/ martes 8 de octubre de 2019

Cambiemos la retórica bélica

Todos los días somos testigos de algún tipo de violencia, una violencia cotidiana, leemos sobre violencia e inseguridad en los medios, tanto tradicionales como en redes sociales. Estamos expuestos a alto contenido bélico en imágenes y videos, y no es extraño, pues estamos inmersos en una crisis de violencia como quizá nunca se ha visto en este país. Esta violencia parece que se está normalizando, y eso se puede volver permanente y a su vez delicado. ¿Acaso queremos dejar este legado a nuestros niños y jóvenes?...lo dudo, por esa razón propongo que debemos cambiar esta retórica bélica por una narrativa distinta. No imagino un futuro donde se escuchen más palabras bélicas que palabras de paz.

A nuestros hijos y nuestros jóvenes no debe serles indiferente hablar de balaceras, levantones, huachicoleo, secuestros, violaciones, encajuelados, cobros de piso, etc, etc, etc…Se que no es sencillo, pues como mencioné anteriormente vivimos y sufrimos diariamente algún tipo de violencia, pero si podemos iniciarnos en un proceso de construcción de una nueva narrativa, de una nueva retórica. Primero tenemos que desvincularnos con ese pasado violento que sigue persiguiendo a cada uno de nosotros, también debemos apostarle a cimentar un sentido de identidad y de pertenencia como mexicanos y como laguneros. Debemos considerar diseñar una estrategia la cual construya una visión compartida de futuro en positivo…tal vez…ser la región más prospera, productiva y segura de este país.

Tracemos entonces esa ruta, configuremos nuestra narrativa, el lenguaje de los medios, de los gobernantes, de los políticos y de los ciudadanos. Si es posible mutar a una nueva identidad, es un desafío, pero teniendo una ruta clara será difícil perdernos en el intento. Eliminemos esas imágenes trágicas, esas palabras de hostilidad permanente que por varios años se hospedaron en nuestra mente colectiva. Instauremos un nuevo lenguaje, uno más limpio, cuidando no mencionar palabras hostiles y violentas. Hay que cuidar que decimos, como lo decimos y a quién lo decimos…Una sociedad sin esas expresiones violentas, sin esos lenguajes tradicionales impulsivos, será el reflejo de una sociedad más sana. Como diría un futbolista…imaginémonos cosas chingonas.

Todos los días somos testigos de algún tipo de violencia, una violencia cotidiana, leemos sobre violencia e inseguridad en los medios, tanto tradicionales como en redes sociales. Estamos expuestos a alto contenido bélico en imágenes y videos, y no es extraño, pues estamos inmersos en una crisis de violencia como quizá nunca se ha visto en este país. Esta violencia parece que se está normalizando, y eso se puede volver permanente y a su vez delicado. ¿Acaso queremos dejar este legado a nuestros niños y jóvenes?...lo dudo, por esa razón propongo que debemos cambiar esta retórica bélica por una narrativa distinta. No imagino un futuro donde se escuchen más palabras bélicas que palabras de paz.

A nuestros hijos y nuestros jóvenes no debe serles indiferente hablar de balaceras, levantones, huachicoleo, secuestros, violaciones, encajuelados, cobros de piso, etc, etc, etc…Se que no es sencillo, pues como mencioné anteriormente vivimos y sufrimos diariamente algún tipo de violencia, pero si podemos iniciarnos en un proceso de construcción de una nueva narrativa, de una nueva retórica. Primero tenemos que desvincularnos con ese pasado violento que sigue persiguiendo a cada uno de nosotros, también debemos apostarle a cimentar un sentido de identidad y de pertenencia como mexicanos y como laguneros. Debemos considerar diseñar una estrategia la cual construya una visión compartida de futuro en positivo…tal vez…ser la región más prospera, productiva y segura de este país.

Tracemos entonces esa ruta, configuremos nuestra narrativa, el lenguaje de los medios, de los gobernantes, de los políticos y de los ciudadanos. Si es posible mutar a una nueva identidad, es un desafío, pero teniendo una ruta clara será difícil perdernos en el intento. Eliminemos esas imágenes trágicas, esas palabras de hostilidad permanente que por varios años se hospedaron en nuestra mente colectiva. Instauremos un nuevo lenguaje, uno más limpio, cuidando no mencionar palabras hostiles y violentas. Hay que cuidar que decimos, como lo decimos y a quién lo decimos…Una sociedad sin esas expresiones violentas, sin esos lenguajes tradicionales impulsivos, será el reflejo de una sociedad más sana. Como diría un futbolista…imaginémonos cosas chingonas.

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