/ miércoles 5 de febrero de 2020

El arte de callar

Existe una máxima que dice que el mundo de las mafias, es el mundo del dinero, el poder y el secreto. Vale precisar que no se deben confundir las mafias con bandas u organizaciones criminales internacionales. Se trata de entidades que poseen “una naturaleza propia y representan el estadio superior del crimen organizado”.

Esta reflexión del analista Jean Francois Gayraud, doctor en derecho especializado en el estudio de organizaciones mafiosas, tiene vigencia ante el escenario que plantea el inicio del juicio en la Corte de Brooklyn, Nueva York, contra el ex secretario de seguridad pública del gobierno calderonista Genaro García Luna.

El pasado 20 de enero se presentó una acusación en esta Corte contra Iván Reyes Arzate, ex titular de la Unidad de Investigación Sensitiva de la Policía Federal, cuando García Luna era titular de la secretaría de seguridad. Llamó la atención que el fiscal al enunciar los cargos por conspiración para importar, introducir, y distribuir cocaína a los Estados Unidos, señalara que el ex responsable de las relaciones con la DEA hasta el año 2016, colaboró con un grupo al que indentificó como “Seguimiento 39”, del cual poco se sabe.

Lo que se dijo en la audiencia fue que “Seguimiento 39” era una ente operado por funcionarios corruptos del gobierno mexicano, donde confluían “todos los cárteles” para traficar drogas hacia la Unión Americana.

“El Seguimiento 39 era una organización dedicada al tráfico de drogas muy sofisticada que operaba una vasta red de distribución de cocaína desde Colombia hasta Estados Unidos”, según documento presentado en la Corte.

¿Qué dirá García Luna de “Seguimiento 39”?

Durante el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012) no solo el entorno de García Luna tuvo contacto y tratos con las organizaciones de tráfico de drogas. En su momento se supo que el general Mario Arturo Acosta Chaparro, referente en violaciones a los derechos humanos por su rol contra la guerrilla en los años 70, recibió la encomienda de “negociar” con las distintas organizaciones criminales una disminución en la violencia generada por disputas territoriales.

Mario Arturo Acosta Chaparro sabía de estos menesteres porque durante los gobiernos priistas tuvo el rol de “interlocutor” con los líderes del narco, papel que también tuvo en su momento su colega el general Francisco Quirós Hermosillo.

Acosta fue asesinado en abril del 2012 en los días en que se dijo “usaría cierta información”, sobre los vínculos de altos funcionarios con el narcotráfico. ¿Sabía algo de “Seguimiento 39”?

No debería sorprender si García Luna, interlocutor privilegiado de las agencias de inteligencia estadounidenses, alcanza un acuerdo para recibir una condena mínima, a cambio de compartir información con los fiscales y no ventilar en la Corte detalles sobre una entelequia de poder de la que poco o nada se sabe.

García Luna se supo rodear de gente que conocía muy bien el mundo de los secretos, las mafias y el crimen organizado. Un ejemplo son sus socios en la empresa de seguridad donde participaba.

Si hubiera una manual del silencio mafioso, el juicio contra García Luna podría esbozar lo que sería un primer capítulo.

Existe una máxima que dice que el mundo de las mafias, es el mundo del dinero, el poder y el secreto. Vale precisar que no se deben confundir las mafias con bandas u organizaciones criminales internacionales. Se trata de entidades que poseen “una naturaleza propia y representan el estadio superior del crimen organizado”.

Esta reflexión del analista Jean Francois Gayraud, doctor en derecho especializado en el estudio de organizaciones mafiosas, tiene vigencia ante el escenario que plantea el inicio del juicio en la Corte de Brooklyn, Nueva York, contra el ex secretario de seguridad pública del gobierno calderonista Genaro García Luna.

El pasado 20 de enero se presentó una acusación en esta Corte contra Iván Reyes Arzate, ex titular de la Unidad de Investigación Sensitiva de la Policía Federal, cuando García Luna era titular de la secretaría de seguridad. Llamó la atención que el fiscal al enunciar los cargos por conspiración para importar, introducir, y distribuir cocaína a los Estados Unidos, señalara que el ex responsable de las relaciones con la DEA hasta el año 2016, colaboró con un grupo al que indentificó como “Seguimiento 39”, del cual poco se sabe.

Lo que se dijo en la audiencia fue que “Seguimiento 39” era una ente operado por funcionarios corruptos del gobierno mexicano, donde confluían “todos los cárteles” para traficar drogas hacia la Unión Americana.

“El Seguimiento 39 era una organización dedicada al tráfico de drogas muy sofisticada que operaba una vasta red de distribución de cocaína desde Colombia hasta Estados Unidos”, según documento presentado en la Corte.

¿Qué dirá García Luna de “Seguimiento 39”?

Durante el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012) no solo el entorno de García Luna tuvo contacto y tratos con las organizaciones de tráfico de drogas. En su momento se supo que el general Mario Arturo Acosta Chaparro, referente en violaciones a los derechos humanos por su rol contra la guerrilla en los años 70, recibió la encomienda de “negociar” con las distintas organizaciones criminales una disminución en la violencia generada por disputas territoriales.

Mario Arturo Acosta Chaparro sabía de estos menesteres porque durante los gobiernos priistas tuvo el rol de “interlocutor” con los líderes del narco, papel que también tuvo en su momento su colega el general Francisco Quirós Hermosillo.

Acosta fue asesinado en abril del 2012 en los días en que se dijo “usaría cierta información”, sobre los vínculos de altos funcionarios con el narcotráfico. ¿Sabía algo de “Seguimiento 39”?

No debería sorprender si García Luna, interlocutor privilegiado de las agencias de inteligencia estadounidenses, alcanza un acuerdo para recibir una condena mínima, a cambio de compartir información con los fiscales y no ventilar en la Corte detalles sobre una entelequia de poder de la que poco o nada se sabe.

García Luna se supo rodear de gente que conocía muy bien el mundo de los secretos, las mafias y el crimen organizado. Un ejemplo son sus socios en la empresa de seguridad donde participaba.

Si hubiera una manual del silencio mafioso, el juicio contra García Luna podría esbozar lo que sería un primer capítulo.

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