/ jueves 7 de febrero de 2019

La Constitución, un orgullo para Coahuila

Amigas y amigos, el día de ayer conmemoramos un aniversario más de la promulgación de nuestra Carta Magna; hace ya 102 años, el Congreso Constituyente convocado por Venustiano Carranza, tras la usurpación del poder de Victoriano Huerta, abrió su periodo de sesiones el 1 de diciembre de 1916, y clausuró su periodo el 31 de enero del siguiente año, tras dos meses de arduos debates y acuerdos.

Estando así las cosa, el 05 de febrero se promulgó nuestra Constitución actual, con el nombre formal de “Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que reforma la del 05 de febrero de 1857”, la cual toma como base efectivamente la Ley Suprema del periodo de Reforma y la misma Constitución de Apatzingán, característica de la Independencia, tomando de la primera los conceptos de derechos humanos y la separación Iglesia y Estado, y de la segunda la libertad de los individuos y la igualdad entre ellos.

Aunado a esto, la Carta Magna de 1917 agregó varios puntos del Partido Liberal Mexicano, de los hermanos Flores Magón, y del movimiento antirreeleccionista de Francisco I. Madero, entre ellos, la abolición de impuestos injustos, la justicia a los campesinos, jornadas de trabajo mínimas, el fortalecimiento de la educación básica y la prohibición a la reelección, entre otros postulados importantes.

Nuestra Constitución, en el momento de su promulgación, fue considerada como un auténtico parteaguas del derecho constitucional: la Ley Fundamental de nuestra Nación nació precisamente de nuestra Revolución, y representó los anhelos e intereses de todas las clases sociales, los géneros, las ideologías, en fin, un esfuerzo político sin precedentes con la intención de exterminar definitivamente el caudillismo imperante de la época.

Amigas y amigos, hablar de la Constitución, debe de ser siempre causa de orgullo para las y los coahuilenses, ya que nuestra Carta Magna vigente, lleva el ADN de Coahuila; recordemos, que nuestra Constitución no existiría de no ser por los esfuerzos de Don Venustiano Carranza, presidente de México y padre de la Ley Suprema y que, naturalmente, tampoco existiría sin la valiente lucha democrática iniciada por Don Francisco I. Madero, también presidente de México.

La Constitución fue la respuesta emanada del pueblo para garantizar sus derechos más básicos, ante los atropellos de un régimen que no reconocía los mínimos derechos de las personas; fue también, el resultado máximo de la Revolución Mexicana, y nació gracias a la lucha del Ejército Constitucionalista, creado por el Plan de Guadalupe, firmado aquí, en Ramos Arizpe, Coahuila.

Como coahuilenses, estamos obligados a presumir nuestra Constitución, porque efectivamente es nuestra, es el legado de los coahuilenses que dieron su vida para combatir la injusticia, el hambre, la tiranía y la ignorancia. Naturalmente que, como toda ley y toda construcción humana, no es perfecta, y ha recibido modificaciones durante los años, sin embargo, el espíritu con el que se redactó es el que debe de impulsarnos a todas y a todos a vivir en armonía, en el entendimiento que México ha pasado por mucho para llegar a donde está, y aún después de irnos nosotros, México seguirá aquí.

Nuestra Constitución, queridos lectores, es un orgullo para Coahuila, y un vínculo innegable con nuestro pasado, pero también, con nuestro futuro.

Amigas y amigos, el día de ayer conmemoramos un aniversario más de la promulgación de nuestra Carta Magna; hace ya 102 años, el Congreso Constituyente convocado por Venustiano Carranza, tras la usurpación del poder de Victoriano Huerta, abrió su periodo de sesiones el 1 de diciembre de 1916, y clausuró su periodo el 31 de enero del siguiente año, tras dos meses de arduos debates y acuerdos.

Estando así las cosa, el 05 de febrero se promulgó nuestra Constitución actual, con el nombre formal de “Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que reforma la del 05 de febrero de 1857”, la cual toma como base efectivamente la Ley Suprema del periodo de Reforma y la misma Constitución de Apatzingán, característica de la Independencia, tomando de la primera los conceptos de derechos humanos y la separación Iglesia y Estado, y de la segunda la libertad de los individuos y la igualdad entre ellos.

Aunado a esto, la Carta Magna de 1917 agregó varios puntos del Partido Liberal Mexicano, de los hermanos Flores Magón, y del movimiento antirreeleccionista de Francisco I. Madero, entre ellos, la abolición de impuestos injustos, la justicia a los campesinos, jornadas de trabajo mínimas, el fortalecimiento de la educación básica y la prohibición a la reelección, entre otros postulados importantes.

Nuestra Constitución, en el momento de su promulgación, fue considerada como un auténtico parteaguas del derecho constitucional: la Ley Fundamental de nuestra Nación nació precisamente de nuestra Revolución, y representó los anhelos e intereses de todas las clases sociales, los géneros, las ideologías, en fin, un esfuerzo político sin precedentes con la intención de exterminar definitivamente el caudillismo imperante de la época.

Amigas y amigos, hablar de la Constitución, debe de ser siempre causa de orgullo para las y los coahuilenses, ya que nuestra Carta Magna vigente, lleva el ADN de Coahuila; recordemos, que nuestra Constitución no existiría de no ser por los esfuerzos de Don Venustiano Carranza, presidente de México y padre de la Ley Suprema y que, naturalmente, tampoco existiría sin la valiente lucha democrática iniciada por Don Francisco I. Madero, también presidente de México.

La Constitución fue la respuesta emanada del pueblo para garantizar sus derechos más básicos, ante los atropellos de un régimen que no reconocía los mínimos derechos de las personas; fue también, el resultado máximo de la Revolución Mexicana, y nació gracias a la lucha del Ejército Constitucionalista, creado por el Plan de Guadalupe, firmado aquí, en Ramos Arizpe, Coahuila.

Como coahuilenses, estamos obligados a presumir nuestra Constitución, porque efectivamente es nuestra, es el legado de los coahuilenses que dieron su vida para combatir la injusticia, el hambre, la tiranía y la ignorancia. Naturalmente que, como toda ley y toda construcción humana, no es perfecta, y ha recibido modificaciones durante los años, sin embargo, el espíritu con el que se redactó es el que debe de impulsarnos a todas y a todos a vivir en armonía, en el entendimiento que México ha pasado por mucho para llegar a donde está, y aún después de irnos nosotros, México seguirá aquí.

Nuestra Constitución, queridos lectores, es un orgullo para Coahuila, y un vínculo innegable con nuestro pasado, pero también, con nuestro futuro.

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