/ martes 27 de noviembre de 2018

El nuevo régimen político

Esta semana habrá de iniciar formalmente una nueva etapa en la vida política de nuestro país, será la culminación del “tsunami “ del pasado 1 de julio que tuvo su origen en el hartazgo social con la corrupción, la impunidad, la violencia y la inseguridad, pero también con el bajo crecimiento económico que hemos tenido en los últimos años con un modelo económico que ha propiciado pobreza y una gran desigualdad, éstas y la enorme desconfianza y rabia contra la clase política tradicional son sin duda las verdaderas causas del triunfo de López Obrador, poco fue lo que él aportó como proyecto alternativo, sino es que solo señalar una y otra vez que estaba en contra del status quo.

Pero la forma como ganó es la que sin duda lo legitima por la cantidades votos y la gran diferencia, pero más que eso la forma como fue dinamitado el sistema de partidos y el sistema político, mismo que lo han dejado prácticamente solo su movimiento político y sus compañeros de viaje solo para gobernar y controlar el Congreso federal y la gran mayoría de congresos locales.

Textualmente, López Obrador ha señalado que “no apostamos por construir una dictadura, ni abierta ni encubierta”; también ha dicho que “habrá libertad empresarial, de expresión, de asociación y de creencias”, y que habrá cambios radicales pero siempre dentro de la Constitución y las leyes; pero ya en el periodo de transición se violentó la Constitución por la “consulta” para cancelar el aeropuerto de Texcoco, y sus acólitos han avalado iniciativas para eliminar de tajo comisiones bancarias (que si bien son onerosas) la forma de proceder ha traído entre otras cosas (y no solo por eso ) una caída sistemática en la Bolsa de Valores y luego la amenaza de desaparecer poderes locales si no se pliegan al proyecto de AMLO, es decir, incertidumbre económica y ahora política.

El tema que enfrenta el próximo presidente no solo son sus convicciones económicas respecto a un mundo económico con mercados cerrados que no existen ya desde hace varias décadas, sino a la rehabilitación de un sistema político también cerrado y de mando ultra presidencial (meta constitucional lo bautizó Jorge Carpizo) que tampoco ya existe y que ojalá en el ejercicio del poder pueda irse adaptando a esta nueva realidad del mundo global, de la sociedad plural y del uso intenso del internet de parte de la sociedad, y pueda también contener las variopintas actitudes políticas de intereses económicos e ideológicas de muchos de sus compañeros de viaje que es literalmente “una capirotada política “.

Lo que hasta hoy ha quedado claro es que, de una sociedad abierta, informada y crítica no habrá de salvarse, pero la oposición partidaria creo tiene que crearse porque lo que quedó del tsunami político de la elección no ha quedado algo digno de llamarse oposición y no es porque se quiera quien esté solo molestando sino porque como bien escribió hace años el Profesor Pasquiano “el papel de la oposición es que el gobierno mal gobierne “ y al ser dinamitada ésta, entonces hay que esperar la larga marcha para su nueva creación ya que también hemos visto cómo algunos medios de comunicación y “nuevos empresarios nacionalistas” comienzan a acomodarse al poder.

Por último, la Conago tendrá que hacer toda una reingeniería si quiere ser parte del contrapeso político y constitucional en el marco del federalismo y más de cara a la amenaza “porril” de tumbar gobernadores que no se plieguen al nuevo poder presidencial.

Si sin duda estamos en los albores de un nuevo sistema político, pero la democracia que nos hemos dado debe de seguir teniendo como base el respeto al estado de derecho, y a un equilibrio y separación de poderes y del sistema federal y debemos aspirar a más democracia no a socavará a la débil y cuestionada que aún tenemos.

Esta semana habrá de iniciar formalmente una nueva etapa en la vida política de nuestro país, será la culminación del “tsunami “ del pasado 1 de julio que tuvo su origen en el hartazgo social con la corrupción, la impunidad, la violencia y la inseguridad, pero también con el bajo crecimiento económico que hemos tenido en los últimos años con un modelo económico que ha propiciado pobreza y una gran desigualdad, éstas y la enorme desconfianza y rabia contra la clase política tradicional son sin duda las verdaderas causas del triunfo de López Obrador, poco fue lo que él aportó como proyecto alternativo, sino es que solo señalar una y otra vez que estaba en contra del status quo.

Pero la forma como ganó es la que sin duda lo legitima por la cantidades votos y la gran diferencia, pero más que eso la forma como fue dinamitado el sistema de partidos y el sistema político, mismo que lo han dejado prácticamente solo su movimiento político y sus compañeros de viaje solo para gobernar y controlar el Congreso federal y la gran mayoría de congresos locales.

Textualmente, López Obrador ha señalado que “no apostamos por construir una dictadura, ni abierta ni encubierta”; también ha dicho que “habrá libertad empresarial, de expresión, de asociación y de creencias”, y que habrá cambios radicales pero siempre dentro de la Constitución y las leyes; pero ya en el periodo de transición se violentó la Constitución por la “consulta” para cancelar el aeropuerto de Texcoco, y sus acólitos han avalado iniciativas para eliminar de tajo comisiones bancarias (que si bien son onerosas) la forma de proceder ha traído entre otras cosas (y no solo por eso ) una caída sistemática en la Bolsa de Valores y luego la amenaza de desaparecer poderes locales si no se pliegan al proyecto de AMLO, es decir, incertidumbre económica y ahora política.

El tema que enfrenta el próximo presidente no solo son sus convicciones económicas respecto a un mundo económico con mercados cerrados que no existen ya desde hace varias décadas, sino a la rehabilitación de un sistema político también cerrado y de mando ultra presidencial (meta constitucional lo bautizó Jorge Carpizo) que tampoco ya existe y que ojalá en el ejercicio del poder pueda irse adaptando a esta nueva realidad del mundo global, de la sociedad plural y del uso intenso del internet de parte de la sociedad, y pueda también contener las variopintas actitudes políticas de intereses económicos e ideológicas de muchos de sus compañeros de viaje que es literalmente “una capirotada política “.

Lo que hasta hoy ha quedado claro es que, de una sociedad abierta, informada y crítica no habrá de salvarse, pero la oposición partidaria creo tiene que crearse porque lo que quedó del tsunami político de la elección no ha quedado algo digno de llamarse oposición y no es porque se quiera quien esté solo molestando sino porque como bien escribió hace años el Profesor Pasquiano “el papel de la oposición es que el gobierno mal gobierne “ y al ser dinamitada ésta, entonces hay que esperar la larga marcha para su nueva creación ya que también hemos visto cómo algunos medios de comunicación y “nuevos empresarios nacionalistas” comienzan a acomodarse al poder.

Por último, la Conago tendrá que hacer toda una reingeniería si quiere ser parte del contrapeso político y constitucional en el marco del federalismo y más de cara a la amenaza “porril” de tumbar gobernadores que no se plieguen al nuevo poder presidencial.

Si sin duda estamos en los albores de un nuevo sistema político, pero la democracia que nos hemos dado debe de seguir teniendo como base el respeto al estado de derecho, y a un equilibrio y separación de poderes y del sistema federal y debemos aspirar a más democracia no a socavará a la débil y cuestionada que aún tenemos.