/ lunes 1 de junio de 2020

La carrera mundial por la vacuna

Hasta el pasado sábado 30 de mayo, no había vacuna ni tratamiento aprobado contra el coronavirus. Ese día por la tarde, diversos medios de comunicación informaron que el Avifavir fue aprobado por el Ministerio de Sanidad de Rusia, esto luego de que dicho fármaco antiviral mostrara gran efectividad durante las pruebas clínicas. Kiril Dmítriev, director del Fondo Ruso de Inversiones Directas (FRID), dijo que esta vacuna (que se administrara vía nasal) es la más prometedora para curar la Covid-19 a nivel global.

En la carrera mundial por conseguir la vacuna contra el mortal virus, existen más de cien proyectos enfocados en desarrollarla con el propósito de proteger a los seres humanos. Existen también algunas líneas de investigación en tratamientos farmacológicos como los antivirales, entre ellos el remdesivir, que fue usado inicialmente en el tratamiento contra el ébola, pero sin el éxito esperado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido en más de una ocasión sobre los riesgos de administrar a pacientes con Covid-19 los tratamientos no aprobados.

La esperanza de la humanidad está puesta en cualquiera de estos proyectos, principalmente en aquellos que ya realizan pruebas en seres humanos. Lo importante es no desesperar y entender que una vacuna no puede desarrollarse a corto plazo. El proceso es largo, complejo y costoso, como han declarado los científicos y conocedores del tema.

Este 28 de mayo se publicó en diversos medios de comunicación una nota periodística acerca del proyecto de vacuna contra el coronavirus que desarrolla la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la máxima casa de estudios de nuestro país. Este proyecto es uno más de los 120 que, según la OMS, están en marcha en todo el planeta, 10 de los cuales realizan ya sus primeros ensayos en humanos.

Menciono el trabajo de la UNAM en la materia porque es justo reconocer el esfuerzo e involucramiento solidario de los expertos de la Facultad de Medicina de esta institución educativa, en conjunto con el Instituto de Biotecnología y el gobierno capitalino que encabeza la morenista Claudia Sheinbaum.

Esta vacuna “se ubica en primera fase de evaluación en modelo animal y se proyecta que para el 2021 se inicien las pruebas clínicas en humanos”. Laura Alicia Palomares Aguilera, investigadora del Instituto de Biotecnología de la UNAM, señaló al respecto: “Esperamos en 2021 producir el material para evaluar en humanos; es decir, hasta ese momento arrancaríamos las pruebas clínicas”.

La UNAM, con casi 110 años de vida y una comunidad científica calificada a nivel internacional, “cuenta con la tecnología idónea para avanzar en este proyecto”, nos dice Rosaura Ruiz Gutiérrez, titular de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México (SECTEI), y quien fue directora de la Facultad de Ciencias de la UNAM en los periodos 2010-2014 y 2014-2018.

Sobre el tiempo que se llevará desarrollar una vacuna contra el coronavirus, Bruno Del Medico explica: “El problema de ‘encontrar’ una vacuna no es el principal. Un poco de tiempo puede ser suficiente para encontrarlo. Los tiempos más largos serán los necesarios para asegurarse de que sea inofensivo para los humanos. Sin esta garantía absoluta, la vacuna no se puede distribuir. El riesgo sería crear más problemas y más víctimas que las creadas por el mismo virus”.

Todos conocemos la importancia de las vacunas que, aplicadas al organismo, producen en éste inmunización, así como la capacidad para defenderse de la enfermedad que dio origen a la creación de dicha vacuna.

Vacunas se han creado muchas en el pasado, contra las paperas, el sarampión, la rubéola, la varicela, la hepatitis A, el neumococo, la tosferina, el tétanos, la poliomielitis, la hepatitis B, entre otras. Gracias a ellas, a corto plazo se ha evitado la progresión de una epidemia, a mediano plazo evita la enfermedad no sólo en los vacunados sino en toda la población, y a largo plazo logra que esa enfermedad desaparezca, señala María Elisa Calle en un artículo de su autoría publicado en el diario El País de España.

La profesora titular de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid explica que “las vacunas no solo protegen a quién se la pone, sino que cuando el número de vacunados es suficientemente elevado (lo que se denomina inmunidad colectiva o de rebaño), desaparece la enfermedad en la población”.

Ahora que los mexicanos no tienen más remedio que salir a trabajar para solucionar sus múltiples problemas económicos, debemos tener presente que, independientemente de los avances científicos en materia de tratamientos y vacunas, lo que nos toca a nosotros es seguir esperando, ser precavidos y no relajar las medidas sanitarias de prevención frente al Covid-19.


Twitter: @armayacastro

Hasta el pasado sábado 30 de mayo, no había vacuna ni tratamiento aprobado contra el coronavirus. Ese día por la tarde, diversos medios de comunicación informaron que el Avifavir fue aprobado por el Ministerio de Sanidad de Rusia, esto luego de que dicho fármaco antiviral mostrara gran efectividad durante las pruebas clínicas. Kiril Dmítriev, director del Fondo Ruso de Inversiones Directas (FRID), dijo que esta vacuna (que se administrara vía nasal) es la más prometedora para curar la Covid-19 a nivel global.

En la carrera mundial por conseguir la vacuna contra el mortal virus, existen más de cien proyectos enfocados en desarrollarla con el propósito de proteger a los seres humanos. Existen también algunas líneas de investigación en tratamientos farmacológicos como los antivirales, entre ellos el remdesivir, que fue usado inicialmente en el tratamiento contra el ébola, pero sin el éxito esperado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido en más de una ocasión sobre los riesgos de administrar a pacientes con Covid-19 los tratamientos no aprobados.

La esperanza de la humanidad está puesta en cualquiera de estos proyectos, principalmente en aquellos que ya realizan pruebas en seres humanos. Lo importante es no desesperar y entender que una vacuna no puede desarrollarse a corto plazo. El proceso es largo, complejo y costoso, como han declarado los científicos y conocedores del tema.

Este 28 de mayo se publicó en diversos medios de comunicación una nota periodística acerca del proyecto de vacuna contra el coronavirus que desarrolla la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la máxima casa de estudios de nuestro país. Este proyecto es uno más de los 120 que, según la OMS, están en marcha en todo el planeta, 10 de los cuales realizan ya sus primeros ensayos en humanos.

Menciono el trabajo de la UNAM en la materia porque es justo reconocer el esfuerzo e involucramiento solidario de los expertos de la Facultad de Medicina de esta institución educativa, en conjunto con el Instituto de Biotecnología y el gobierno capitalino que encabeza la morenista Claudia Sheinbaum.

Esta vacuna “se ubica en primera fase de evaluación en modelo animal y se proyecta que para el 2021 se inicien las pruebas clínicas en humanos”. Laura Alicia Palomares Aguilera, investigadora del Instituto de Biotecnología de la UNAM, señaló al respecto: “Esperamos en 2021 producir el material para evaluar en humanos; es decir, hasta ese momento arrancaríamos las pruebas clínicas”.

La UNAM, con casi 110 años de vida y una comunidad científica calificada a nivel internacional, “cuenta con la tecnología idónea para avanzar en este proyecto”, nos dice Rosaura Ruiz Gutiérrez, titular de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación de la Ciudad de México (SECTEI), y quien fue directora de la Facultad de Ciencias de la UNAM en los periodos 2010-2014 y 2014-2018.

Sobre el tiempo que se llevará desarrollar una vacuna contra el coronavirus, Bruno Del Medico explica: “El problema de ‘encontrar’ una vacuna no es el principal. Un poco de tiempo puede ser suficiente para encontrarlo. Los tiempos más largos serán los necesarios para asegurarse de que sea inofensivo para los humanos. Sin esta garantía absoluta, la vacuna no se puede distribuir. El riesgo sería crear más problemas y más víctimas que las creadas por el mismo virus”.

Todos conocemos la importancia de las vacunas que, aplicadas al organismo, producen en éste inmunización, así como la capacidad para defenderse de la enfermedad que dio origen a la creación de dicha vacuna.

Vacunas se han creado muchas en el pasado, contra las paperas, el sarampión, la rubéola, la varicela, la hepatitis A, el neumococo, la tosferina, el tétanos, la poliomielitis, la hepatitis B, entre otras. Gracias a ellas, a corto plazo se ha evitado la progresión de una epidemia, a mediano plazo evita la enfermedad no sólo en los vacunados sino en toda la población, y a largo plazo logra que esa enfermedad desaparezca, señala María Elisa Calle en un artículo de su autoría publicado en el diario El País de España.

La profesora titular de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid explica que “las vacunas no solo protegen a quién se la pone, sino que cuando el número de vacunados es suficientemente elevado (lo que se denomina inmunidad colectiva o de rebaño), desaparece la enfermedad en la población”.

Ahora que los mexicanos no tienen más remedio que salir a trabajar para solucionar sus múltiples problemas económicos, debemos tener presente que, independientemente de los avances científicos en materia de tratamientos y vacunas, lo que nos toca a nosotros es seguir esperando, ser precavidos y no relajar las medidas sanitarias de prevención frente al Covid-19.


Twitter: @armayacastro

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