/ lunes 19 de octubre de 2020

La Gran Guerra

Hace días el presidente Donald Trump dio positivo por Covid-19, una situación que obligó al republicano a pasar tres días en el hospital naval Walter Reed, el mejor y más importante centro médico de Estados Unidos.

Esta noticia, que rápidamente le dio la vuelta al mundo, preocupó a los estadounidenses y nos hizo recordar que, en 1919, el presidente estadounidense Thomas Woodrow Wilson se contagió de la mal llamada gripe española, “causada por un brote del virus influenza A del subtipo H1N1”. Al momento del contagio, el mandatario norteamericano se hallaba en la Conferencia de Paz de París para establecer los términos del final de la Primera Guerra Mundial.

Pero, ¿cómo entró a esa guerra Estados Unidos? Recordemos: en la administración de Woodrow Wilson tuvo lugar frente a las costas de Irlanda el hundimiento del buque de pasaje “Lusitania”, el 7 de mayo de 1915. El ataque, lanzado por el submarino alemán U-boat U-20, ocasionó la muerte de mil 198 pasajeros, 128 de los cuales eran estadounidenses de diversas edades, entre ellos bebés y niños.

Este desastre naval, uno de los mayores ocurridos a un buque de línea durante la Primera Guerra Mundial, justificó la decisión de Estados Unidos a abandonar su neutralidad y a entrar a la confrontación bélica mundial que comenzó el 28 de julio de 1914 y terminó el 11 de noviembre de 1918, específicamente cuando Alemania aceptó las condiciones del armisticio, de las cuales hablaremos en párrafos posteriores.

En la “Gran Guerra”, como se conoció entonces al conflicto mundial, “fallecieron unos 10 millones de personas y hubo bajas de unos 37 millones de personas: desaparecidas, mutiladas, heridas, etc.”. El costo económico fue impresionante: unos 186 mil millones de dólares, así como la ruina económica de Alemania y otros países. Otra consecuencia de la guerra fue la creación de la Sociedad de Naciones (SDN), un organismo internacional creado por el Tratado de Versalles, el 28 de junio de 1919.

Con sede en Ginebra, Suiza, la SDN se encargó a partir de su creación del fomento de la cooperación y desarrollo social y cultural de las naciones que formaron parte de ella. Cada uno de los países parte asumió el siguiente compromiso para evitar un conflicto del tamaño de la Primera Guerra Mundial, la cual comenzó como un enfrentamiento entre el Imperio austrohúngaro y Serbia, y cuyo último desencadenante fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero del trono austrohúngaro, el 28 de junio de 1914. Austria responsabilizó a Serbia de la muerte del archiduque y exigió satisfacciones que no logró, lo que la llevó a declarar la guerra e invadir territorio serbio.

Al firmar el Tratado de Versalles, los líderes de los países interesados en la paz pensaban en cómo evitar la repetición de los horrores de la guerra y sus funestas consecuencias en agravio de la población civil: hambre, enfermedades, paralización transitoria de las letras en algunas regiones, así como de las artes, la cultura, etcétera. Otro problema en el marco de la guerra fue el azote del virus mencionado en el párrafo segundo de esta columna, que en 1918 golpeó al mundo entero, incluido el ejército estadunidense. Un texto publicado en la web del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), señala que “los espacios reducidos y cerrados y los movimientos masivos de tropas ayudaron a impulsar la propagación de la enfermedad”.

La creación de la Sociedad de Naciones se llevó a cabo por iniciativa e impulso del presidente Woodrow Wilson, quien sentó las bases del Tratado de Versalles, firmado por más de cincuenta naciones del mundo con el propósito de promover la cooperación internacional, la paz y la seguridad mundial. El tratado estipulaba los acuerdos que los vencedores, Francia, Inglaterra, Italia y Estados Unidos, habían negociado previamente en secreto.

Este pacto imponía condiciones duras a Alemania por parte de las naciones vencedoras. Los vencidos, Alemania principalmente, “entendieron el tratado como un acto de imposición y no como una negociación”, sobre todo por lo que imponía el artículo 131:

“Los gobiernos aliados y asociados exigen [...] que sean reparados todos los daños causados a la población civil de cada una de las potencias aliadas y asociadas, y a sus bienes durante el periodo en que cada una haya estado en situación beligerante con Alemania, por dicha agresión por tierra, por mar y por los aires y, en general, todos los daños...".

La dureza de los términos del Tratado de Versalles, como la decisión de que Alemania indemnizara a las naciones vencedoras y contara con un ejército limitado (no más de 100 mil hombres), anunciaba conflictos posteriores que hacían previsible una Segunda Guerra Mundial, que con Hitler al frente de Alemania terminó siendo mucho más destructiva que la primera.

Armando Maya Castro

Twitter: @armayacastro

Hace días el presidente Donald Trump dio positivo por Covid-19, una situación que obligó al republicano a pasar tres días en el hospital naval Walter Reed, el mejor y más importante centro médico de Estados Unidos.

Esta noticia, que rápidamente le dio la vuelta al mundo, preocupó a los estadounidenses y nos hizo recordar que, en 1919, el presidente estadounidense Thomas Woodrow Wilson se contagió de la mal llamada gripe española, “causada por un brote del virus influenza A del subtipo H1N1”. Al momento del contagio, el mandatario norteamericano se hallaba en la Conferencia de Paz de París para establecer los términos del final de la Primera Guerra Mundial.

Pero, ¿cómo entró a esa guerra Estados Unidos? Recordemos: en la administración de Woodrow Wilson tuvo lugar frente a las costas de Irlanda el hundimiento del buque de pasaje “Lusitania”, el 7 de mayo de 1915. El ataque, lanzado por el submarino alemán U-boat U-20, ocasionó la muerte de mil 198 pasajeros, 128 de los cuales eran estadounidenses de diversas edades, entre ellos bebés y niños.

Este desastre naval, uno de los mayores ocurridos a un buque de línea durante la Primera Guerra Mundial, justificó la decisión de Estados Unidos a abandonar su neutralidad y a entrar a la confrontación bélica mundial que comenzó el 28 de julio de 1914 y terminó el 11 de noviembre de 1918, específicamente cuando Alemania aceptó las condiciones del armisticio, de las cuales hablaremos en párrafos posteriores.

En la “Gran Guerra”, como se conoció entonces al conflicto mundial, “fallecieron unos 10 millones de personas y hubo bajas de unos 37 millones de personas: desaparecidas, mutiladas, heridas, etc.”. El costo económico fue impresionante: unos 186 mil millones de dólares, así como la ruina económica de Alemania y otros países. Otra consecuencia de la guerra fue la creación de la Sociedad de Naciones (SDN), un organismo internacional creado por el Tratado de Versalles, el 28 de junio de 1919.

Con sede en Ginebra, Suiza, la SDN se encargó a partir de su creación del fomento de la cooperación y desarrollo social y cultural de las naciones que formaron parte de ella. Cada uno de los países parte asumió el siguiente compromiso para evitar un conflicto del tamaño de la Primera Guerra Mundial, la cual comenzó como un enfrentamiento entre el Imperio austrohúngaro y Serbia, y cuyo último desencadenante fue el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo, heredero del trono austrohúngaro, el 28 de junio de 1914. Austria responsabilizó a Serbia de la muerte del archiduque y exigió satisfacciones que no logró, lo que la llevó a declarar la guerra e invadir territorio serbio.

Al firmar el Tratado de Versalles, los líderes de los países interesados en la paz pensaban en cómo evitar la repetición de los horrores de la guerra y sus funestas consecuencias en agravio de la población civil: hambre, enfermedades, paralización transitoria de las letras en algunas regiones, así como de las artes, la cultura, etcétera. Otro problema en el marco de la guerra fue el azote del virus mencionado en el párrafo segundo de esta columna, que en 1918 golpeó al mundo entero, incluido el ejército estadunidense. Un texto publicado en la web del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), señala que “los espacios reducidos y cerrados y los movimientos masivos de tropas ayudaron a impulsar la propagación de la enfermedad”.

La creación de la Sociedad de Naciones se llevó a cabo por iniciativa e impulso del presidente Woodrow Wilson, quien sentó las bases del Tratado de Versalles, firmado por más de cincuenta naciones del mundo con el propósito de promover la cooperación internacional, la paz y la seguridad mundial. El tratado estipulaba los acuerdos que los vencedores, Francia, Inglaterra, Italia y Estados Unidos, habían negociado previamente en secreto.

Este pacto imponía condiciones duras a Alemania por parte de las naciones vencedoras. Los vencidos, Alemania principalmente, “entendieron el tratado como un acto de imposición y no como una negociación”, sobre todo por lo que imponía el artículo 131:

“Los gobiernos aliados y asociados exigen [...] que sean reparados todos los daños causados a la población civil de cada una de las potencias aliadas y asociadas, y a sus bienes durante el periodo en que cada una haya estado en situación beligerante con Alemania, por dicha agresión por tierra, por mar y por los aires y, en general, todos los daños...".

La dureza de los términos del Tratado de Versalles, como la decisión de que Alemania indemnizara a las naciones vencedoras y contara con un ejército limitado (no más de 100 mil hombres), anunciaba conflictos posteriores que hacían previsible una Segunda Guerra Mundial, que con Hitler al frente de Alemania terminó siendo mucho más destructiva que la primera.

Armando Maya Castro

Twitter: @armayacastro

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