/ domingo 3 de enero de 2021

2021, ojalá sea mejor para las mujeres

El 2020 no fue un año bueno para las mujeres. Lo digo no sólo por la pandemia del Covid-19, contra la que se implementaron en el año que pasó innumerables esfuerzos para frenar su propagación, entre ellos la elaboración de diversas vacunas que, confiamos, le permitirán a la humanidad retornar a la anhelada normalidad.

Fue un año adverso para ellas por el número de feminicidios que se cometieron en ese periodo de 365 días, un hecho lamentable que Dubravka Simonovic, Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, sus causas y consecuencias, ha calificado como la “pandemia ignorada”. Aquí sus palabras en vísperas del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el pasado 25 de noviembre:

“Mientras el mundo lucha contra el impacto devastador de la pandemia de COVID-19 y su efecto negativo en las mujeres, una pandemia de feminicidios y violencia de género acaba con la vida de mujeres y niñas en todas partes”.

La experta originaria de Croacia hizo un llamado a todos los Estados y a las partes interesadas “a que adopten medidas urgentes para prevenir la pandemia del feminicidio o los asesinatos de mujeres relacionados con su género, así como la violencia de género contra la mujer”.

Lamentablemente, el llamado de la relatora no ha sido atendido como debiera, por ello se ha dado un aumento significativo en la violencia contra las mujeres. Ante esto, la ONU Mujeres México pidió en su cuenta de Twitter “garantizar los derechos de las mujeres y de las niñas en toda circunstancia y, con especial énfasis, ante la situación actual de la #Covid19 que las pone en mayor riesgo de violencia”.

En el contexto del Covid-19 el incremento de los feminicidios se ha dado en México y varios países del mundo, entre ellos Italia “durante las fases más graves de la pandemia, sobre todo en la semana del confinamiento”, un dato que en su momento preocupó mucho a Giuseppe Conte, primer ministro italiano.

En varios países latinoamericanos los homicidios violentos de mujeres crecieron exponencialmente, tanto así que, a finales de 2019, América Latina tenía las tasas de feminicidio más altas en el mundo. Esta situación obligó a muchas naciones de la región a tipificar este tipo de violencia en su sistema penal como “feminicidio”.

En el caso específico de México, un editorial de El Universal, publicado el pasado 31 de diciembre, indica que en el año 2020 “se rompió el récord de feminicidios y casos de violencia contra ellas”. Añade el texto periodístico que el prolongado confinamiento reveló para muchas mujeres “nuevas formas de agresión por parte de los hombres con los que conviven, desde la psicológica hasta la violencia física”.

El problema que nos ocupa no es privativo de la presente administración federal. Esto último nos queda claro al recordar las marchas feministas que en la administración de Enrique Peña Nieto exigían justicia en los casos de feminicidios, y seguridad para las mujeres en el país. Se dijo entonces que la administración peñista dejaba “el peor contexto de violencia contra las mujeres”.

De entonces a la fecha los feminicidios en el país no han disminuido, por el contrario, se han incrementado, principalmente en el Estado de México, Veracruz, Ciudad de México, Nuevo León, Jalisco, Puebla, Oaxaca, Baja California, Chihuahua y Morelos.

Los siguientes números demuestran este crecimiento nada honroso: 411 feminicidios en 2015; 605 en 2016; 742 en 2017; 893 en 2018; 940 en 2019. El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) señala que, hasta noviembre de 2020, el registro de feminicidios de este año fue de 888 casos.

Lo más fácil para la gente es responsabilizar a las autoridades de la creciente violencia feminicida, pero la realidad es que los problemas al respecto continuarán mientras no se reduzca el machismo y la misoginia, fenómenos que tienen relación con el sexismo y que perjudican en varias partes del mundo a miles de mujeres.

Termino repitiendo lo que he dicho anteriormente en otros espacios de opinión: este problema social seguirá creciendo si no desarrollamos “la cultura de la denuncia, la participación de la familia y de la sociedad en general, quien ha descuidado uno de los aspectos más importantes en la lucha contra este tipo de violencia: la educación, la mejor herramienta para prevenir el feminicidio y ponerle fin a los estereotipos de género, los cuales establecen un sistema desigual de relaciones entre ambos sexos que terminan fomentando la violencia de género y la desigualdad entre hombres y mujeres”.

¡Feliz año 2021 a todos mis amables lectores!

Twitter: @armayacastro

El 2020 no fue un año bueno para las mujeres. Lo digo no sólo por la pandemia del Covid-19, contra la que se implementaron en el año que pasó innumerables esfuerzos para frenar su propagación, entre ellos la elaboración de diversas vacunas que, confiamos, le permitirán a la humanidad retornar a la anhelada normalidad.

Fue un año adverso para ellas por el número de feminicidios que se cometieron en ese periodo de 365 días, un hecho lamentable que Dubravka Simonovic, Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, sus causas y consecuencias, ha calificado como la “pandemia ignorada”. Aquí sus palabras en vísperas del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el pasado 25 de noviembre:

“Mientras el mundo lucha contra el impacto devastador de la pandemia de COVID-19 y su efecto negativo en las mujeres, una pandemia de feminicidios y violencia de género acaba con la vida de mujeres y niñas en todas partes”.

La experta originaria de Croacia hizo un llamado a todos los Estados y a las partes interesadas “a que adopten medidas urgentes para prevenir la pandemia del feminicidio o los asesinatos de mujeres relacionados con su género, así como la violencia de género contra la mujer”.

Lamentablemente, el llamado de la relatora no ha sido atendido como debiera, por ello se ha dado un aumento significativo en la violencia contra las mujeres. Ante esto, la ONU Mujeres México pidió en su cuenta de Twitter “garantizar los derechos de las mujeres y de las niñas en toda circunstancia y, con especial énfasis, ante la situación actual de la #Covid19 que las pone en mayor riesgo de violencia”.

En el contexto del Covid-19 el incremento de los feminicidios se ha dado en México y varios países del mundo, entre ellos Italia “durante las fases más graves de la pandemia, sobre todo en la semana del confinamiento”, un dato que en su momento preocupó mucho a Giuseppe Conte, primer ministro italiano.

En varios países latinoamericanos los homicidios violentos de mujeres crecieron exponencialmente, tanto así que, a finales de 2019, América Latina tenía las tasas de feminicidio más altas en el mundo. Esta situación obligó a muchas naciones de la región a tipificar este tipo de violencia en su sistema penal como “feminicidio”.

En el caso específico de México, un editorial de El Universal, publicado el pasado 31 de diciembre, indica que en el año 2020 “se rompió el récord de feminicidios y casos de violencia contra ellas”. Añade el texto periodístico que el prolongado confinamiento reveló para muchas mujeres “nuevas formas de agresión por parte de los hombres con los que conviven, desde la psicológica hasta la violencia física”.

El problema que nos ocupa no es privativo de la presente administración federal. Esto último nos queda claro al recordar las marchas feministas que en la administración de Enrique Peña Nieto exigían justicia en los casos de feminicidios, y seguridad para las mujeres en el país. Se dijo entonces que la administración peñista dejaba “el peor contexto de violencia contra las mujeres”.

De entonces a la fecha los feminicidios en el país no han disminuido, por el contrario, se han incrementado, principalmente en el Estado de México, Veracruz, Ciudad de México, Nuevo León, Jalisco, Puebla, Oaxaca, Baja California, Chihuahua y Morelos.

Los siguientes números demuestran este crecimiento nada honroso: 411 feminicidios en 2015; 605 en 2016; 742 en 2017; 893 en 2018; 940 en 2019. El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) señala que, hasta noviembre de 2020, el registro de feminicidios de este año fue de 888 casos.

Lo más fácil para la gente es responsabilizar a las autoridades de la creciente violencia feminicida, pero la realidad es que los problemas al respecto continuarán mientras no se reduzca el machismo y la misoginia, fenómenos que tienen relación con el sexismo y que perjudican en varias partes del mundo a miles de mujeres.

Termino repitiendo lo que he dicho anteriormente en otros espacios de opinión: este problema social seguirá creciendo si no desarrollamos “la cultura de la denuncia, la participación de la familia y de la sociedad en general, quien ha descuidado uno de los aspectos más importantes en la lucha contra este tipo de violencia: la educación, la mejor herramienta para prevenir el feminicidio y ponerle fin a los estereotipos de género, los cuales establecen un sistema desigual de relaciones entre ambos sexos que terminan fomentando la violencia de género y la desigualdad entre hombres y mujeres”.

¡Feliz año 2021 a todos mis amables lectores!

Twitter: @armayacastro

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