandante de la octava zona militar en Reynosa, el general Carlos Arturo Pancardo Escudero; otros se encuentran bajo observación médica como el general César Augusto Bonilla Orozco, comandante de la 37 zona militar en Santa Lucía. Y algunos más se han contagiado comisionados en la Guardia Nacional.


Desde siempre la salud del militar ha sido lo primero que se evalúa cada año cuando se acercan las fechas de las promociones. En el caso de los generales se vigila con cierta periodicidad por la importancia que representan en el Ejército, no por nada entre los viejos militares como hacía el general Marcelino García Barragán, ex secretario de la Defensa Nacional, la primera recomendación a un subordinado era “cuida tu salud”.

La pandemia por Covid-19 ha contrastado la efectividad de los protocolos sanitarios del Ejército y la Marina, donde de nuevo la Armada de México ha demostrado estar mejor organizada en sus diferentes niveles.

Se trata no sólo de una mejor organización de los marinos, sino de una comunicación efectiva al interior y mayor coordinacion al exterior. Quizá por ello los cabecillas del crimen le temen mas hoy día a una operación de la Marina que a un despliegue del Ejército

@velediaz424

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