/ martes 15 de septiembre de 2020

Familia

¿Qué quedará, en mí, dentro de medio siglo, de los deseos, los temores, los enojos, las esperanzas que cruzaban mi vida en las fotografías de este verano? Probablemente, probablemente nada.

Y si queda poco, o si queda nada: ¿Dónde estarán la culpa, la angustia, el desasosiego? ¿Seguirán ahí, siempre conmigo? Eduardo Sacheri 2019 –Lo mucho que te amé- Capítulo 50. P. 287. ALFAGUARA MEX.

A menudo nos hacemos este tipo de cuestionamientos en algún lapso de nuestra vida, claro, dependiendo el momento o las circunstancias que aderecen esos instantes en los que la zozobra y la incertidumbre mina ese territorio interno del ser, de lo que existe muy al fondo de nuestro corazón.

Basta decir que este año 2020 y los meses que nos reste por transitar, es y será un tiempo en el espacio de nuestra existencia que nos está dejando y dejará marcados. A unos, la pérdida de algún ser querido, a otros, lo que vivimos y que todos los días estamos experimentando. Y es que al menos, para este su humilde servidor, hoy más que nunca es aplicable esa frase de “Vivir cada día como si fuese el último de nuestra existencia”. Así de fácil. Sin tantos términos ‘rimbombantes’, vivir a cada instante lo que nos toque vivir.

Hoy más que nunca los valores y la unión familiar salen al quite en medio del miedo, de los cuestionamientos, de la ansiedad, de las crisis que nos ha tocado experimentar; de ese túnel que al parecer falta para culminar de recorrer y encontrar una salida favorable para todos. La familia, su común denominador se resume en amor por una extensión del yo. Significa sostenerse de la mano e ir contra ese muro de contención a sabiendas de que todo puede ocurrir, sí, todo puede ocurrir, pero siempre con los lazos familiares bien arraigados y ante una marea que golpea furiosa con galopes bruscos pero que no la doblegan.

Cabe hacer la reflexión, si contamos con una familia, sean cual sean los integrantes, no importa si estamos hablando de multitudes o si la alineación la conforman apenas dos, no importa; sujétate de ella y lánzate a ese reto de enfrentarte a la vida bajo la coraza del amor y la esperanza de que saldrás adelante. Gracias, a la familia de la fe, familia Silos Aguilar, Hernández Juárez, Mendoza Salas, Solís Delgado, Valenzuela, Mendoza Rivera, Mendoza Rivera, Vega, Ochoa Salazar, Reyes Urquidi, Pérez Ortega, Ramírez Amador, Cortés Vargas, Elizalde, Amador Sifuentes, OEM; gracias por cumplir a cabalidad lo que verdaderamente significa familia.

¡Gracias y que Dios les bendiga!

¿Qué quedará, en mí, dentro de medio siglo, de los deseos, los temores, los enojos, las esperanzas que cruzaban mi vida en las fotografías de este verano? Probablemente, probablemente nada.

Y si queda poco, o si queda nada: ¿Dónde estarán la culpa, la angustia, el desasosiego? ¿Seguirán ahí, siempre conmigo? Eduardo Sacheri 2019 –Lo mucho que te amé- Capítulo 50. P. 287. ALFAGUARA MEX.

A menudo nos hacemos este tipo de cuestionamientos en algún lapso de nuestra vida, claro, dependiendo el momento o las circunstancias que aderecen esos instantes en los que la zozobra y la incertidumbre mina ese territorio interno del ser, de lo que existe muy al fondo de nuestro corazón.

Basta decir que este año 2020 y los meses que nos reste por transitar, es y será un tiempo en el espacio de nuestra existencia que nos está dejando y dejará marcados. A unos, la pérdida de algún ser querido, a otros, lo que vivimos y que todos los días estamos experimentando. Y es que al menos, para este su humilde servidor, hoy más que nunca es aplicable esa frase de “Vivir cada día como si fuese el último de nuestra existencia”. Así de fácil. Sin tantos términos ‘rimbombantes’, vivir a cada instante lo que nos toque vivir.

Hoy más que nunca los valores y la unión familiar salen al quite en medio del miedo, de los cuestionamientos, de la ansiedad, de las crisis que nos ha tocado experimentar; de ese túnel que al parecer falta para culminar de recorrer y encontrar una salida favorable para todos. La familia, su común denominador se resume en amor por una extensión del yo. Significa sostenerse de la mano e ir contra ese muro de contención a sabiendas de que todo puede ocurrir, sí, todo puede ocurrir, pero siempre con los lazos familiares bien arraigados y ante una marea que golpea furiosa con galopes bruscos pero que no la doblegan.

Cabe hacer la reflexión, si contamos con una familia, sean cual sean los integrantes, no importa si estamos hablando de multitudes o si la alineación la conforman apenas dos, no importa; sujétate de ella y lánzate a ese reto de enfrentarte a la vida bajo la coraza del amor y la esperanza de que saldrás adelante. Gracias, a la familia de la fe, familia Silos Aguilar, Hernández Juárez, Mendoza Salas, Solís Delgado, Valenzuela, Mendoza Rivera, Mendoza Rivera, Vega, Ochoa Salazar, Reyes Urquidi, Pérez Ortega, Ramírez Amador, Cortés Vargas, Elizalde, Amador Sifuentes, OEM; gracias por cumplir a cabalidad lo que verdaderamente significa familia.

¡Gracias y que Dios les bendiga!

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